Por Víctor Manuel Del Real Muñoz
Muchas voces que asisten a endulzar y a generar propaganda de los encantos retóricos de las socialdemocracias del mundo, y particularmente de las supuestas bondades de China y de Rusia, hablan de una decadencia del imperio estadounidense, lo cual, en parte es cierto pero en parte no.
Es cierto que la economía norteamericana paulatinamente en los últimos años, y desde la crisis económica del 2008, ha sido sustituida por los alcances en volumen y en capacidad de dominación de mercado por parte de la economía China y por parte de la economía de la India, y que el soporte y el brazo militar que tiene Rusia hacen que Estados Unidos no ostente la condición única de país dominante en cuanto a lo militar.
Sin embargo, cuando se habla de la trascendencia de los Estados Unidos también se tienen que mencionar todos los aspectos culturales, simbólicos, antropológicos que, si bien se consagraron a partir de la expansión comercial y económica producto de los criterios de explotación de clase y de los ritmos y las lógicas industriales, que por tradición hicieron los cimientos de la estructura económica norteamericana como el aspecto más importante de los Estados Unidos hacia el mundo, y que hoy que se ha replegado económicamente frente a China y militarmente frente a Rusia, le siguen delegando hegemónicamente su capacidad de trascendencia en el mundo.
Todos los parámetros comerciales, económicos, culturales y de desarrollo que en otras partes del mundo se llevan a cabo siempre se comparan con los Estados Unidos y tienen en Estados Unidos el eco de referencia.
Estados Unidos consagró en su desarrollo la gestación de un nuevo Imperio que heredó históricamente, desde el desarrollo del antiguo periodo Romano, la capacidad hegemónica que tiene como principal eje el mercado, pero que desemboca en todos los aspectos sociales, políticos, culturales, simbólicos y antropológicos que, derivado del poder de mercado, siguen teniendo peculiaridad.
La capacidad de trascendencia que los valores culturales estadounidenses siguen impregnando en otras partes del mundo y que generan eco de influencia, incluso en China, pero también en Europa y en las regiones pobres del planeta, hablan de un poder concreto que tienen los Estados Unidos y que además son generadores permanentes de Mercado.
Los mercados estadounidenses siguen siendo importantes porque siguen teniendo la confianza y la aceptación que a través del marketing y la moda, pero también de la propaganda estadounidense, históricamente fueron dominando mercados en otras partes del mundo y penetrando culturalmente en las sociedades.
Estados Unidos sigue consagrando un proyecto cultural que depende de los criterios de explotación de clase y que sigue haciendo alarde de las bondades y placeres de un sistema de vida vinculado al avance material y al progreso.
El estilo de vida estadounidense de altos valores materiales y de una dinámica de consumo permanente permeó culturalmente en muchas sociedades internacionales como un rasgo más de los valores capitalistas en los que el planeta entero se mantiene circunscrito, y en donde Estados Unidos influyó en el manual de valores para consagrar este estilo de vida.
Estados Unidos sigue siendo el ejemplo perfecto de un país con una sociedad abocada al estilo de consumo como principal revulsivo en cuanto al sentido de la vida, y esto lo vuelve trascendental y prioritario dentro del concierto internacional.
La trascendencia internacional de los Estados Unidos en el plano geopolítico está asegurada porque su participación activa y el impacto que tiene su sociedad en los niveles de consumo internacional seguirá siendo absolutamente influyente en los rumbos de la economía internacional.