Por Roque Juan Carrasco Aquino
“¿para qué se necesita un Foro Económico Mundial donde los poderosos de la política, la economía y los medios pueden intercambiar información de modo informal en rondas de small talk y big talk (charla informal y charla importante) sobre ´el mejor de todos los mundos posibles´ en aras de sus propios negocios, si el quehacer capitalista ya no tiene cabida en el planeta? En eso, los representantes del sistema capitalista han perdido el optimismo que los ha inspirado desde el inicio de ese sistema” (Elmar Altvater; 2012: 10-11).
Cada año celebramos, el 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente. Día que se convierte en un festejo, un recordatorio de los estragos de la contradicción capitalista en su fase de crisis socioambiental. También es fecha de un intento por la ideología dominante inculparnos que, la sociedad en general, asuma su “responsabilidad” del deterioro y destrucción de la naturaleza.
También es el aniversario luctuoso de la decadencia global de las especies y de la humanidad. Es decir “…el deterioro y la contaminación son consecuencia de nuestra civilización” (Sepúlveda; 1999: 6).
Al menos es la expresión que pulula en el mundo sobre la idea en cuanto a los efectos perversos del actual modelo de industrialización; de las contradicciones de un desarrollo tecnológico basado de un sistema energívoro de recursos, de un consumo irracional provocado por un espejo de producción, consumo, distribución y circulación de bienes y servicios producidos socialmente.
Sí, pero, no por encima de las necesidades sociales de las grandes mayorías. Aquí se prioriza y antepone la rentabilidad del mercado especulativo. Toda mercancía determina su valor en quebranto del equilibrio del planeta.
En estos tiempos, la insistencia de académicos, autoridades gubernamentales, “intelectuales” al servicio del status quo, es decir, del patrón de producción y consumo, imponen e intentan socializar las devastaciones, el saqueo recurrente sobre los pueblos (Hernández; 2009: 515) y comunidades. Sin empacho alguno aplicar políticas indicativas solamente.
La normatividad burguesa apapacha al capital. La obligatoriedad se convierte en multas hasta las simples cuotas tibias. La determinación sería hacia los verdaderos depredadores de la humanidad (Agoglia, Et al; s/f: 2-4), en este caso al planeta tierra en sus formas lacerantes de la civilización. Sin embargo, en la actualidad se ha convertido en el fin último la succión sangrienta de la naturaleza y de los seres vivos. Esto implica entonces, la sobreexplotación de materias primas rentables.
Llamar a detener la barbarie socioambiental, por ejemplo, sin tocar a la producción y desechos de plásticos (a propósito, a detener, del llamado: Día de Medio Ambiente), en todo el orbe con más de 400 millones de toneladas de plásticos (ONU; 2023) generados por la industria depredadora de la modernidad, a cambio de incrementar la acumulación extraordinaria y ampliada del capital.
Por supuesto, en detrimento de la sociedad en general. Pese a ello, los culpables, tanto moral como jurídicamente, nos revierten a que paguemos sus consecuencias. Sin dañar en lo mínimo el patrón de producción y consumo a costa de la destrucción total de la humanidad. No de la naturaleza per se, en cuanto a recursos; por el contrario, es contra todos los seres vivos.
No obstante, para los generadores verdaderos de la hecatombe ambiental, no se puede ocultar tal catástrofe ni es la sociedad por sí misma, sino que es el modelo de generación de mercancías, residuos, consumo ingente de materia, energía e información. Aunado a las políticas diseñadas en leyes laxas para no exigir a los contaminadores transformen sus artículos en biodegradables o investiguen sus dinámicas para disminuir realmente impactos en la producción y consumo banales.
“La humanidad produce más de 430 millones de toneladas de plástico al año” (ONU). Hagamos de esta declaración más que una indicación pasiva oficial de la tibieza cómplice de las contradicciones retóricas de la rentabilidad.
Sin embargo, el problema no es la cantidad que se genera año con año. El problema está en cómo erradicar y no disminuir meramente plásticos, residuos peligrosos, desechos orgánicos e inorgánicos, en suma, residuos no biodegradables, entre otros. Contra todos los efectos devastadores de la naturaleza.
Esa es la cuestión del presente. Por ejemplo, en este escenario de crisis ambiental, podríamos plantear a manera de propuesta, a saber: a) transformar de raíz el modelo de producción y consumo industrial demoledor; para reducir lo producido en procesos vulgares de: comprar, usar, tirar y contaminar: “nadie te multará”; b) exigir socialmente a las industrias que inviertan en la generación de embalajes en general de productos reciclables y de reúso flexible; c) transformar verdaderamente el sistema de acumulación del capital ocasionando pillaje, despojo, criminalización a las comunidades y someterlas a la especulación de sus recursos y; d) sensibilizar a las Universidades, Centros de Investigación e instancias del Gobierno, sociedad civil y empresas conscientes de su papel en la detención de la depredación a no producir ni generar más desechos. Al tiempo, aplicar impuestos por cada impacto negativo comunitario y; finalmente, a resarcir el daño socialmente.
Al parecer esto está muy lejos de convertirse en responsabilidades para los productores no solamente de plásticos, sino de todos los contaminantes de envolturas o contenedores de productos; en ocasiones son necesarias, pero sí para el consumo irracional.
Existen medidas de estos planteamientos y están en escalas internacionales. Cual defensa de la lógica del mercado rentista de consumir, usar en la incertidumbre negando sin resolver necesidades de reproducción y después tirar sin comprender qué es consumir en la situación de perversidad simplista del consumismo.
Ante esa destrucción irracional del actual patrón de producción y consumo, académicos y autoridades nacionales e internacionales le apuestan a “nuevos paradigmas” de producción, entre ellos la llamada “economía circular”. Fórmula meramente cosmética para salir al paso y continuar a responsabilizar a los consumidores y condenarlos de la contaminación.
El consumir no es solamente un derecho social de la humanidad, sino: quiénes producen, transforman objetos necesarios o no para la supervivencia. Por el contrario, los devastadores industriales capitalistas son los directamente responsables de la imposición autoritaria de productos innecesarios en muchas de las veces.
Referencias
– Agoglia, Ofelia; Tarabelli, María Florencia; Romero, Vanina y; Moreno, Ezequiel (s/f): La Corriente Ambiental Crítica como respuesta alternativa a la crisis ambiental. En línea. Página web: https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/10431/lacorrienteambientalcritica.pdf
– Altvater, Elmar (2012): Redescubrir a Marx. Una Introducción a la Crítica de la economía política. Ed. Rosa Luxemburg Stiftung. En línea. Página web: http://www.elmaraltvater.net/books/Altvater_Book4.pdf
– Hernández, Zubizarreta Juan (2009): De la responsabilidad social corporativa a las redes contrahegemónicas transnacionales. Observatorio de las Multinacionales en América Latina Asociación Paz con Dignidad. En línea. Página web: https://publicaciones.hegoa.ehu.eus/uploads/pdfs/79/Empresas_transnacionales_frente_a_los_derechos_humanos.pdf?1488539221
– Sepúlveda, Ruiz Lucía (1999) LA CONTAMINACIÓN AMBIENTAL. Antecedentes, actividades y noticias. Publicado por el Ministerio de Educación, Santiago. En línea. Página web: https://sinia.minam.gob.pe/sites/default/files/siar-puno/archivos/public/docs/libro_la_contaminacion_ambiental.pdf
– ONU Programa para el Medio Ambiente (2023): Todo lo que necesitas saber sobre la contaminación por plásticos. En línea. Página web: : https://www.unep.org/es/noticias-y-reportajes/reportajes/todo-lo-que-necesitas-saber-sobre-la-contaminacion-por-plasticos