Por Roque Juan Carrasco Aquino
“La democracia obtenida en las luchas revolucionarias, no ceden ni aceptan chantajes de ninguna corriente al interior o exterior del partido; el consenso revolucionario es una premisa para transformar desde las raíces el sistema capitalista depredador y explotador a la fuerza de trabajo. Ante ello, defender la patria es comprometerse a no traicionar al pueblo con las promesas del capital en su acumulación”.
Después de las luchas campales entre la Cuarta Transformación y la derecha fascista, compuesta de conservadores y racistas, el pueblo dijo ya basta de pillaje y exclusión de las masas populares en la toma de decisiones. Refrendó su voto para aplicar rotundamente el Plan “C” de Andrés Manuel López Obrador, pese a los adoloridos del desprendimiento de privilegios y componendas de la corrupción.
Es hora de unirnos. Es el momento de echar a andar la democracia consecuente a partir de las consignas de antaño para consolidar la voz del pueblo mancillado, minimizado, vilipendiado, explotado y calumniado.
Por ello, la democracia real y comprometida no debe permitirse el vasallaje adquirido de los viejos esquemas de votaciones, caracterizados en sus percepciones formales para obtener mayoría relativa o absoluta, sino porque el pueblo ejerció su voz y decisión con valor para enfrentar las provocaciones.
No obstante, el presente se transforma, a pesar de que los conservadores derechistas carcomen los tiempos en negar y descalificar los avances de la democracia, la sana economía y la decisión unánime de continuar con los legados de la Cuarta Transformación (4T).
Lo que ayer consideramos una utopía, un tanto difícil de alcanzar, en este año lo logramos. Sobre todo, para los que, verdaderamente, fuimos forjados desde la izquierda revolucionaria, así como depositando los valores de la consecuencia revolucionaria.
Ahora no es día de colgar las decisiones en manos de la clase política. Hoy triunfamos. No debemos confiar en la clase política que, por cuestiones de amiguismos y bajo el pretexto de hacer o cerrar filas contra la corrupción, se permitan mayores desencantos, bajo el argumento simplificador de la ideología corporativista en las filas de los vencedores; al tiempo, subirse camuflado en el vagón de la revolución electoral.
No son tiempos de componendas y menos de traiciones. Recordemos los casos de Germán Martínez, el recalcitrante defensor de la ultraderecha, oportunista que intentó colarse para corromper el proyecto democrático. Asimismo, lo podemos ver con Lily Tellez, vestida de morenista en tránsfuga hacia las traiciones. Amparada de supuestos izquierdistas al retornar en manos de la derecha. Esto no se olvida.
Esas son las lecciones que no habrán de repetirse. De lo contrario, el desencanto mayoritario del pueblo habrá de cobrar en los tres años subsiguientes, o a los seis, para retornar a modificar el gabinete presidencial. Por ello, no es fácil abandonar a la 4T ni caer en las provocaciones de la derecha.
Ante esta perspectiva, de no ser consecuentes desde este instante, la lógica de consenso puede revertirse. Comprendemos que el capital, las transnacionales, los traidores internos, el imperialismo estadounidense y la derecha internacional están a la espera de un pequeño error para provocar violentas acciones antidemocráticas, antimexicanas y con financiamiento a sicarios y paramilitares para obstruir, además de bloquear, enfrentar y atizar el fuego de una guerra “ciudadana”. Añorando están esas huestes traidoras.
Asoman atisbos de la desesperación: la rabia, el odio, el racismo, la exclusión, que expresan tanto la derecha como los “intelectuales” inorgánicos del sistema neoliberal; por supuesto, los académicos oportunistas simuladores de la ciencia intentarán incorporarse para desestabilizar la administración de la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Está por verse.
Si de guerra sucia directa en medios de comunicación no les resultó, entonces esperemos que las otras instigaciones más violentas vendrán en tan corto tiempo. En este sentido, el pueblo organizado, armado críticamente puede despertar. En paralelo con las masas conscientes de su papel revolucionario, responderán.
Ejemplo de ello lo vivimos el 2 de junio del presente año. Fue una demostración como en el 2018. Se comprendió que, gracias a las políticas de consenso de AMLO, la guerra de revoluciones consecuentes hubiese desbordado.
En este contexto, los más perjudicados no sería un tanto el pueblo, ya de por sí fuera del escenario legal de las elecciones. Hoy, por el contrario, sería la burguesía, las transnacionales, los saqueadores y, en suma, el capital en su afán de acumulación vuelve a unirse a la derecha para recuperar los privilegios perdidos y continuar con el despojo de nuestros recursos.
En la mañanera del 18 de junio de este año, AMLO detalló las concesiones de medicinas, farmacias, infraestructuras de salud y más hipoteca del servicio de salud. Ahora, escuchar ese desfalco y depredación que convirtieron en mercado la salud del pueblo, no sólo merece el rechazo por sí mismo, sino que obtienen una determinación drástica contra las expoliaciones a la nación. Implicaría no volver a la corrupción. Sin embargo, la paciencia popular cede hasta que toma decisiones aguerridas y con las armas en mano, debe resolver la corruptela de los apátridas.
De modo que la democracia de la 4T está en el aire. No cedamos a que los corruptos “chapulines” del PriAn tomen el poder para volver a la piratería y a la corrupción.
La 4T, con la Doctora Claudia Sheinbaum, puede ser un timón verdadero hacia la continuidad democrática con la propuesta “primero los pobres”. En respuesta de más de 80 millones de pobres, los desplantes son solamente un recordatorio al capital de que la unidad del proletariado es real cuando no se borra de la memoria “ni perdón ni olvido”. La transformación apenas toma cuerpo con la Presidenta electa.