Al pueblo de México: valor y decisión

Por Roque Juan Carrasco Aquino

Un pueblo vilipendiado y excluido responde en dos direcciones revolucionarias: una, por la vía armada para reivindicar su dignidad avasallada y, otra, por el consenso “democrático” burgués al aceptar la lógica de la explotación prerrevolucionaria. En la primera se libera sustancialmente y, en la segunda, es transición de emancipación real hacia otra sociedad incluyente. De negar esta opción, el pueblo recurrirá a la primera.

Gracias pueblo heroico, luchador y consciente. Estamos agradecidos por la decisión tomada sobre el futuro lleno de augurios y esperanzas compartidas. Fue el momento de tomar la decisión de votar por otra alternativa de país, con posibilidades de reconstruir sobre el avance previo de consciencia. 

Los sacrificios identificaron el porvenir; es el despertar del pueblo y sus luchas cotidianas en manos del Presidente de los mexicanos, Andrés Manuel López Obrador. Es la referencia y la dirección guiada para alcanzar a reconstruir la segunda fase del anhelo democrático. Decisiones victoriosas del legado democrático del 2018.

Antes de las elecciones, el pueblo fue vilipendiado, insultado, despreciado, humillado con palabras racistas: nacos, indio pata rajada, flojos, morenos, sucios, borrachos, sin cultura, sin educación ni ideología, entre tantos adjetivos de la xenofobia y del desprecio de nuestro color y de la idiosincrasia de la mexicanidad. 

Pueblo violentado por la supuesta sabiduría de la raza blanca, empolvada y sucia, exponiendo su cultura irracional con dotes de sabiondos altaneros de científicos, igualando a los porfiristas explotadores y pillos del patrimonio mexicano (he ahí la explicación del por qué confabulan con los extranjeros al hipotecar las reservas del país). 

Ayer fueron los dueños de la verdad y mentiras a hechuras de la prensa vendida; de la ideología dominante despreciando logros de la Cuarta Transformación (4T) y asesinando sueños, ilusiones, ideas, la socialización comunitaria y destructores de políticas sociales.

Es un hecho contundente la participación de todas (os) las (os) mexicanas que, en masa refrendaron el futuro cercano de la sociedad y consolidaron la 4T. Ese pueblo, consciente de su papel histórico entre batallas y luchas en sus trincheras habituales, enfrentó las calumnias, mentiras, el odio e insultos de la derecha fascista. Esa humillación identificada de agresividad propia de conservadores extranjeros. 

Intentaron desautorizar su preferencia a lado del mismo pueblo. Sin embargo, pese a las amenazas y el miedo diseminado por la irracionalidad del disfraz: “viene el comunismo”, “te quitarán tu propiedad”, “a tu esposa”, “a tus hijos”, “tu casa”, “tus carros”, “tu comida”, entre otras aberraciones propias de los descerebrados; eran los fantasmas que recorren aún en las ciudades, pueblos y comunidades de México.

Sin embargo, el pueblo heroico resistió, a pesar de infundios y promesas neoliberales. Ecos del pasado prianista acostumbrados a desacreditar y minimizar al ser social popular forjador de la economía de México. Asimismo, solidario en los momentos más difíciles frente a desastres naturales y sociales; estos, provocados por la clase oligárquica y empresarial (el Fobaproa, la venta de Pemex y desmantelamiento de la CFE). Habituales para engatusar a la sociedad mexicana. 

Es la segunda ocasión que el pueblo, en gallardía, recobra su papel de sujeto histórico, ser social a construir el país; derribaron la torre de babel de intelectuales burgueses antinacionales y académicos-mercancías al mejor postor; sumisos bajo la tutela de cientificistas al servicio de empresarios corruptos y trasnacionales saqueadoras.

Desconocer la herencia revolucionaria de sus héroes: Hidalgo, Morelos, Zapata, Villa, Cárdenas, Jaramillo, Genaro Vázquez; Lucio Cabañas, entre otros olvidados, es negar la historia, y eso fue lo que sucedió el 2 de junio: borrar de la memoria de nuestra historia y el significado de patria, pueblo, nación y país libre y soberano. 

Los conservadores y derechas niegan y rechazan la historia; es truncada por la ideología neoliberal. Se reivindicó directamente a los patriotas y el pueblo le respondió a sus verdugos de manera contundente, pacífica y con gloria recibió sus votos de consenso y de conciencia. 

El pueblo libre votó y rescató su decoro contra los explotadores. Sí, votó por la opción que consideró lo prometido y con respuestas cumplidas: elevó su salario mínimo; becas a estudiantes pobres; apoyos a madres solteras, ayuda a la tercera edad, etc. 

Es el pueblo satisfecho; sujeto activo y transformador de su país. Dejó ver que las promesas se cumplen y se defienden. Supo diferenciar entre los traidores, el pillaje, el racismo, el odio, las mentiras y demagogia del pasado para decidir que la mayoría del pueblo no se equivoca cuando toma su papel protagónico. Es el ser social dinámico para limpiar de su camino la basura anquilosada sexenal de corrupción y saqueos.

Ahora, la realidad es otra; se canta, se baila, se ríe en conjunto, es la esperanza desenterrada. Si de aquellas elecciones amañadas fraudulentas: 2000, 2006, 2012 que, después de esas elecciones a modo de la burguesía rapaz despojadora; a defender los bienes y servicios producidos socialmente. 

Hoy entramos a la realidad de los hechos en la continuidad. El presente se redimió; el valor humano se dignifica; se desmitifican las mentiras, la amenazas, la subsunción del sujeto y reconquista la dignidad baluarte del proletariado productor de las ganancias de los dueños del poder y medios de producción. Claro, pensando en que sin la fuerza de trabajo los patrones, como siempre, despreciaron al pueblo; nunca más acumularían del trabajo valorizado de la explotación social.

El reto ahora es defender lo ganado en seis años y reforzar las nuevas políticas de y para el pueblo todo; para la burguesía rapaz y despojadora, nada. A reconstruir la izquierda revolucionaria.

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