A 5 meses del terremoto del 7/S, Juchitán narra su pesadilla

Por Arturo García Sandino

Foto: Edgar López (Archivo)

Casas sin techo, paredes derrumbadas, calles llenas de tabiques y tierra. Las personas se fueron, lo perdieron todo. El ambiente es silencioso. A cinco meses de la tragedia, Juchitán de Zaragoza parece un pueblo fantasma.

Este municipio, ubicado en Oaxaca, fue la localidad más afectada después del sismo de 8.2 grados, el 7 de septiembre pasado. Después de esa noche, nada fue igual para sus habitantes.

“Muchos prefirieron irse, porque saben que será difícil reconstruir su casa si se quedan en ese pueblo”, expresó Bruno García, piloto aviador que transportó víveres.

“Ellos me decían que cuando empezó a temblar se escuchó como un ruido debajo de sus casas, como si algo se estuviera rompiendo, lo sintieron muy fuerte, después ya sólo escuchaban caer las casas y gritos de personas que pedían ayuda”, agregó Bruno.

***

Juchitán es la zona más grande del Istmo de Tehuantepec, por eso las cifras de daños son altas. Se compara que con la cantidad de escombros recolectados en Oaxaca, se podría llenar cuatro veces el Estadio Azteca.

Protección Civil informó que tras el sismo resultaron destruidas 8 mil 246 viviendas, realizaron una inspección y consideraron que  una de cada tres casas es inhabitable.

Minutos después del temblor, en redes sociales circulo un video del Palacio Municipal de Juchitán totalmente destruido. Una persona izó la bandera de México, y la colocó entre los escombros, como símbolo de que el país está de pie.

De igual forma, por redes sociales se solicitaba la ayuda de víveres para los damnificados. Gobiernos de otros Estados empezaron a solidarizarse y mandaron ayuda, como fue el caso de Nuevo León.

Jaime Rodriguez, “El Bronco”, gobernador de Nuevo León, por medio del DIF estatal, recolectó 77 toneladas de insumos para mandar a Oaxaca y Chiapas.

“Nosotros trabajamos para ‘El Bronco’”, dijo Bruno García. “Él puso a disposición dos helicópteros para mandar la ayuda  a los estados”, complementó.

Las máquinas, que se equiparon para volar cuatro horas hasta llegar a Juchitán, fueron un Bell 206 y un Bell 212. Ambos pertenecen a la empresa Avihel, que se encarga del mantenimiento de aviones y helicópteros que utiliza el gobierno de Nuevo León.

“El gobernador habló conmigo directamente, me comentó la situación y  que le urgía ayudar. Me preguntó que cuáles vehículos estaban disponibles, y pidió que juntara a mi equipo de trabajo porque saldrían a la zona de desastre”, narró Carlos “Charlie” Gutiérrez, dueño de Avihel.

“Incluso me dijo que serían largas jornadas laborales, entonces que pensará en relevos cada semana”, concluyó “Charlie”.

“En realidad son helicópteros los que mandaron. Tienen poca capacidad, cabían unas 40 o 50 despensas”, comentó Manuel Garza, compañero de Bruno.

***

Para conducir estos helicópteros en México es necesario contar con un curso y licencia vigente. Tanto Manuel como Bruno son pilotos con más de 30 años de experiencia y han trabajado fuera de México, es decir, cuentan con la licencia americana, que es la de mayor valor dentro del gremio.

Las despensas que transportarían estaban en bolsas. Se notaba qué productos y de qué marcas eran los alimentos. Incluso, dentro del helicóptero se subieron cobijas, algunas de alta y baja calidad, que habían recolectado la empresa regiomontana. Todo México se solidarizó, pero no contaban con la astucia de los marinos y militares, quienes eran el filtro para repartir la ayuda.

“Llegamos a Juchitán, aterrizamos en un terreno que se utiliza para jugar futbol llanero. Ahí también llegaban máquinas militares. Era nuestro helipuerto”, mencionó Manuel Garza.

“Una vez que estábamos en tierra se acercaban los militares a checar lo que había en el helicóptero. En esa revisión empezaron a bajar cobijas y unas bolsas de despensa. Bajaron lo mejorcito, pero no para la gente, sino para repartir entre ellos y algo a nosotros, yo lo acepté. Más tarde, en mi descansó salí a caminar un rato en el pueblo. Llevé mis cosas y se lo entregué a un matrimonio de viejitos que estaban sentados afuera de su casa colapsada.

“Doña Margarita y Nicolás estaban esperando a que alguien se acercará, porque tenían miedo a que les robaran lo poco que les quedaba. Yo le di mi cobija, mi bolsa de despensa y una almohada de catarinita que yo utilizaba para dormir. Ellos empezaron a llorar y a darme las gracias”, narró Bruno García.

“Pero cuando llegué de nuevo al campamento, se acercó un militar que vio como regalé mis cosas y me regañó: “¡Eres un estúpido de veras! ¡Cómo se te ocurre dar tus cosas! ¡Esa era para ti!””.

“A lo que respondí: Pues ya eran mis cosas y yo decido qué hacer. Ustedes están para ayudar a la raza y no lo hacen”, concluyó su narración.

***

Así como llegaba ayuda gubernamental, llegaba ayuda de la sociedad, ya que los centros de acopio de la Ciudad de México empezaron a mandar camiones repletos de víveres y ropa, porque la situación que se vivía en Juchitán era delicada.

“Yo recuerdo ver que el hospital del pueblo tenía a todos sus pacientes en la calle, eso me impactó por completó. Personas que rescataron de los escombros no podían recibir una atención médica completa porque no se contaba con el espacio y material adecuado”, recordó Manuel.

La coordinadora del sistema de Naciones Unidas indica que después de un desastre natural, la población tarda aproximadamente cinco años para reconstruir la ciudad dañada al 100 por ciento.

El gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, y Rosario Robles, titular de la Secretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano, garantizaron que para el mes de diciembre se tiene contemplado la reconstrucción de tres mil casas.

Ante este acontecimiento, los pobladores ya han expresado molestia por la lentitud de acciones de las autoridades, argumentan que después del temblor tuvieron que pasar varios días esperando a que revisaran su hogar y ahora tardaran más de lo debido en la reconstrucción de su patrimonio.

Por su parte el presidente, Enrique Peña Nieto, el 31 de octubre, acudió a Juchitán para repartir tarjetas de apoyo a los ciudadanos con un valor de hasta 30 mil pesos para que los juchitecos tengan la posibilidad de levantar una nueva construcción.

Este evento sucedió el en estadio de béisbol San Vicente en Juchitán, exactamente un mes y 24 días después del sismo. Durante ese lapso los damnificados se instalaron en diferentes albergues, que supuestamente ahí podrían quedarse hasta que consiguieran dónde quedarse.

Sin embargo, los militares corrieron a las personas argumentando que ya no había comida, que sólo les iban a repartir agua, entonces las personas se marcharon.

***

Ese día, tanto Bruno y Manuel, todavía se encontraban en Juchitán. Ellos revelan que las personas salieron molestas e indignadas de los albergues.

“Muchas mujeres iba llorando con sus hijos, porque no sabían a donde ir”, dijo Manuel.

“Esto fue como una semana antes de que fuera Peña Nieto. Muchas personas sí se fueron con sus familiares a otros pueblitos. Entonces, cuando llegó el presidente los militares volvieron a instalar unas casas de campaña y pedían gente que se metiera ahí para que no se viera vacío, pero los pocos pobladores que quedaban no querían regresar porque sabían que los iban a correr de nuevo”, explicó Bruno García.

Durante este plan de apoyo que implementó Peña Nieto, existen notas donde se observa que camina entre las calles y llega en helicóptero. Antes de irse hace un recorrido aéreo.

“La realidad es que Peña llegó al aeropuerto de Oaxaca, ahí tomó el helicóptero que lo llevó a Juchitán. Sí caminó, pero por donde no se veía tan destruido y sobrevoló como dos vueltas nada más. Pura mentira con lo que se ve en la tele”, reveló Manuel Garza.

***

Estos dos pilotos aviadores también observaron las labores de rescate de los binomios de la Secretaría de Marina, donde Israel Arauz y Frida destacaron en todos los medios.

Israel Arauz cuenta que él se encontraba de guardia y recibió una llamada de su  jefe, que le decía que tenía que trasladarse a Oaxaca porque se había registrado un sismo superior a ocho grados.

“Nos llevaron de aquí al aeropuerto de la Ciudad. Los perros van en cajas especiales. Fuimos en un avión de la Marina y en Oaxaca nos llevaron en helicóptero”, expuso el manejador de Frida.

Tanto Bruno como Manuel concuerdan que los integrantes de la Marina son personas especiales. Cuando empiezan a trabajar no quieren que alguna persona esté cerca de ellos. Hacen perímetros y se creen intocables.

“En tele parecen ser carismáticos y amables, pero en persona cambian”, dijo Manuel.

“Cuando aterrizaron en el campo llanero, nos hicieron salir a todos los que estábamos ahí, como si les fuéramos a disparar o algo así”, sentenció Bruno.

***

Fueron tres semanas de arduo trabajo para estos dos pilotos en Oaxaca, en donde se decía que llegaba mucha ayuda, pero no especificaba en manos de quién se quedaba.

Resulta decepcionante saber que en situaciones difíciles, donde los que menos tienen, siguen siendo los más afectados.

“¿Y ahora cómo vamos mi viejo y yo a levantar la casa? Ya no estamos en edad?”, contó doña Margarita entre lágrimas a Bruno García.

Related posts