40 años de lucha y orgullo, bajo el arcoíris.

Miles afectan de color las calles del centro de la ciudad.

Fotos y texto de Aida Maltrana.

El 23 de junio pasado la comunidad LGBTQ+ o como se nombra a sí misma Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti, Intersexual(LGBTTTI)se organizó nuevamente en la ciudad de México para salir a las calles a manifestar el orgullo de asumirse y defender su derecho de Ser en el ámbito público, sin distinción de preferencia sexual o de identidad, nacionalidad, clase social, posición económica o de edad;  muy cerca, por cierto, a la fecha de las elecciones del 1º. de julio de este año 2018.

La Marcha del Orgullo LGBTTTI, como cada año, es una fiesta de libertades, aunque todavía con tintes subversivos, y que se expresa a través de los colores del arcoíris, símbolo de vida que trascendió fronteras desde que el estadounidense Gilbert Baker la diseñara en 1978, a solicitud de un activista en la ciudad de San Francisco. 

Como en toda manifestación ciudadana, en esta expresión que se pudiera definir en la actualidad como masiva, y ya no solamente de “minorías”, queda explícita la postura de que “lo personal es político”. Parodiar lo excesivamente masculino” o lo tiernamente femenino” es una estrategia de crítica a un sistema patriarcal y heteronormativocon abiertos desafiantes momentos de performanceacompañados de una diversidad de representaciones del Drag o del Trans, que ponen a la vista de la sociedad homófoba y de doble-moral que mira desde lejos con recelo la relevancia de “salir del clóset”, y de reconocimiento a la propia decisión de cómo Ser.  

Las consignas de la comunidad, si bien en una atmósfera festiva no dejaron de expresarse en contrade la violencia, las desapariciones forzadas y de la discriminación en sus distintas formas, latentes tanto en la Ciudad de México como en todo el país. No obstante que esta ciudad se colocó a la vanguardia entema de los derechos humanos en 2003, cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación; en 2006, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la Ley de Sociedad de Convivencia; y en 2009 cuando la Ley de Salud del entonces Distrito Federal, se aprobaron los tratamientos para cambio de sexo.

Ahora bien, en esta ciudad que “protege” los derechos de la comunidad LGBTTTI, “salir del clóset” no sólo ha derivado en un activismo político que tiene historia, también ha redituado a los grandes corporativos visibles durante las recientes Marchas del Orgullo Gaycon sus carros alegóricos acompañados de bellos modelos y edecanes; con sus estrategias de BTL y POP para “atender” a un numeroso sector con poder adquisitivo de la comunidad.

Corporativos que hace unas décadas cerraban sus puertas a las libertades individuales que se expresaban fuera de la heteronormatividad, se han abierto al detectar una oportunidad de mercado

Sin embargo, dejar de “ser invisible” no consiste únicamente en la decisión personal de “salir del clóset”, o der ser “target” de estrategias mercadológicas, tiene que ver con las garantías individuales que ofrezca el estado mexicano para hacerlas valer con el respaldo de la Ley. Fuera de las facilidades “institucionales” para que la marcha se llevara a cabo en Avenida Reforma y el Zócalo capitalino, brillaron por su ausencia propuestas claras,a favor o en contra por parte de los candidatos durante el periodo electoral; así como informes de avances o retrasos de las políticas instrumentadas por organismos de salud, de educación y de derechos humanos y reproductivos, vigentes en el periodo peñanietista.

La comunidad LGBTTTI, después de cuarenta décadas de activismo político, en sus inicios en la década de los setenta, presente en procesos legislativos y espacios contraculturalesen los últimos años, posiblemente más organizados por una inercia, celebra las ganancias en la Ciudad de México, pero demanda los pendientes en el resto del territorio. 

Reconocer que la sexualidad no tiene una sola forma de ser y con derecho a expresarse con libertad, tiene que ver con procesos colectivos, culturales, sociales y económicos, para que la comunidad LGBTTTI deje de ser vulnerable ante temas prioritarios en las políticas públicas: el derecho y respeto a la vida, al trabajo, a la educación, a la seguridad y a la salud, con estricto apego a sus garantías individuales.

Las ganancias ciudadanas se expresaron en una gran fiesta bajo el arcoíris, y que cada año agrega a una gran cantidad de personas que no se ven en otro tipo de movilizaciones, pero en un país donde la incertidumbre y la esperanza se polarizan en esta disyuntiva de pelear por una, o por las muchas identidades que conforman la realidad de un país entero.

 

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