32 años después… Los rostros de la Tragedia (Cuarta y última parte)

Por Alejandra Ayluardo

Foto principal: Érick Fonseca

En punto de las 13:14 horas del 19 de septiembre, un inesperado movimiento telúrico de 7.1 grados en la escala de Richter con epicentro al sureste de Axochiapan, Morelos, en el límite con el estado de Puebla, a 57 kilómetros de la capital, sacudió a la Ciudad de México.

Dejó importantes afectaciones en los estados de Morelos, Puebla, Estado de México y Guerrero; sin dejar de mencionar a los estados de Oaxaca y Chiapas quienes ya sufrían afectaciones por el sismo de 8.2 grados en escala de Richter del pasado 7 de septiembre.

***

18:00 – 20:00 horas

Ruth Velázquez: Al llegar a la casa, nos encontramos con mi mamá y mi cuñado. Les comento que iré por mi hijo. Mi cuñado se ofrece a llevarme y le comentó que sería mejor que fuera por mi hermana.

Él me dijo que ya había hablado con ella y que estaba bien. Cuando llegamos a la universidad, había pocos jóvenes afuera y nos informaron que los demás ya se habían retirado. Todo estaba tranquilo, el polvo del cerro nublaba la zona.

Al regresar a la casa, mi hijo acababa de llegar, comenzamos a contactarnos con más familiares para saber cómo estaban. No había luz, escuchábamos las noticias del radio que tenían a todo volumen en el tianguis. Mis padres estaban más tranquilos, vivieron momentos difíciles en el 85, yo tenía 14 años en ese entonces y la perspectiva que tengo ahora es distinta.

El tianguis se fue y prendimos un radio de pilas para escuchar las noticias.

Marco Antonio Solano: Llegué a Tlalpan y ahí pude abordar el micro que me llevaría hasta mi casa. Al subir, saludé al chofer y le extendí una moneda de 10 pesos, pero hizo caso omiso. Pensé, “el servicio ha de ser gratuito”, y pasé al fondo.

El trayecto por la carretera es accidentado. Después de 6 horas, llegué a casa. Mis hermosos perritos, como siempre, estaban esperándome en la puerta para saludarme. Al entrar, todo estaba a oscuras, pues no había servicio eléctrico, y no había nadie. Mi preocupación fue mayúscula, sentía que el corazón se saldría de mi pecho.

No sabía qué hacer, pues al no haber servicio eléctrico, no podía cargar mi teléfono celular para comunicarme con mi esposa.  Sólo se me ocurrió salir para el trabajo de ella y para saber de ella y de mis hijos.

Volví a abordar el microbús que me llevaría a la Avenida Insurgentes, me llamó gratamente la atención, ver como todos los que iban en ese microbús llevaban picos, palas, piolets y arneses con el objeto de sumarse a las labores de rescate… me emocionó tanto que con lágrimas en los ojos, pensé, “¡Que grande eres México! ¡Tu gente es increíble!”.

Me llamó la atención que el microbusero no traía su clásica música cumbiera, sino que escuchaba las noticias, y bueno, no era para menos, después de haber experimentado un sismo de tal magnitud. Las noticias estaban dando los pormenores de lo sucedido, las construcciones dañadas y las que desgraciadamente, se habían venido abajo.

De repente, algo captó mi atención, mencionaron que el edificio de mi centro de trabajo se había derrumbado, algo que no podía creer, pues yo salí de ahí y ni siquiera lo vi dañado. En ese momento fue que pensé, “¡Ya sé dónde está mi familia! Seguramente escucharon las noticias y se fueron para allá, preocupados por mí.”

Así que al llegar a Tlalpan, tomé el Metrobús, que ahora sí estaba funcionando con cierta regularidad, y me dirigí a mi centro de trabajo, o lo que quedaba de él.

Ramiro Álvarez: Pasamos una noche muy difícil porque pensábamos en qué momento vendría otra réplica y sería devastadora, circulaba en las redes sociales que se aproximaba otro sismo de mayor escala y eso me tenía muy aterrado. Esa noche se sentía la desolación, la tristeza, el dolor, el sufrimiento.

Rocío Montiel: La casa de mi madre estaba muy cerca, así es que decidí caminar a su casa por la falta de transporte público y Taxis. Cuando llegue a la casa, abracé a mi madre y pude hablar con mi esposo y mis hijos más tranquilamente. Inevitablemente recordamos el sismo de hace 32 años y agradecimos estar con bien en casa.

Edna Fabián: Alrededor de las 19:00 horas, logramos salir de ahí. El camino a casa fue largo y muy angustioso. Logré tener servicio en el celular y poco a poco me fueron llegando mensajes, eran como 580, la gente estaba muy asustada y todos estaban buscándonos.

Las noticias en el radio eran desgarradoras. Sabía que algo iba a pasar, no pude dejar de recordar el desastre del 85. Solamente esperaba que no fuera igual a aquello, tan doloroso y tan terrible, pero mientras estábamos, literal, atrapados en el tránsito, lo que se oía en las noticias no era nada alentador.

Esa noche fue horrible, ruido de ambulancias, helicópteros y la sensación de la espera de la réplica, como ocurrió en el 85. Se asomaba la claridad ya de la tragedia, los edificios caídos, la gente atrapada y la perspectiva que lo que viene después, la gente sin casa, sin techo, sin nada durante meses. Mi esposo y yo estábamos asustados de lo que oíamos en las noticias y buscando la manera de ayudar, sin dejar de estar con nuestros hijos.

Epílogo

Ruth Velázquez: Estuvimos tres días sin luz, nosotros no tuvimos falta de agua, pero hubo otras personas que sí. Mi hijo y yo ayudamos a la comunidad sacando escombro, orientando, recolectando despensa y yendo a dejarla a las personas que lo necesitaban. Estos días solo hemos tratado de mantener las cosas tranquilas, seguimos las noticias y tristemente vemos como sucede siempre, el pueblo sufre y el gobierno no reacciona.

Marco Antonio Solano: Al llegar, toda la zona estaba acordonada. No había una buena organización, muchos voluntarios, civiles, gente sin experiencia, sólo con el deseo de ayudar, se encontraba quitando escombros. Había rescatistas que estaban sacando, con mucha dificultad, víctimas con vida y desgraciadamente cuerpos inertes.

Pasaron junto a mí, varias camillas con compañeros, cada que salía una, se hacía un silencio completo en toda la zona. Alcancé a reconocer que una de ellas llevaba a Juanita la secretaria del Director. Tenía lesiones, pero estaba con vida. Me dio mucho gusto saber que alguien que conocía, estaba bien hasta cierto punto.

Seguían pasando camillas y camillas. Algunas llevaban cuerpos cubiertos con sábanas. Alcancé a reconocer a Andrés, pues llevaba puestas calcetas blancas. Todavía recuerdo que lo bromeé diciéndole que si iba a jugar futbol; desafortunadamente, no alcanzó a salir.

En eso, levanté la vista y vi a mi familia esperando detrás del acordonamiento. Mi corazón se llenó de júbilo al ver que todos estaban bien.

Busqué la forma de acercarme a ellos, al situarme, justo detrás de mis hijos y abrazarlos sin decir nada, los abracé con fuerza, besé a cada uno y a mi esposa. Llegó a mí una paz que jamás había sentido, esa luz que antes me parecía cegadora, ya no lo era, se había convertido en un hermoso camino al firmamento.

Ramiro Álvarez: Al día siguiente, con más claridad pude percatarme a través de los noticieros de mis alumnos que viven en Jojutla, que estaba destruido todo el centro de ese municipio que las construcciones habían caído que todo estaba devastado mucha gente se encontraba muerta entre los escombros, por eso no me es posible creer que las noticias digan que en Morelos hubo 74 muertos, porque en las casas que fueron derrumbadas había gente.

Creo que el gobierno quiere tapar por cuestiones políticas la cifra correcta de los fallecidos por el sismo yo no me trago el cuento de que solamente en Morelos hayan sido 74 estoy seguro que fueron muchos más.

La gente salió a las calles, las tiendas estaban abarrotadas con personas que llenábamos los carritos para poder preparar comida llevar víveres a los que habían quedado sin nada. Fui con mi familia a un municipio cerca de Jojutla que se llama la Kill Tenango, fue muy doloroso ver sus viviendas destruidas, las calles estaban llenas de escombros la gente no daba crédito a lo que había sucedido.

Este sismo cambió mi vida, le ha dado un giro de 180 grados. Cualquier movimiento o vibración hace que entre en pánico. Obviamente al personal paramédico no le fue suficiente el equipo, las ambulancias, las camionetas y el helicóptero para hacer frente a esta situación.

Afortunadamente miles de manos ayudaron a mover escombros, arriesgaron su vida para rescatar a las personas porque no hay equipo material de ambulancias suficientes para hacer frente a una catástrofe como la del 19 de septiembre.

El quinto piso del ISSSTE se derrumbó, la clínica 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social tuvo muchos daños estructurales. Sin embargo las autoridades no lo quieren decir y están obligando al personal que trabaje en esas condiciones y en cualquier momento ese edificio de 14 pisos puede colapsar.

Rocío Montiel: En los días posteriores al sismo, decidimos llevar víveres a los puntos de emergencia ya que por experiencia del terremoto del 85 sé que el ejército guardaba en bodegas muy grandes los víveres que la sociedad civil aportaba. Hecho que me indigna hasta hoy en día, pero que no podemos evitar.

Es por eso que decidimos llevar nuestra aportación y asegurarnos de que fuera bien utilizada. A diferencia del sismo del 85 a éste, note que había más apoyo de los jóvenes y fue algo que me dio mucho gusto. Se notó un cambio en la acción y reacción humana de los mexicanos.

Edna Fabián: Al día siguiente, fuimos a comprar herramienta, focos, extensiones, cascos y lo que pudimos. Estando ahí vimos a muchas personas haciendo lo mismo que nosotros. Logramos llegar al estadio de CU y dejar ahí lo que habíamos comprado. Y después a ayudar al Multifamiliar de Tlalpan, un lugar tan cercano, tan conocido por el que pasamos cada domingo para ir a casa de los abuelos.

Ya no estaba, no quedaba nada más que destrucción. Ayudamos con lo que pudimos, preguntándole directamente con los brigadistas qué necesitaban y corriendo a conseguirlo. Al día siguiente alguien nos avisó que en ese mismo punto se requerían rotomartillos, curiosamente teníamos uno cada quien.

La herencia de un padre Ingeniero que nos enseñó a usar herramienta y a conocerla bien, así que sin dudarlo fuimos a llevarlos al Multifamiliar.

Platicaba con mi esposo sobre nuestras experiencias en el 85 y ahora y coincidimos en que hace 32 años percibimos una tensión en el ambiente que se podía cortar con un cuchillo, la ciudad estaba triste, nuestros padres preocupados y asustados y si bien no podíamos en ese momento comprender la dimensión de la destrucción y el desastre sabíamos que era grave.

Ahora, en cambio, siendo padres, identificamos con claridad eso que seguro sentían los nuestros, además de la tristeza profunda, la preocupación de quererlos a ellos siempre bien, de querer estar los cuatro juntos y de que no les pase nada nunca.

Han sido días muy difíciles y lo seguirán siendo por un buen rato más, como hace 32 años. Lo único que reconforta un poco el corazón es ver la ayuda, la solidaridad y la fuerza de los mexicanos ayudando al otro, dando y haciendo lo que cada quien puede.

Una experiencia muy complicada, terrible y dolorosa que conocemos desde hace años y que no queríamos recordar ni revivir nunca más.

Erick Fonseca, elemento del sector Xochimilco/Coyoacán de la SSP

Dentro lo que se permita decir por la tragedia que representó, para mí, fue una experiencia muy enriquecedora, por ver a la gente, dispuesta a todo con tal de ayudar a sus semejantes, en lo que estuviera al alcance de sus posibilidades. No importa que no tuvieran conocimientos técnicos de rescate de personas, lo que importó fue el deseo de la solidaridad por salvar vidas.

En lo personal, este suceso, me permitió conocerme más, conocer que si es necesario, no tengo límites para ayudar a quien lo necesite, sin importar cuánto cansancio, cuanto agotamiento pueda sentir, porque me imagino, me pongo en el lugar de los afectados, y pienso que si yo estuviera en esa situación, me gustaría que mi familia y yo, recibiéramos apoyo.

Por ello mismo me entregué en lo que pude hacer en la zona donde apoyé, que fue el Multifamiliar de Tlalpan, cerca del Metro Taxqueña. Unas de los puntos más afectados, en la zona sur de la Ciudad de México.

Mi reconocimiento al personal de Protección Civil de la Delegación Coyoacán, que fueron de los primeros en llegar a este punto, junto con la Secretaría de Seguridad Pública, de los distintos sectores de Coyoacán.

De igual forma, cuando llegó el Heroico Cuerpo de Bomberos de nuestra Ciudad, la propia Secretaría de Protección Civil, del Gobierno Capitalino, las distintas agrupaciones de rescatistas que sin descanso dieron todo de sí, para poder rescatar personas aún con vida de los escombros del edificio colapsado. También se agradece el apoyo prestado a los Bomberos de Tecámac que llegaron a colaborar en estas tareas.

Pero el reconocimiento más sincero y especial, se lo quiero dar a todas las personas que ayudaron, ya sea con la remoción de escombros, con el abasto de agua y alimentos, que donaron sus herramientas, en fin, con distintas acciones. Quedó demostrado que si podemos ser un solo México, y caminar en la misma dirección, hacia la misma meta. Realmente, unidos somos y seguiremos siendo más fuertes.

Lo que me dejó un amargo sabor de boca, fue la actitud hostil y hasta puedo decir, provocadora de parte de personal de la policía federal y de algunos elementos de la Marina que llegaron, supuestamente a reforzar y agilizar las acciones. Pero fue todo lo contrario.

La coordinación estaba bien, entre todos los que estábamos presentes en ese punto. Pero llegaron los elementos federales, y entorpecieron todo, desconozco si les dieron esas  instrucciones o fue decisión propia de esas personas.

Uno de ellos se quejaba, de que la gente no hacía caso, a lo que se le decía, que le desesperaba, la compañera a la que se lo contó, le respondió, pues «les hubieras metido una bola de chingadazos para calmarlos», nadie me contó eso, yo estaba ahí, cerca de ellos, y pude escuchar perfectamente esas palabras.

Entonces, volteo y les digo, un momento, aquí nadie le da chingadazos a nadie. Todos venimos a ayudar en esta emergencia. Y si la gente se comporta del modo en que dicen que lo hacen, analicen y no es porque desean fomentar el desorden, es la misma desesperación y deseo por salvar vidas, lo que los hace actuar de ese modo. Sean sensatos por favor, usen la lógica y el sentido común.

Y si ustedes le intentan poner una mano encima a un civil, entonces van a tener serios problemas en este punto. Se los dejo a su decisión. ¡Piénsenlo!

Oliver Campa, coordinador civil de la delegación Cuauhtémoc.

Esta historia es personal de lo que he visto y vivido en estos días y que con todo dolor resurge de aquel añejo recuerdo cuando aún era niño y nacía la consciencia en mi ser.

Recuerdo ese edificio en Tlatelolco, de los rojos, los que les dicen chaparros, ahí estaba en el 85, no tenía miedo de los temblores porque no sabía lo que representaba para los adultos, para mi hasta cierto punto era algo nuevo, nunca lo había vivido en carne propia.

Aún recuerdo ese crujir de vidrios y a mi madre, como cualquiera otra cosa, abrazándonos a mi hermana y a mí con temor y la zozobra de pensar en lo peor.

Le exigí a mi madre que me dejara ir a la escuela y al llegar comencé a comprender el miedo que sentían los adultos, me di cuenta del poder de destrucción que puede tener la propia naturaleza, vi que mi escuela era una gran grieta sobre la tierra.

Cuando regresé a mi casa, la televisión estaba encendida, de nuevo entendí por qué le tenían tanto miedo a los sismos al ver un edificio que estaba a 300 metros del mío completamente en escombros.

Ahora, después de 32 años, vuelvo a sentir esa angustia y veo de nuevo a las personas de la tercera edad ayudando, niños repartiendo tortas, mujeres cargando cubetas de escombro, constructoras aportando camiones y maquinaria pesada, gente donando cualquier insumo necesario, otros cocinando, transportando gente, víveres, rescatistas laborando, de repente gritos, silencio, ruido, más gritos, de nuevo silencio y al final, todo vale la pena cuando se escuchan aplausos porque una vida más vuelve a nacer.

La diferencia es que ya no soy un niño, puedo ayudar.

32 años después…Los rostros de la tragedia (Primera parte)

32 años después…los rostros de la tragedia (Segunda parte)

32 años después…Los rostros de la tragedia (Tercera parte)

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