Por Adriana Marisela Juárez Miranda
Foto: Edgar López (Archivo)
Ocurrió exactamente el 19 de septiembre del 2017. 7.1 puntos de movimientos en las placas tectónicas sacudieron el centro de la República Mexicana, dejando 360 muertos, inmuebles dañados y una población afectada por el llamado estrés postraumático.
Marcelo Lara hacía trámites junto con su novia en un banco, Iván Colín cumplía su jornada laboral en el despacho de contadores, Edgar Pastrana se encontraba en casa viendo la televisión en el sillón. Sin embargo, los tres sintieron el temblor con epicentro en Axochiapan, Morelos.
La desinformación y falta vías de comunicación alteraron a Marcelo, pues al momento del temblor se encontraba en un Bancomer ubicado en avenida Parque Vía, en la colonia Cuauhtémoc. Lejos de su hogar y zona de trabajo.
Mientras contaba los largos segundos que duró el sismo trepidatorio, sostenía entre sus brazos a su novia para brindarle el valor que en ese momento ninguno de los dos tenía. La temperatura corporal baja, el sudor frío, la aceleración de los latidos del corazón y la preocupación de estar en una zona inestable nublaron su mente.
A su vez, Edgar platicaba con su amiga sobre el macrosimulacro que, como cada 19 de septiembre, se practica en el país.
— ¿Vas a salir? — le preguntó Dana.
— No, ¿cómo crees? Es estúpido salir a los simulacros. Estoy en la comodidad de mi sala viendo la televisión.
Después de dos horas y 14 minutos tendría que forzar la chapa de su puerta y saldría en calzones al estacionamiento en busca de un lugar seguro.
Para Iván Colín la suerte no se presentó como a Marcelo y a Edgar. El edificio donde se encontraba laborando se derrumbó sin darle oportunidad alguna de sobrevivir.
Aguilera Contadores Públicos desapareció esa tarde dentro del inmueble ubicado en Álvaro Obregón 286.
La ciudad se volvió un caos en el transporte público, en los medios informativos y en redes de comunicación. A la “antigüita”, con un radio o una televisión, los mexicanos empezaron a saber lo que ocurría con la capital.
Marcelo y su novia tuvieron que caminar desde el lugar donde se encontraban hasta Metro Normal con la esperanza de encontrarlo funcionando, pues se presumía que distintas líneas de dicho sistema de transporte no estaban brindado servicio. Sin embargo, al entrar se dieron cuenta de que efectivamente las cosas no marchaban con normalidad. Ante la desesperación y ansiedad decidieron aventurarse a buscar otra manera de trasladarse.
Edgar se comunicó de manera inmediata con sus seres queridos, afortunadamente nadie salió perjudicado y todos se encontraban en sus casas.
Fue entonces hasta las 19:00 horas que Marcelo, su novia y Edgar lograron reunirse en el departamento donde actualmente viven. De pronto, tras una publicación de un amigo en común de los tres, se enteraron que hasta el momento nadie se había podido comunicar ni saber nada sobre el paradero de Iván Colín Fernández.
Sin luz, a pocas horas de que oscureciera y con las baterías a punto de agotarse de los teléfonos celulares crearon un plan de protección, pues el temor a que el departamento se derrumbase por causa de posibles réplicas los abrumaba demasiado. Tras comer unos tacos y ya con la energía eléctrica restablecida, empezaron a recabar información verídica sobre los sucesos del temblor.
Centros de acopio, albergues, inmuebles dañados, bardas destrozadas, personas caminando sin rumbo alguno y una ciudad gris era el panorama estaban viviendo.
El sur de la Ciudad de México parecía haber sufrido los mayores daños del sismo, un colegio de jardín de niños desplomado, departamentos con grietas y paredes tumbadas, un centro comercial dañado, derrumbes de edificios. Las noticias malas aumentaban minuto a minuto hasta que los medios de comunicación empezaron a dar esperanzas de vidas atrapadas bajo los escombros.
Un grupo de amigos en común contactaron a Marcelo y Edgar para compartir y verificar información que pudiera servir para la localización de Iván. Él se encontraba dentro del inmueble derrumbado.
—¿¡Pero cómo era posible que estuviese adentro de la oficina!?
Adriana, la novia de Marcelo, quién era de los 3 la más cercana a Iván, con la voz quebrada y la mirada de sorpresa decía: “Era su hora de comida, se supone que les dan permiso de salir, por qué justo a él, porque justo al despacho donde trabajaba.
Twitter se llenó de gente desaparecida, Facebook de oraciones y peticiones para la gente atrapada, Instagram de carteles de gente rescatada y víveres para los centros de acopio, mientras que la ciudadanía tomaba posesión de cada rincón afectado por el sismo.
La novia de Marcelo localizó a la hermana de Iván y le comunicó que cerca de 50 personas estaban al pendiente en redes y brigadas por si aparecía información sobre Iván.
Edgar y Marcelo buscaron en cada una de las listas de rescatados de Locatel, además de los carteles no oficiales que publicaban en Twitter, pues no parecían ser tan confiables las fuentes provenientes de dicha red social. Los tres marcaron a hospitales para saber si de casualidad había llegado a urgencias sin identificación, pero infortunadamente no. Parecía que cada acción y esfuerzo eran inútiles.
A la mañana siguiente, tras una noche de desvelo y prácticamente sin descanso, Edgar fue a la colonia Condesa a tratar de aportar algo de ayuda, mientras que Marcelo y su novia, afectados por lo mismo, sufrían un dolor de cabeza insoportable que a él, ni siquiera lo dejó levantarse de la cama.
Cuando finalmente decidieron ir a la zona afectada, en Álvaro Obregón, donde seguía atrapado Iván Colín Fernández, no creyeron lo que sus ojos podían ver. Una estructura de seis pisos totalmente derrumbada, acordonados los alrededores y custodiada por personal de la Marina, Policía Federal y Ejercito.
Había demasiada gente, manos extra que incluso estorbaban y entorpecían el rescate, medios de comunicación con mejores lugares que los Centros de Acopio y familiares que llevaban más de 50 horas acampando en búsqueda de cualquier información que los rescatistas pudiesen proporcionarles sobre sus desaparecidos.
Como personas externas al lugar, sólo se podía observar carteles de las personas que se encontraban aún dentro del inmueble deshecho de Álvaro Obregón 286. La novia de Marcelo, quien había trabajado durante un tiempo en aquel despacho, en aquel edifico, empezó a reconocer cada rostro de los desaparecidos, como el de Carolina Solorio, madre de un niño de no más de cinco años, sobrina de María del Pilar, una de las jefas del despacho junto con Jaime Aguilera y, claro, Iván Colín.
Al comunicarse con Fabiola Colín, esta le confirmó el fallecimiento de su hermano la madrugada del viernes. Su cuerpo había sido rescatado y llevado al Instituto Forense a las cinco de la mañana. Su velorio se llevaría a cabo a las 20:00 horas en Gayosso Sullivan y estaban invitados a asistir para despedirse de Iván, aun sabiendo que el funeral sería a ataúd cerrado.
Gente cercana a él llevo fotos. La sala se llenó de arreglos florales, en su mayoría blancos y coronas enormes. Fueron tantas las personas a despedirle que dos salas tuvieron que ser ocupadas.
Entre lágrimas de personas que hacían guardia, y las personas más allegadas, lo único que se podía escuchar en aquella sala era la frase “no me pude despedir”.
Su madre, Paty, al llegar a la sala, ante el fúnebre silencio sollozó y ahogó sus penas en el ataúd de caoba cerrado
—Iván, Iván, mi hijo, mi hijo.
Aquellos llantos provocaron un nudo en la garganta de las más de 100 personas que se encontraban en todo el espacio.
El sismo del 19 de septiembre se llevó la vida de más de 300 personas, un número menor que en el terremoto de 1985, sin embargo, las falsas esperanzas que dieron los medios de comunicación como Televisa, Animal Político, TV Azteca, Milenio, entro otros, creó una ola de desinformación que afectó a los familiares de los desaparecidos directamente.
—Crearon toda una telenovela de Iván Colín— dijo Fabiola después de leer el hilo de tuits de Animal Político, porque al parecer él murió desde el primer instante que el edificio derrumbó.
Sin embargo, siempre les dijeron que habían tenido comunicación con él hasta el viernes 22 de septiembre a las 12:00 horas, día en que todos se enteraron que Iván Colín no estaba ni estaría.