¿Unidad de las izquierdas?

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

De un momento a otro la gente parece

acostumbrarse a lo inverosímil e incluso a lo

sórdido, renuncia a hacerse preguntas y en

ocasiones se niega a comprender.

el poeta.

A la memoria de un hombre de izquierda,

mi tío: Arnoldo Martínez Verdugo,

a cuatro años de su partida.

 

El próximo 4 de junio se llevarán a cabo las elecciones estatales en Coahuila, Nayarit, Estado de México y Veracruz, en los primeros tres se elegirá gobernador, presidencias municipales y diputaciones. Esta elección ha cobrado una importancia singular debido a la caída en la aceptación del gobierno de Peña Nieto, así como un rechazo en los gobiernos priista por su corrupción, ineficiencia, la desigualdad, el desempleo, así como por los altos índices de violencia, que colocan al país como el segundo país más violento a nivel mundial, de acuerdo a un estudio del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres.

Llama poderosamente la atención, el proceso electoral en el Estado de México, en principio porque el estado cuenta con el padrón electoral y la lista nominal de electores más grande del país, se trata del 13.13 y 13.26 de los totales nacionales, respectivamente. Pero también porque es el estado del actual mandatario de la República y, su pérdida implicaría según los expertos, la debacle del Revolucionario Institucional, pero además porque las prácticas electorales que se están llevando a cabo en el actual proceso se vuelven un síntoma de cómo se comportará en Ejecutivo Federal en las elecciones presidenciales del 2018.

De igual forma cobra una importancia simbólica y real, porque es el primer proceso electoral en el que el reciente partido de “izquierda” compite con posibilidades reales de ganar la gubernatura: Morena. Prueba de ello es que la elección se ha vuelto de Estado, los Secretarios participan activamente, miles de millones de pesos fluyen en la elección comprando electores, así también implicará la posibilidad de que el Partido de la Revolución Democrática demuestre su fuerza y viabilidad futura. Lo cual ha generado un debate sobre el futuro de los partidos de izquierda y su posible unidad.

Debido a ello la plaza pública está inmersa en una disputa mediática sobre el futuro de la izquierda partidista en México. Por ello, es necesario preguntarnos si los partidos que se dicen de izquierda ¿lo son? Es decir, si el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Partido de la Revolución Democrática (PRD), Partido del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC) son organizaciones político-ideológicas, que ejercen una praxis de izquierda.

Desde las elecciones presidenciales del 2012, el Partido de la Revolución Democrática se ha caracterizado por una política de alianzas que develan sus crisis ideológica y su pragmatismo imperante. Así la dirigencia perredista encabezada por el grupo de los Chuchos creó y promovió el “Pacto por México”, de donde salieron la última generación de reformas neoliberales, privatizando PEMEX y la CFE, así como la reforma laboral —mal llamada reforma educativa. En los hechos, son transformaciones absolutamente regresivas.

El PRD también se alió con la derecha panista, en las elecciones para gobernadores, en dichas alianzas no ha habido un programa de gobierno que mínimamente tenga cierto carácter de izquierda, es más el perredismo ha sido comparsa de los candidatos de la derecha.

Es cierto, el PRD sabe negociar, lo demuestra cotidianamente, pero no queda claro cuáles son los beneficios programáticos y políticos, más allá evidentemente de obtener puestos y prebendas electorales, así como encubrir su declive electoral. La dirigencia perredista es pragmática y ha renunciado en los hechos a ser de izquierda, no hay un programa ideológico que lo determine, caso ejemplar es el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, quien ha ejercido el poder autoritariamente, encubriendo asesinatos, llenando el estado de fosas clandestinas y ha sido acusado de corrupción; todo lo cual, no lo hace un gobernante de izquierda sino, absolutamente priista.

Por otro lado está el PT, que luego de que en el pasado proceso electoral federal estuvo a punto de perder su registro y lo salvó gracias a artilugios burocráticos, que lo regresan a su alianza histórica con el PRI. El pasado 17 de abril de 2015 esta agrupación política que se dice de “izquierda”, registró ante la autoridad electoral del Estado de México, una alianza para competir junto con el PAN, esto en 38 ayuntamientos, dicha coalición fue denominada “El Estado de México nos une”; esta no es la primera vez que la franquicia de Alberto Anaya se alía con la derecha mexicana, lo hizo de facto en Hidalgo; sin embargo, en esta estrategia diferenciada también confluye con el PRI, PVEM y Nueva Alianza. Ejemplo de ello son las elecciones de Aguascalientes y Chihuahua.

Por su parte el Movimiento Ciudadano (MC), que es la franquicia controlada por Dante Delgado, ha tenido un comportamiento errático en la manera en que postula candidatos a puestos de elección popular, pareciera que sus lineamientos para elegirlos es que le garanticen votos, el MC se ha dedicado a recoger “ciudadanos” de todos los colores y orígenes ideológicos; es cierto, Delgado ha demostrado su obcecación con la creación de un frente de fuerzas progresistas. Pero ese, en los hechos, es su único compromiso nominativo de izquierda. Parece que este partido está comprometido con ser eficiente electoralmente, pero bajo las condiciones actuales del país, no es suficiente, de sus 25 diputados federales, 19 de ellos votaron por el gasolinazo, entre ellos el ex presidente del PAN, Manuel Espino, un destacado miembro de la derecha y del Yunque, quien según investigaciones periodísticas estuvo detrás de la creación del Frente Nacional por la Familia, organización creada para combatir los derechos humanos de los ciudadanos LGBTTI.

De los llamados partidos de izquierda sólo la bancada de Morena votó en contra del gasolinazo en su totalidad, el resto de las bancadas de “izquierda” votó de manera diferenciada, con el objetivo de lograr los 248 votos que Peña Nieto requería. Morena es una agrupación política de reciente creación, nace en principio como un movimiento de la mano del PRD, pero cuando el principal opositor del régimen político, el dirigente Andrés Manuel López Obrador decidió salirse e institucionalizar su movimiento en un partido político (2012) inicia un proceso de reconstitución del movimiento progresista, que no necesariamente de izquierda.

Es cierto, Morena ha oxigenado el espacio público mexicano, pero también lo es que en su interior fluyen las tensiones propias de la izquierda mexicana, hay expresiones más allá del adjetivo progresista y pluralista. Fue la primera agrupación política que creó una Secretaría de la Diversidad Sexual, en sus documentos básicos se expresa sin matices los derechos de la comunidad LGBTTI, donde el recientemente nombrado (2015) Marco Antonio Temístocles ha jugado un papel activo en la creación de una cultura de la diversidad sexual al interior de la izquierda mexicana, hecho sin precedentes, pero no sólo ello ha iniciado procesos de cabildeo en distintos congresos locales por el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTTI. El hecho resulta contradictorio con las preocupantes declaraciones del dirigente nacional López Obrador y de algunos candidatos a puestos de elección popular, quienes para salirse del tema deciden declarar que llamaran a una consulta para ver si se nos reconoce o no los derechos; violentando el principio básico de los Derechos Humanos, son inalienables.

Los llamados partidos de izquierda mexicanos están muy lejos de serlo, son como la mayoría de los partidos en México un enclave de intereses, donde las dirigencias luchan por fragmentos del presupuesto. El problema de los llamados partidos de izquierda es que ésto resulta contradictorio y una negación absoluta a ser una agrupación de izquierda.

Los autoproclamados partidos de izquierda venden sus votos en los legislativos locales y federales. Lejos estamos de los bloques opositores que se formaron en los años 80 del siglo pasado, comandados por un Arnoldo Martínez Verdugo; o bien, los que interpelaron por primera vez al espurio Salinas de Gortari, recordemos el papel activo de Porfirio Muñoz Ledo en aquellos años, como opositor.

La así llamada izquierda partidista (PRD, PT y MC) vende caro su amor, son putas de lujo que los mexicanos mantenemos con el presupuesto, son putas de lujo ineficientes en sus chambas. Los partidos de izquierda negocian con una enorme facilidad sus principios y han pospuesto la transformación democrática de México. Los dirigentes de estas agrupaciones se han vuelto millonarios, con departamentos en Miami, con cuentas exorbitantes para profesionistas que a lo único que se han dedicado es a ser funcionarios públicos o bien representantes populares, lo que hace inexplicable su enriquecimiento.

La corrupción es evidente. Está detrás de las cuentas bancarias del gris y policíaco Jefe de Gobierno, Mancera. La corrupción está detrás del departamento en Miami de Alejandra Barrales. La corrupción está detrás de las casas y cuentas bancarias de los Chuchos. La corrupción está detrás de las camionetas y propiedades de Rene Bejarano y su esposa la senadora Dolores Padierna.

Frente al posible triunfo de la candidata Delfina Gómez, el dirigente Andrés Manuel López Obrador, llamó a las agrupaciones que se autodenominan de izquierda a apoyar la candidatura de la morenista profesora. La respuesta fue de rechazo, los partidos increpados por López Obrador se sintieron ofendidos por el tono usado por el opositor, pero evadieron el tema: ¿Con quién están dispuestos a hacer un frente?, con la derecha panista y priista o con la transformación del país.

Los partidos que se autodenominan de izquierda, han dicho de diversas formas que quieren el frente progresista pero que le ponen precio a su amor, como putas caras que son. Así lo dijo el profesor normalista de las ligas millonarias, René Bejarano, con la periodista Carmen Aristegui, hay que crear un frente pero es necesario negociarlo. ¿Bejarano quiere otro cargo para su esposa? Lo mismo ha respondido el candidato Zepeda, quien taimado como es, se presenta bajo un discurso progre y moderno, pero en los hechos ha sido cómplice de la corrupción del gobernador priista Eruviel Ávila. El PRD nada dijo de las diversas irregularidades en la construcción y operación del Circuito Exterior Mexiquense, guardó años de silencio cómplice sobre la empresa OHL. Nada dijo el taimado candidato de los feminicidios; sólo ahora que es candidato se vuelve un férreo y crítico opositor. La puta cambio de práctica.

¿Debe haber unidad de la izquierda? ¿De qué izquierda?… los autodenominados partidos de izquierda son instituciones que satisfacen intereses de facciones de grupo, que han permitido el empobrecimiento de los mexicanos, el incremento de la desigualdad, la violencia y la corrupción. Ellos se han beneficiado de esas condiciones que adolece México. La revolución democrática les hizo justicia, a muchos de ellos los volvió millonarios, dejaron de usar el transporte público y de consumir la canasta básica, son una élite en descomposición que no ha demostrado el derecho a serlo, sólo su capacidad por ser rapaces, traicioneros y taimados. Han sido pragmáticos y por ello sobreviven, pero eso no tiene ningún mérito.

La unidad de la izquierda debe ser la de los ciudadanos, la de los votantes, la de los millones de pobres, la de las clases medias empobrecidas, la de los profesionistas desempleados, la de las miles de familias rotas por la violencia de la guerra contra el narcotráfico. Esa es la unidad que debe de haber.

Karl Marx planteaba la unidad entre los diversos sectores de la sociedad en torno al enemigo común, es cierto, pero hoy el enemigo también es la azafata millonaria, el Jefe de Gobierno… sus cuentas bancarias y sus negocios inmobiliarios. El enemigo son los chuchos y su enriquecimiento inexplicable. El enemigo es Graco-priista. El enemigo es Alberto Anaya… y la dirigencia del Movimiento Ciudadano. Las bases y los votantes del PRD, PT y MC deben de estar claras, un voto por esas agrupaciones es un voto a la corrupción, la impunidad, el empobrecimiento y la violencia. Pero sobre todo, es un voto para mantener los privilegios de los parásitos dirigentes de esas agrupaciones.

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