Fotorreportaje por: Nadia Tecuapetla.
En los últimos años se ha vuelto costumbre que cientos de migrantes centroamericanos salgan de sus países de orígenes en vísperas de Semana Santa, ya sea a pie, de aventón o en autobuses, a la frontera del sur de México en Tapachula, Chiapas. Grupos conformados por hombres, mujeres, niños y adultos mayores, que a partir de ahí emprenden su recorrido en caravana hacia el límite con Estado Unidos. Este año el Viacrucis migrante integrado en su mayoría por Hondureños, decidió enfrentarse a 3 mil 200 kilómetros del hostil territorio mexicano, el pasado 25 de marzo para intentar llegar a Tijuana, algunos otros para probar suerte en alguna otra región de su camino.
En Tapachula y a lo largo del viaje se fueron sumando al conjunto guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses y algunos mexicanos también, bajo lemas como: “Todos somos americanos por nacimiento”. Caravanas con características similares se han realizado a partir del 2010. En esta ocasión ésta se fijó la finalidad de visibilizar en conjunto la situación migratoria de Centroamérica y como siempre que se camina en grupo, aminorar los múltiples riesgos que cotidianamente afrontan quienes lo hacen por cuenta propia, uno de ellos las detenciones migratorias.
De acuerdo a cifras de la Unidad de Política Migratoria, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto las detenciones a migrantes centroamericanos han ido a la alza así como después de la creación del Plan Frontera Sur, cuya finalidad era proteger los derechos humanos de migrantes sin documentos. Siendo Donald Trump presidente de Estados Unidos, la cifra de detenciones en México descendió, sin embargo en los tres primeros trimestres de 2018 el número de detenciones subió de nuevo a las 32 mil 714. Haciendo un recuento se sabe que el Plan Frontera Sur suscitó redadas masivas para contener el fenómeno por parte del Instituto Nacional de Migración, el Ejército, La Marina y la policía.
En Tapachula y a lo largo del viaje se fueron sumando al conjunto guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses y algunos mexicanos también, bajo lemas como: “Todos somos americanos por nacimiento”.
Marginación, falta de oportunidades, amenazas de muerte, extorsiones, violencia, de eso huyen centroamericanos y hondureños, quienes prefieren tomar la decisión de despedirse de sus familiares, amigos y sus vidas, sin promesas de nada, pero con esperanza. Migrar implica también otros peligros, se sale de un país para incorporarse a otro que posee sus propias problemáticas, las cuales ellos no ignoran y en ocasiones ya han enfrentado. Están conscientes de que los caminos por México no son fáciles de transitar, pero ‘son parte del sacrificio para fugarse de aquello que es peor que salir’, señala José, papá de Fernando de 3 años de edad, y al que acompaña su esposa de 24 años; él confía que con ayuda de dios todo saldrá bien.
Honduras atraviesa por una fuerte crisis política, social e institucional, de acuerdo a los propios hondureños, como José quien admite la descomposición social de vivir ahí y a ciertos analistas del tema. Estando en el poder Juan Orlando Hernández, a quien se califica de ilegítimo, existe un clima de crimen y represión militarizada para el pueblo. A ello se le añade la intervención de Estados Unidos en la región y la compra de armas. En el caso del resto de los países centroamericanos, las problemáticas son similares: desigualdad, violencia, corrupción y pobreza, así como la intervención norteamericana en sus economías.
Según miembros de la caravana migrante, en un principio ésta llegó a estar compuesta por alrededor de 2000 personas, otros hablan de 1500 y 1200, en Matías Romero, Oaxaca. Sitio en que las personas fueron improvisando refugios, baños, recolectando ropa, calzado y comida, para dirigirse hacia el norte, sin embargo, se comenta que un grupo caminó por su cuenta y fue dispersado por estatales y migración. Para esos momentos, el presidente Trump sostuvo que el gobierno mexicano había cedido a la presión de deshacer la caravana, no obstante, el mandatario mexicano dijo que los integrantes se esparcieron por su decisión y que varios de ellos recibieron permisos para transitar el país.
Irineo Buendía, director de Pueblos Sin Fronteras, quien acompañado de algunos organizadores de la caravana que sirven como guías a los integrantes en su andar en la búsqueda de asilo político, declaró a la prensa mexicana que no era verdad que la caravana se debilitar en esa región y que los tuits de Trump habían logrado que todo el mundo supiera de la existencia de estas personas. No obstante, al llegar a la Ciudad de México, existía una confusión entre los propios migrantes de lo sucedido y el número de personas oscilaba entre 1200 a 1000.
Durante su estadía en la ciudad la caravana permaneció cerca de una semana, realizando movilizaciones para visibilizar su movimiento y buscando el libre tránsito de quienes carecían de papeles de sus países de origen en embajadas y consulados. Algunas personas ahí replantearon su ruta, buscaron empleo o siguieron por su cuenta, ansiosos por la fatiga que representa esperar en albergues donde las condiciones no siempre son las ideales, o evaluando las posibilidades de lograr ser o no recibidos en Estados Unidos.
El resto del Viacrucis continuó con la siguiente etapa del viaje, ahora a bordo de ‘La Bestia’ o sobrenombre dado a la red de ferrocarriles que llevan mercancías de frontera a frontera a través del país. En las inmediaciones de Tultitlán, Estado de México, los centroamericanos temerosos esperaron el tren, el simple sonido de éste estremecía sus cuerpos. Varias horas pasaron para poder trepar el primero de estos artefactos que los llevaría hacia el norte. Sin importar género y edad había que ahorrarse cualquier miedo de hacerlo. Una cantidad considerable de mujeres que salieron solas de sus casas y las embarazadas, tampoco tuvieron posibilidad de negarse.
Diane tiene 27 años, como algunas otras mujeres decidió formar parte de un equipo de seguridad creado por el grupo para resolver ciertas cuestiones en torno al viaje. Los inmigrantes saben que son presas vulnerables a lo largo del país, por las autoridades quienes los detienen, o por los delincuentes y el crimen organizado que merodea sus caminos para extorsionarlos, robarlos, desaparecerlos o abusar de ellos. Diane cree que no podrá volver nunca a su hogar, Honduras, la infidelidad de su expareja la hizo involucrarse (sin saber), con un narcotraficante que amenazó con matarla si no seguía con él y ayudarlo en sus trabajos criminales.
Varias horas pasaron para poder trepar el primero de estos artefactos que los llevaría hacia el norte. Sin importar género y edad había que ahorrarse cualquier miedo de hacerlo. Una cantidad considerable de mujeres que salieron solas de sus casas y las embarazadas, tampoco tuvieron posibilidad de negarse.
Roberto de nacionalidad hondureña cuenta que él en una ocasión que viajó solo fue víctima de secuestro por un cártel al norte del país, ‘gracias a dios y a unos contactos la libré’ dice. Él y sus amigos hicieron su propio plan de seguridad, como otros migrantes sobre ‘La Bestia’, se hicieron de piedras y palos ante cualquier eventualidad. Estando arriba es de saberse que la supervivencia en tales circunstancias no depende de otros. La alerta debe estar presente siempre y cada uno debe procurarse y a los que viajan a su alrededor. Allá arriba, muchas veces no se duerme, o no del todo, hay que cuidarse de caer y no sé sabe quién podría subir o sube al tren, cada que éste se detiene y permanece así por horas en medio de la noche y el silencio.
Sandra, tiene dos hijos en Honduras, uno de 5 años y otro de 3, ella tiene apenas 22, se los encargó a su mamá con la idea de poder salir a trabajar y ‘darles otra vida’, menciona, su pareja la golpeaba, pero expresa que no tiene miedo de nada porque ‘dios está con ella’. En Irapuato se unió a un grupo de 5 muchachos que representan su seguridad y la posibilidad de no andar sin dinero, del que nunca se prescinde, aunque la gente o instituciones regalen alimentos, puesto que hace varias semanas se le terminó. Entre éstos se ha involucró con uno sentimentalmente, pero a veces no le gusta que sea tan ‘enojón y celoso’, menciona.
Mújica, declaró en varias ocasiones que el camino a Estados Unidos no es fácil, y reiteró asimismo que esta caravana se hallaba compuesta de personas que no representan ninguna amenaza para la seguridad de aquel país. Que se trata de un asunto más bien de carácter humanitario y que el único delito de los inmigrantes es aspirar a tener una vida digna, con derechos humanos. Las esperanzas de éstos, asegura Mújica, son conseguir asilo político, protección y oportunidades que sus países les han negado.
Durante el avance del Viacrucis, Trump expresó ante medios de comunicación, que la movilización migratoria representaba un ‘peligro’ para Estados Unidos y lo llevó a movilizar tropas sus tropas frente a la frontera con México. El mandatario ha condicionado incluso las negociaciones del TLCAN entre México y dicho país, y no ha cesado de desacreditar a los migrantes. La caravana sabe muy bien de antemano que no es bien recibida, y que los obstáculos en el camino han sido y seguirán siendo numerosos para lograr su objetivo. Sabe la posibilidad de que una minoría logrará el asilo buscado, pero a pesar de eso mantiene la decisión de seguir, sino por ahora más tarde, en los países de los migrantes ya no hay posibilidad alguna
Claudia, de 48 años, con aire de incredulidad, nunca ha imaginado cuál es el peligro que pueden representar centenares de personas para un país que ‘lo ha tenido todo’, asegura. Piensa que aquellos que toman decisiones y que hablan así de la migración, lo hacen porque ‘jamás han sentido miedo o desesperación de vivir en donde viven’. Nunca han tenido que preocuparse porque sus hijos coman, apunta.
Migrar conlleva, noches eternas, de desesperación, de miedo, de soledad, de desamparo, de frío que no se sabe cuándo va a ser calmado, de enfermedad, de llantos, de incertidumbre. Días de calor, de hambres y sed, de cansancio, a veces de desesperanzas. Nada está escrito en el camino de un inmigrante. Y, ¿quién preferiría someterse a dichas condiciones, a renunciar a la comodidad de una cama, y desprenderse del cariño familiar, sin saber si se les volverá a ver? La decisión de cambiar, tiene que ser orillada por algo más poderoso que eso.
Claudia, de 48 años, con aire de incredulidad, nunca ha imaginado cuál es el peligro que pueden representar centenares de personas para un país que ‘lo ha tenido todo’, asegura. Piensa que aquellos que toman decisiones y que hablan así de la migración, lo hacen porque ‘jamás han sentido miedo o desesperación de vivir en donde viven’. Nunca han tenido que preocuparse porque sus hijos coman, apunta.
Ramón de 56 años, formó parte del movimiento Sandinista de Nicaragua en los años setenta, contra la dictadura y la ocupación estadounidense, se halla convencido de que ‘la crueldad y la supremacía blanca son los culpables del éxodo que experimenta la migración que ha tenido que escapar de sus orígenes’. No se explica ‘¿cómo se autonombran civilizados y duermen en paz, quienes ignoran que un niño de 2 años convulsiona de temperatura, a causa de las dificultades del trayecto?, y ¿cómo adolescentes de 15 años salen sin padres a enfrentar al mundo?’.
Para el ex militante la caravana fue fragmentada varias ocasiones, debido a la falta de determinación en manos de quienes la encabezaron. Él cree también que ‘el gobierno mexicano presionó para desarticular a un ejército de hombres y mujeres retando a Estados Unidos’. Por su parte, Irineo Mújica opina que la caravana no logró su cometido de llegar completa a Tijuana, porque muchos de los centroamericanos prefieren ver a México como opción para establecerse, pero que en efecto hubo ‘demasiada presión por pami4edrte de ambos países implicados’.
La última semana de abril, alrededor de 400 personas lograron llegar a Tijuana. Otras 300 quedaron varadas en Hermosillo Sonora, dentro de éstos últimos un 10% aún sigue esperando hasta hoy, les sean concedidas visas mexicanas para quedarse a trabajar en México, la mayoría tuvo que esperar casi tres semanas a que las autoridades aceptaran su petición, luego de varios días de permanecer en esta ciudad y en las oficinas de migración. ‘A ellos no les queda más que aceptar, aunque no sea lo esperado’, según Omar, salvadoreño de 20 años. Varios ya experimentaron deportaciones o permanecer meses en un sistema carcelario o en ‘la hielera’ hasta que se determinó legalmente su situación.

Quienes lograron llegar a Tijuana fueron en su mayoría mujeres, niños, familias y transexuales, bajo la creencia de que su realidad es más probable de ser tomada en cuenta para obtener el asilo político. El domingo 30 de abril, entre lágrimas y temor 50 personas se despidieron del resto del grupo o familiares en el cruce fronterizo de San Ysidro, para entregarse a la migración estadounidense, aunque no fueron recibidos de inmediato. Luego de varios días de pernoctar en medio del frío se fue permitiendo la entrada a ellos y otras 200 personas, de acuerdo a una reciente entrevista telefónica con Alex Mensing, coordinador de proyectos de Pueblos Sin Fronteras. Quien señaló que la mayoría está detenida, debido a que EEUU tiene la política de encarcelar infinitivamente a todo solicitante de asilo, hasta que las leyes determinen si la situación de éstas merece la pena de conceder la legalidad y cobijo o no. Los que pudieron obtener la libertad fueron algunas mamás y papás con sus niños, quienes aprobaron una entrevista de miedo creíble.
El día 25 de mayo, ‘Roxy’, para los amigos, una de las transexuales que integraban a la caravana falleció. En palabras de Mensing, ‘El Departamento de Seguridad Nacional asesinó a Roxana con negligencia médica exagerada’. Ella estuvo detenida, aislada, en el frío, sin ver más luz que la luz eléctrica toda el tiempo, vigilada por una cámara, sin cobija, mal alimentada, con sed, siendo procesada como delincuente, no se sabe si encadenada de pies, manos y cintura, por pedir refugio a USA, de acuerdo al portal ‘Cultura Migrante’ y al parecer a su compañeras cercanas. Roxana huía del odio y fobia ‘en abundancia’ por ser trans que vivió en Honduras y de la violencia que la había perseguido en aquel lugar, de acuerdo a ella días atrás, ahí había sido contagiada de VIH. Mensing aseguró que ella fue dejada dormir en el piso helado, sin atención médica, sabiendo que ella tenía VIH. ‘Por ser transgénero y por ser migrante, se trata de un doble crimen en ojos del gobierno de Trump y Jeff Sessions, quienes la mataron’, apuntó el integrante de Pueblos Sin Fronteras, quien además expresó que su labor será seguir pronunciándose y resistiendo por está causa. Dos días antes la guatemalteca, aunque no perteneciente a la caravana Claudia Gómez, fue asesinada de un balazo en la cabeza por la patrulla fronteriza.
Por su parte, un promedio de 150 personas más continúan en los albergues cercanos y siguen sin conocer el destino de su situación, porque saben que no será fácil convencer al gobierno estadounidense de que su petición no es cuestión de gusto. Asimismo, Alex Mensing comentó que estas personas están decidiendo entregarse o no y que la mayoría prefirió quedarse en México. A éstos se les han ido sumando, los migrantes que con esperanza y sin saber qué hacer siguen avanzando hacia el norte, provenientes de Hermosillo, y hacen alto en Tijuana, donde muchos de los que llegan ahí se quedan a un paso de sus propósitos para a veces no irse. En recuento, los migrantes centroamericanos ya vivieron un Viacrucis, que abre una nueva etapa en que tendrán que afrontar las múltiples posibilidades que se susciten, en la búsqueda de un hogar.