El país que se lo llevó la chingada, Estado fallido… la crisis de las instituciones

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

Porque quiero quemarme en tus flamas,

para mi Muso… el Bigotón

 

te puedo dar mi soledad

mi oscuridad

el hambre de mi corazón

estoy tratando de sobornarte

con incertidumbre

con peligro

con derrota

Borges

 

Honor a aquellos que en sus vidas

cuestionan y defienden las Termópilas.

Sin apartarse nunca del deber;

justos y rectos en sus actos

no exentos de piedad y compasión…

Kavafis (Poeta)

 

Don Arnaldo Córdova señala en su clásico e importante libro Ideología de la revolución mexicana, que una de las aportaciones de la dictadura de Porfirio Díaz fue la creación de instituciones en México, se trata de la formación del Estado capitalista mexicano, dichas instituciones convergen el pacto político de la Revolución Mexicana (1910). Actualmente se ha vuelto moneda corriente la expresión de una crisis institucional de México, desde hace años el abogado, politólogo e internacionalista Porfirio Muñoz Ledo, trajo a colación la expresión Estado fallido, años después a propósito del fraude electoral del 2006, el político y principal líder opositor, Andrés Manuel López Obrador, nos habló de la enfermedad.

Durante más de 70 años, México fue gobernado por un mismo partido político, el sistema político mexicano, estaba cerrado, no había posibilidad de que otros actores participaran realmente en la contienda por el poder. Fue 1988, con la creación de un gran frente de izquierdas, la escisión de la Corriente Democrática Nacional del PRI, así como un conjunto de condiciones objetivas (crisis económica, los terremotos de 1985, la larga noche de la izquierda radical, peleando en la clandestinidad y un conjunto de movimientos sociales) que posibilitaron una real competencia electoral.

A partir de ello se inició un proceso, que aparentemente daba chispas de luz, al oscuro panorama político, social y económico mexicano. Para algunos se tradujo en la Transición democrática, para otros en una simple Alternancia. La distinción entre la caracterización de este proceso histórico, es de vital importancia para el entendimiento de lo que actualmente vivimos, la crisis de las instituciones, la crisis del Estado Mexicano. Si la llegada al poder del bravucón, corrupto e ignorante Vicente Fox, significó una transición, entonces ¿dónde está el nuevo marco institucional que se creó, las nuevas reglas del juego democrático? La perspectiva debe ser clara, los panistas firmaron un pacto de impunidad con el antiguo régimen político, no sólo en el ámbito de la impunidad, sino de no cambiar realmente las instituciones políticas.

Los panistas optaron por entrar a las reglas del régimen político priista, un político pobre es un pobre político, las clases medias altas y el empresariado conservador mexicano decidieron entrarle al juego neoliberal de la acumulación de la riqueza, robarle millones de dólares al erario mexicano. Ahí están las costosísimas toallas, Oceonografía y los hijos de Martha Sahagun; pero también, la Estela de Luz, como signos inefables de la gobernancia panista, casos emblemáticos, que son sólo la punta de la madeja de la corrupción albiazul.

La llegada del panismo al poder no fue una Transición democrática sino una simple alternancia, el viejo orden priista siguió intacto, no sólo ello, se inició un proceso de descomposición con signos altamente graves. La actual clase política mexicana es brutalmente pragmática y terriblemente cínica. Nada los detiene, lo mismo fabrican agua destilada de que venden por vacunas, pruebas falsas de VIH, o bien crean obras faraónicas las cuales nos venden como avant-garde y que en el proceso de construcción sus costos de duplican inexplicablemente, para finalmente acabar en socavones.

A partir de la alternancia política se iniciaron esfuerzos por crear un conjunto de instituciones políticas autónomas que van desde el Instituto Federal Electoral (hoy INE), Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales hasta el Sistema Nacional Anticorrupción; esfuerzos que pueden leerse como una ciudadanización del gobierno, o bien de la creación de contrapesos políticos que acoten al régimen político. Un régimen compuesto ya no sólo por la dupla PRI-PAN, sino ahora se le suma el viejo partido de izquierda PRD, que se ha convertido en la franquicia de grupúsculos, hordas voraces que como prostitutas se venden al mejor precio.

Dicho régimen político, compuesto de élites que de ser miembros de las clases medias bajas y altas, pasaron a tener cuentas millonarias y enumeran propiedades que con sus ingresos como empleados públicos de élite nos son explicables. Solo la corrupción y la prebenda puede revelar el enriquecimiento de las élites mexicanas, el robo de estos tragaldabas al presupuesto público ha significado el incremento de la desigualdad. Por cada peso que estas élites malversan de las arcas públicas el régimen produce miles de mexicanos en la pobreza. No es casual que en el actual sexenio el número de mexicanos en la pobreza se haya incrementado gravemente, llegando a ser, según una proyección de la revista Forbes, en el 2017, 57 millones de mujeres y hombres en la pobreza.

Mientras la presidenta del PRD, la azafata Alejandra Barrales compra –a pagos- un lujoso departamento en Miami; mientras el presidente, el burro de Peña, ostenta casas millonarias en las Lomas; mientras el aprendiz de canciller reporta cuantiosas propiedades; mientras el virrey del Mazo engaña con el valor de sus mansiones, mientras Ruiz Esparza reparte un millón por vida humana, para encubrir sus hurtos; mientras el gobernador Padres robaba impunemente, como los Duarte… hay 57 millones de mexicanos en la pobreza. Ellos merecen la riqueza, como los zoquetes a los que engañan la miseria.

La corrupción se ha vuelto un espectáculo fantasmagórico, las denuncias que ONG’s y periodistas hacen de ella han generado una normalización de la misma, relativizándola al extremo que se piensa que corrupción y política son un binomio inherente. No se trata necesariamente de que los medios de comunicación, los periodistas y los organismos no gubernamentales dejen de hacer su tarea, sino que ella tenga efectos en el espacio público.

En tiempos de Calderón Hinojosa se escuchaba el clamor, roban igual que los priistas, solo que no comparten. De acuerdo a la encuesta nacional sobre la cultura política y la percepción que los ciudadanos tienen de ella Los mexicanos vistos por sí mismos (INE/UNAM 2014), los partidos políticos, los diputados y senadores, el presidente de la República, la policía los gobiernos estatales y la policía, fueron instituciones que los mexicanos reprueban, su confianza se asienta en la familia y los vecinos.

El espacio público mexicano está minado, los ciudadanos están alejados de la política, no les interesa mayormente, mientras no interfiera en su ámbito cotidiano. Los políticos que le dan corporeidad a las instituciones se ha dedicado a socavarlas, asaltándonos sistemáticamente. La actual clase política es una camarilla de hambrientos delincuentes, 16 gobernadores están siendo procesados por malversación de recursos públicos, pero sólo una minoría caerá tras las rejas y regresará lo que sisó. El ladrón y cínico Duarte, sonríe a la cámara y ejecuta un papel en el simulacro de la justicia mexicana. ¡Cámara… acción!, el delincuente se sabe impune, porque tiene un pacto de complicidad con el burro de Peña, compartieron el botín, el ladrón sabe que su costoso equipo de abogados lo dejará en la impunidad. El corrupto Duarte se burla sistemáticamente de los mexicanos porque sabe que somos unos bobos, porque se sabe intocable.

La doctora, politóloga, investigadora y ciudadana Jacqueline Peschard Mariscal, a propósito del Sistema Nacional Anticorrupción, señaló en entrevista con la premiada periodista Carmen Aristegui, que los políticos “no tienen ganas de combatir la corrupción”, no hay ningún incentivo; y sobre todo, no hay una “sociedad civil fuerte, robusta que sea exigente contra la corrupción”. Las palabras de la politologa son certeras, los políticos no van a cambiar las reglas del juego que sistemáticamente les ha beneficiado, desde el presidente de la República, hasta el funcionario municipal, pasando por los partidos políticos, jueces y policías.

El combate a la corrupción, así como la transformación o creación de nuevas instituciones acorde a una sociedad diametralmente distinta, debe provenir de la misma sociedad, de la academia, especialistas y periodistas. La sociedad en conjunto deberá asumir su reto histórico, no son tiempos de apoltronarse en la familia y en el barrio, son tiempos donde la familia y el barrio deben hermanarse y parar la barbarie a la que sistemáticamente nos enfrentamos, no podemos seguir volviendo la anormalidad como normal. La política es el espacio para transformar las cosas, así lo creían los mexicanos en 1957, cuando 57 por ciento de los entrevistados lo afirmó. Así lo indica su respuesta en 2014 cuando 41 por ciento mantiene la apuesta.

Las instituciones han fallado, lo mismo el INE contabilizando gastos de campaña que votos, lo mismo el sistema de justicia que no le interesa ver al delincuente Javier Duarte tras las rejas… las evidencias de nuestra crisis institucional, también pasan por los más de 200mil muertos en la guerra contra el crimen organizado y tienen su corolario en los 57 millones de mexicanos en la pobreza. Estos son los retos de nuestra generación, o los asumimos como propios, o estaremos como algunos piensan el país que se lo llevó la chingada.

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