Por Roque Juan Carrasco Aquino
“La virtud de un partido político de izquierda está en su esencia radical para transformar las relaciones sociales explotadoras y castrantes de la democracia. En tanto, la democracia y el “centralismo democrático” verdadero está en la colectividad mayoritaria y sin presiones directas en contra de la libertad de opinión y disertación crítica. La lucha de los pueblos es por la emancipación y el control comunitario de los medios de producción. De lo contrario la política de clase burguesa oprime la organización independiente de los pueblos”.
Los tiempos del momento nos incita a demostrar que el pasado es historia en constante transformación. Es, al mismo tiempo, una senda a recorrer, pero sobre la base de la misma historia, sólo que radicalizada y transformadora para comprender el presente y proyectarnos hacia el futuro con objetividad, al tiempo materializar hechos radicales de la realidad.
En esa perspectiva de la radicalidad, la comprendemos cómo buscar las contradicciones a partir de sus interrelaciones sustanciales; por supuesto, con la totalidad concreta en el contexto de la práctica de lo real en la verdad materialista.
Sobre los hechos que hemos estado criticando en los círculos de camaradas, movimientos sociales independientes, organizaciones diversas, entre militantes, y finalmente con los pensamientos derivados de la academia crítica y revolucionaria, nos hemos preocupado un tanto por las dinámicas antidemocráticas y de arribismo de exfuncionarios del régimen neoliberal y exmilitantes del Prianismo en lo fundamental.
Hoy en día se agudizan esas contradicciones irreconciliables entre los verdaderos demócratas y el oportunismo del viejo partido saqueador y traidor al pueblo de México. Aspecto criticado severamente entre militantes de Morena. Sin embargo, las protestas y descontentos al interior del Movimiento de Regeneración Nacional son calladas, minimizadas, expulsadas y castigadas por la dirigencia, en confabulación con los llamados “chapulines”.
Caso como el reciente hecho de la gobernadora de Campeche al llamar a un panista para participar en su gabinete para dar continuismo en la malversación del presupuesto y expandir la corrupción, características del panismo en sus quehaceres políticos y las extorsiones como parte de la vida cotidiana del Prianismo devastador de lo público.
Estos brotes, entre otros, generan enfados y niegan el origen de Morena en la vida democrática del país. Esa es una de las razones por las que el Movimiento está en peligro de convertirse prácticamente en el brazo derecho del Prianismo corrupto con sus vicios de continuismo y pillaje del patrimonio nacional.
Se ha evidenciado en estos últimos meses en precampaña y durante el proceso electoral las inconformidades de la militancia morenista. Agudizándose más al incorporar a personajes indeseables del panismo conservador corrupto y rancio, camuflado del Prianismo, en las diferentes instancias del quehacer de la política sin consenso.
En las diputaciones, senadores, presidentes municipales, en las Secretarías de Estado, así como en puestos clave de la economía y en el aspecto social de México; es decir, como piezas pragmáticas de la política oportunista chapulinera.
Pareciera que, con estos enfermos de poder y del dinero, vendrían a colaborar de manera consciente, solidaria, transparente, transformadora y con visiones de rescatar al país del saqueo y del dispendio de los recursos. Por supuesto es todo lo contrario.
Basta con observar en la primera etapa de la Cuarta Transformación (4T) al incorporar a panistas recalcitrantes y embusteros como a Germán Martínez o a Lily Téllez, entre otros chapulines intencionados de afiliarse camuflados de demócratas para abortar los primeros pasos de la 4T.
Aún en las imposiciones de los candidatos para participar en puestos de elección popular y de la bendición de la dirigencia Morenista se imponía la lógica del supuesto “integremos”, no “dividamos a Morena”, “sumemos fuerzas”, entre tantos adjetivos ilusos, pequeños burgueses y colaboracionista de clases y de racismo estaban a la orden día.
Amañados procesos para incluir a sus amiguetes, compadrazgos, así como compromisos de cúpulas y arribistas para continuar con el pasado de corrupción.
Eso identificaba a los antiguos vicios de los integrantes del viejo régimen y de la clase política adicta al robo, extorsiones, a la coexistencia de componendas y acuerdos mafiosos para continuar con las anquilosadas prácticas antidemocráticas que iban a sostener a Morena.
Entre otros sermones del líder que veía la salvación del país al incluir a los corruptos y traidores, excluyendo al tiempo, a los verdaderos defensores de la democracia, al pueblo y los recursos nacionales. Es decir, los militantes morenistas eran y son excluidos en la toma de decisiones. El argumento infantilista es porque son radicales, subversivos, críticos, antisistémicos y marxistas. Entre otros epítetos de la clase burguesa enquistada hoy en la 4T.
De seguir con esa tendencia de apapachar a los Prianistas hambrientos de dinero, de recursos y de hipotecar al país, ahí están confabulando contra la 4T y denostando constantemente a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Ahora, no sabemos si en el escenario de chapulines Morena se convierta al decir de algunos analistas que será el nuevo PRI, adaptándose a la realidad a modo; asimismo, a los nuevos tiempos de la corrupción rosada, el entreguismo del patrimonio a las transnacionales; esto implicaría que la clase política fortalecida y diseñada por empresarios y capitalistas den el salto para volver a la toma del poder social, económico y político con la intención de rematar al país en manos del imperialismo gringo y del capital global.
Deseamos no suceda esta tragedia dirigida hacia el pueblo de México; al tiempo rechacemos esas intentonas de integrar a corruptos sobre la base de acuerdos nefastos y corporativos a los Prianistas en puestos clave de la política nacional en detrimento de la sociedad en general.
Por ello, es importante en el presente debatir, cuestionar, reorganizar y volverse subversivo frente a las decisiones de cacicazgos que llevan al país al círculo vicioso del entreguismo y el saqueo rapaz de la derecha con su brazo electorero del PriAn.
Contra ellos significará reivindicar la izquierda revolucionaria para sacudirnos de la corrupción, del continuismo despótico trasnochado y de los oportunistas trepados en el vagón de la transformación. A luchar en contra de los depredadores de las mentes revolucionarias y de la crítica radical. Porque la radicalidad implica transformar desde las raíces del fenómeno y desterrar a los corruptos del escenario morenista revolucionario.