MORENA y su farsa política: ¿Radicalización o derrota progresiva?

Por Víctor Del Real Muñoz

La historia de la política internacional ha demostrado que la socialdemocracia liberal, que falsamente se asume como de izquierda, y que de manera retórica muestra un interés mentiroso por las masas mayoritarias, sin identificarse del todo con la causa obrera anticapitalista, porque al final de cuentas defiende la propiedad privada y las leyes del capital, tiende al fracaso en su proyecto político a largo plazo.

          Y es que un factor esencial para los sobrevivencia de un proyecto político dentro del capitalismo son los ciclos económicos en los que se va desenvolviendo la acumulación de capital durante un tiempo determinado, y cuando los ciclos económicos son adversos o caóticos, y ponen en riesgo los patrones de acumulación de capital de los circuitos de negocios más importantes a nivel mundial o de un país en concreto, hablamos de la ÚNICA causa que recompone el ciclo de permanencia de un proyecto político y reforma a conveniencia todo lo que desde el Estado se da hacia la sociedad.

           En ese sentido, es que podemos explicar la decadencia de la social democracias liberales de izquierda que existían en América Latina hasta hace una década y que hoy lucen debilitadas y caóticas y sin nada a favor, tanto por la desestabilización estadounidense, así como por la sumisión a los intereses de capital provenientes de China, que en esta región de la América Latina se tuvieron.

          Y en México, a pesar de la simpatía que MORENA tiene con las autoridades del gobierno chino y ruso en la falsa retórica de la izquierda progre, pero que en lo concreto la sumisión hacia la voluntad económica y política de los Estados Unidos permanece igual que como siempre ha sido desde la etapa neoliberal y desde la formación original del Estado mexicano en la línea histórica del país, MORENA no está exenta de la particularidad descrita anteriormente.

          En la manera de hacer política y en los recursos demagógicos y retóricos en pro del discurso y en los documentos centrales en la praxis de MORENA encontramos las formas convencionales de un partido que responde a los intereses del capital, porque también MORENA es ajena a la voluntad obrera de remover el capitalismo como modo de producción, y en MORENA han entrado personajes siniestros provenientes de otros partidos o contradicciones políticas bastantes contrarias al interés de la clase trabajadora con un corazón neoliberal y con la mentira y el cinismo falso del político burgués promedio.

          Es obvio que en las convicciones de MORENA no está la transformación radical de la sociedad mexicana con miras a sentar un precedente de cambio revolucionario hacia el mundo que pudiera influir la organización proletaria y la dirección horizontal de las masas, no, por el contrario, MORENA repite los mismos vicios de la política capitalista de siempre con liderazgos disfrazados de amor por el pueblo y pregonando una retórica de justicia social y convicción popular, pero donde no se le toque un pelo al daño a otros que este sistema económico ejerce sobre la sociedad.

          El maltrato retórico y hasta mediático que sufrieron recientemente los profesores que coparon la plancha del Zócalo y varios puntos de la capital de la República es un indicador más que concreto del repudio que MORENA tiene por la clase trabajadora, así también, la forma tan blanda y mezquina en que el Estado ha llevado a cabo la política del establecimiento de la ley de las 40 horas.

          Los liderazgos políticos de MORENA no tienen antecedentes ni en huelgas ni en movimientos estudiantiles de bajo perfil, ni en movimientos, obreros en general, más bien, a MORENA lo definen liderazgos populares que tienen una retórica mentirosa de enamoramiento por un discurso de convicciones populares que se circunscriba en el funcionamiento capitalista.

          En ese sentido, podemos concluir que si MORENA no radicaliza su dirección política con mayor fuerza en direcciones obreras y con una línea más anticapitalista, pasará la historia como un partido más en México y en el mundo, y tendrá una fecha de caducidad que en el largo plazo se constatará por dentro de su estructura partidista o simplemente perdiendo las elecciones, como casi siempre sucede.

          Así podemos ver hoy en día la división interna que tiene el partido justicialista en Argentina con las fuerzas kirchneristas diezmadas, revueltas, sin mucha dirección, aunque con un fuerza aún presente por parte de Cristina Fernández, quien hoy está presa en su casa.

          Así también podemos comprobar el debilitamiento político y estructural del movimiento correísta en el Ecuador y las convulsiones del proyecto político de Evo Morales en Bolivia, con una ruptura muy concreta con el actual presidente Arce y los diversos vaivenes que ha tenido Uruguay o Chile, en donde la indefinición radical le permite al capitalismo adaptar a modo la retórica socialdemócrata y triunfar sobre el escenario político, como siempre sucede.

          En México, si bien MORENA tiene una fuerza política más que comprobada y no se ve ni en la oposición ni en la ciudadanía con pautas liberales de la política una opción distinta que pudiera poner en aprietos a MORENA en futuras elecciones, las grietas de MORENA pueden aparecer por dentro y dinamitar este proyecto político por muy adentro desde sus estructuras y liderazgos internos, en tanto no exista una visión radical que conduzca hacia la emancipación proletaria.

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