La portada de The Economist 2017: ¿Burla, fascinación, o mensajes escondidos?

 

 

 

 

 

Por Jorge Eduardo Jiménez

 

Cada fin de año, la revista The Economist publica un número con las proyecciones y la agenda económica, política y financiera, de cara al próximo ciclo solar.

 

De unos años para acá, los editores de la revista han armado en las  portadas de esos números especiales, ilustraciones que han puesto a girar a medio mundo, con mucha gente tratando de hacer interpretaciones, ver símbolos de múltiples significados y encontrar mensajes escondidos en el arte de la cubierta.

 

Y este año, periodistas y artistas de la publicación lo vuelven a hacer, con unos resultados realmente interesantes. En la edición dedicada al año 2017, esta vez aparecen ocho cartas de un tarot muy particular que intenta descifrar lo que The Economist llama «El Planeta Trump».

 

Al instante, han surgido multitud de artículos en medios alternativos que pretenden encontrar hasta profecías en la portada de The Economist dedicada a 2017.

 

La mayoría de estos artículos aparecidos en las webs más variopintas o hasta en medios corporativos,   se toman a sí mismos demasiado en serio y por ende, se toman la portada de The Economist demasiado en serio. Nosotros pensamos que el equipo editorial y de arte de la revista británica simplemente se divirtió de lo lindo armando su cubierta, haciendo un poco de humor ante un panorama que no luce demasiado esperanzador.

 

Cierto, nadie podría dudar que la portada está llena de símbolos interesantísimos, en los que realmente vale la pena sumergirse un poco. Por eso, en este post, vamos a ir hacia las profundidades de estos símbolos, lúdicos e inquietantes.

 

No podemos acreditar a The Economist con la capacidad  de predecir el futuro por supuesto. No  hace falta sino echar una mirada a la portada del número de hace un año, dedicado al año 2016, para darse cuenta de que por ningún lado aparecía Donald Trump, quien resultó un protagonista del año que ahora termina.

 

EL TAROT

 

No sería mala idea que surgiera un nuevo género de análisis político, que utilizara cartas del tarot, rediseñadas como éstas, para diseccionar la realidad del mundo. Al menos sería más divertido que leer los mamotretos que hoy abundan por parte de «expertos».

 

El tarot puede ser nada, una distracción nimia e inútil, o lo puede ser todo. Para algunos, el tarot es un libro, un libro con páginas movibles, que también es un juego, un libro-juego cuyos símbolos pueden rastrearse hasta las culturas más antiguas de la humanidad, como la egipcia, pero que también pueden desenterrarse de lo más recóndito de la mente humana, si hacemos caso al concepto del «inconsciente colectivo», del psiquiatra suizo Karl Gustav Jung.

 

Dicen los entendidos en artes ocultas que artilugios como el tarot sólo pueden ser leídos correctamente por algunos talentos escogidos, de almas prístinas. Quién sabe, seguramente no, seguramente algo como el tarot sea un simple juego de símbolos capaces de disparar resortes de entendimiento y comprensión que no surgen con herramientas más cuadradas, como la escritura llana y prosaica.

 

En fin, dejemos a un lado el rollo y hagamos un ejercicio de interpretación del tarot que intenta descifrar  «El Planeta Trump».

 

Alguien echó estas cartas en una mesa llena de estrellas del universo y salieron estos ocho «arcanos mayores», que son las cartas del tarot que contienen los grandes secretos del universo y del mundo.

 

Interpretemos pues, cada una de estos arcanos.

 

LA TORRE

 

 

Hay en el tarot tradicional una carta básicamente parecida a esta, pero la de The Economist es más interesante. Una torre es símbolo y manifesta ción del ingenio y poder humanos, pero también de su soberbia. El personaje del año 2016, escogido así por varias revistas prestigiadas, se caracteriza, por tener especial fascinación por construir torres, a las que acto seguido pasa a ponerles su nombre; ni siquiera el constructor de Babel llegó a tanto.

 

El rayo que destruye la torre de la carta representa al poder de Dios, esa fuerza innegable que puede tener también otros nombres. Se trata pues de un inmenso poder que echa abajo el producto de la soberbia ingeniería humana.

 

Curioso que la torre de la carta tenga al símbolo de la cruz justo encima de la puerta de entrada, y que en ésta, se encuentre clavado un cartel que intenta avisar de algo. De inmediato, surge la referencia de las tesis que Lutero clavó a las puertas de la iglesia del Palacio de Wittenberg en 1517, hecho que este 17 cumplirá 500 años. ¿Se está anunciando así una nueva «Reforma», reeditada y readaptada para este siglo XXI? Muchas mentes ilustradas han dicho ya que estamos viviendo exactamente eso, una «Reforma», que como aquella, lo está siendo en muchos aspectos de la vida humana: del conocimiento, de la religión, de los descubrimientos, de la expansión de la mente, de la crítica y de la revolución armada.

 

Eh, pero he aquí que este desastre de la torre está flanqueado por dos multitudes. La de la derecha enarbola al Cristo crucificado, mientras que la de la izquierda al símbolo dorado del trabajo: la hoz y el martillo, sobre un campo rojo sangre. Por cierto, en el 2017 que llega, se cumplirán 100 años del triunfo de la revolución Bolchevique en Rusia, que enarboló esa bandera.

 

Dos «religiones», una espiritual y otra secular que en muchos sentidos se han contrapuesto.

 

Vemos que estas multitudes están en una actitud eminentemente política, en la marcha o manifestación como decimos en México, sin embargo, no están peleando entre ellas. Y es que en un nivel más profundo, tanto el Cristo clavado a la cruz, como la hoz y el martillo representan a los desposeídos de la tierra, o más bien a sus luchas.

 

El lector tendrá la mejor opinión, pasemos al siguiente arcano:

 

EL JUICIO

 

 

Hay en el tarot tradicional un arcano mayor que se llama igual «El Juicio», pero es distinto al que aquí aparece. La figura en esta carta de The Economist tiene más parecido con los arcanos llamados «La Emperatriz», «El Emperador» o «El Papa».

 

Evidentemente aquí, el equipo de la revista está echándose  una buena humorada, riéndose de Donald Trump y de todos nosotros. Hemos llegado en este mundo, al punto en que un personaje así, un maestro del show, un apostador, ocupa o aspira a ocupar el trono que corresponde desde antaño al Imperator, al César, al Líder –en alemán, Fuhrer–, al Comandante, aquel que está por encima de todos los reyes para imperar sobre el globo entero. ¿Caerá el trono del César tan bajo como con Calígula o Nerón, o se elevará a las alturas de Trajano o Augusto, o será debut y despedida de ese trono reeditado?

 

No sé ustedes queridos lectores, pero después de la risa, la sensación que me quedó tras ver esta imagen, es de asco.

 

Continuando con los símbolos, es curioso que Trump está echado justo encima de Norteamérica, con nuestro querido México en primer plano, a sus pies, podríamos decir, mientras que su capa imperial, que es una bandera de su país,  cubre la totalidad del «Mundo Viejo», mientras el hemisferio sur permanece en las sombras. ¿Qué nos estarán queriendo decir esos de The Economist?

 

EL MUNDO

 

 

 

Esta carta del tarot de The Economist representa las cosas buenas de nuestro mundo humano. Vemos que las maravillas humanas están colocadas sobre lo que parece ser un mundo Mediterraneo, con su mar central rodeado de masas terrestres sobre las que se levantan símbolos de grandes culturas: un templo griego, otro romano y una pirámide egipcia; y sobre éstas, símbolos de nobles actividades humanas, como el conocimiento, la ciencia, la tragedia, la comedia, el arte. Son el tipo de cosas que pueden estarnos diciendo que la humanidad aún tiene esperanza y que tenemos dónde buscarla.

 

EL ERMITAÑO

 

 

 

El ermitaño representa la sabiduría que de tan sabia, se esconde en sí misma para preservarse. Con su pequeña lámpara tiene la esperanza de iluminar lo que le rodea, pero su llama es endeble ante la oscura noche, afectada además, por un eclipse en lo alto. Un elemento que seguro no se encuentra en el tarot tradicional, es la multitud, que de nuevo marcha; son los desposeídos de la Tierra, que repudian al TTIP, al TTP y a la UE, siglas todas de una estética muy dudosa. Esta multitud entra en los terrenos del ermitaño. Allí, seguro son invadidos por ideas de que es mejor enconcharse en sí mismos, que abrirse de capa y espada, con inocencia, ante el peligroso mundo oscuro.

 

Interesante detalle: el globo terraqueo de la esquina inferior derecha. Parece que la escena de la carta tiene lugar en una grieta que se abrió en la mismísima Tierra, una grieta que atraviesa al país del personaje del año.

 

LA MUERTE

 

 

Dios quiera que en efecto, este tarot de The Economist no sea profético. Bueno, no se necesita ser un genio para hacer un compendio de los horrores que penden sobre la humanidad. Ahí mismo están retratadas el peligro nuclear, la peste, la sequía, la muerte de toda vida, mientras en el suelo yacen pedazos de oro, tan bonitos como inútiles. Detalle interesante: el sol, a lo lejos podría ser un sol naciente, un sol de oriente. Lo digo porque ese sol con sus rayos se parece al que se representa en la bandera que utilizaba el Japón en su no tan antigua época guerrera. ¿Estará The Economist insinuando que el peligro atómico latirá desde aquel lugar que llamamos «el Oriente»?

 

EL MAGO

 

 

Este mago es chingón, como decimos en México. Con su soberbia mano derecha en alto, anuncia que es capaz de dominarlo todo; mientras que sobre su cabeza pende el símbolo del infinito sin límites (perdón la reiteración). Y sobre su mesa de trabajo, uno de tantos actos de magia de los que es capaz, en este caso una súper impresora en 3D, de donde salen casitas en serie. Nunca antes las artes mágicas habían sido tan impresionantes.

 

Es curioso que este tarot no haya incluido a los actos mágicos de la tecnología entre las maravillas humanas que aparecen en la carta de «El Mundo». ¿Será porque está magia puede ser tanto una bendición como una maldición?  ¿Será porque la magia no siempre es benéfica?

 

LA RUEDA DE LA FORTUNA

 

 

Ah la vieja Europa, desde hace años parece un desastre y una tragedia a punto de ocurrir. The Economist, formalmente es una revista británica, isleña, y en esta carta, sus ilustradores y editores se burlan de los políticos del “continente”. Vemos una representación de Angela Merkel, canciller alemana y candidata para las elecciones a celebrarse entre el 27 de agosto y el 22 de octubre; también tenemos a Marine Le Pen, candidata para las elecciones en Francia, que se celebrarán entre el 23 de abril y el 7 de mayo; y también a Mark Rutte, el candidato para las elecciones holandesas, a celebrarse en marzo.

 

Merkel, la campeona del liberalismo, Le Pen, una derechista amiga de Donald Trump y Rutte, otro liberal. Ya no importan tanto las tendencias políticas, parece decirnos la revista con su tarot. Igual todos esos europeos están atados a una rueda de la fortuna que también es de la tortura, amarrados a un aparato que alguien parece controlar con una manivela. ¿Quién controla esa manivela? ¿Acaso los controladores son los miembros de la élite a la cual de algún modo representa The Economist? Nosotros pensamos que así es.

 

Si algún liderazgo anda por la peor calle de las amarguras son los liderazgos europeos. Esos británicos, ya ni la burla perdonan.

 

LA ESTRELLA

 

 

La última carta de esta mano de tarot parece ser por un lado una carta de esperanza. Y esta esperanza está encarnada en las nuevas generaciones, a juzgar por los 14 rostros jóvenes que se encuentran dentro de igual número de estrellas de ocho puntas. Hay otras diez estrellas blancas, más pequeñas al fondo. Les dejamos a los astrólogos y a los numerólogos la interpretación de dichos elementos.

 

Tal vez las nuevas generaciones sean la esperanza del mundo, pero he aquí que el planeta que se ve en la carta, está desolado, completamente desierto, como los mundos del sistema solar que no albergan vida.

 

Quizás al futuro de la humanidad habría que buscarlo en el espacio exterior. Ojalá que no, ojalá haya planeta Tierra para rato, y ojalá que por ahí de febrero, estemos hablando de otras cosas, que no sean el «Planeta Trump».

 

 

FIN

 

 

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