La otra izquierda revolucionaria repensando otra realidad

Por Roque Juan Carrasco Aquino

“La conciencia de clase no se delimita a redundar en elementos cuantitativos para ofuscar la esencia de la lucha social; no es la apariencia de tumultos sin dirección lo que determinará la transformación; sino el programa concreto de consenso y materialista emanado de las luchas revolucionarias lo que transformará de raíz el sistema opresor”.

No es nostalgia ni es melancolía por el pasado per se, sino es la realidad la que arrastra iconos, ortodoxia, miedo, donde la subjetividad anquilosada se esfuma; ya no es posible observar intacto los acontecimientos, el devenir es exigente. Más allá de la preparación organizada de conceptos. Sólo queda repeler las calumnias, el clasismo, el odio burgués antinacional. 

     Asimismo, replicar provocaciones del actual sistema en crisis es contestataria. Empero, ¿qué hacer con la derecha fascista en todas sus versiones infiltradas en los pensamientos libertarios? No obstante, la reorganización de militantes revolucionarios de la verdadera izquierda es la apuesta del presente.

     En estos meses de arduas luchas ideológicas, de percepciones internacionalistas, anticapitalistas, contra el fascismo, las ideas democráticas permean en las conciencias; luego, entre disputas, movilizaciones y organizaciones sociales verdaderas, la consigna reivindicativa se elevó contra las reminiscencias de gobiernos neoliberales; a pesar de los pesares, se logró. Y no es nada fácil para quienes arriesgaron sus vidas. 

     Desde hace décadas vivimos la represión, el acoso, las desapariciones forzadas, los asesinatos y la cooptación directa e indirecta para los supuestos izquierdistas de ocasión. 

     Esa era la lógica de aquellos tiempos que, en ese transcurrir de la odisea histórica, pareciera quedarse en el olvido de la sociedad. No obstante, en esta temporada de incertidumbre de traidores y conservadores trasnochados engullen sueños y realidades distintas a sus objetos mercantilistas. Devoran ambiciosamente el sentir popular, cosifican anhelos colectivos y rentabilizan la verdad materialista. 

     El ideal revolucionario de la verdadera izquierda no se comulga entre pseudo izquierdistas de confort para convertir en mercancía rentable el espíritu revolucionario; esa idea sólo está en manos de meros panfletos descontextualizados.

     En tanto, académicos de ostentación y oportunistas simuladores de cátedras, en la actualidad se reducen pragmáticamente en verborrea decimonónica; al tiempo, desean interpretar, cosmetizar, leer y oír el mundo al revés. Es decir, a la usanza de los titiriteros, ufanadores supremacistas, pues sus hechos inconcebibles son de carne y hueso; de simpleza, vendiéndose al mejor postor. 

     Es entonces cuando vuelve a surgir una nueva clase política de prianistas, enquistándose por encima de las decisiones morenistas para asumir cargos etiquetados con beneplácito de cantidad en simples números de votos.

     No obstante, la izquierda revolucionaria está distante de estos acuerdos de directivos electoreros; se les niega sus propuestas críticas y radicales; aunado a que la izquierda verdadera está en contra de las componendas entre direcciones partidistas y los enjuagues burgueses del pasado. 

     La dirigencia dominada por prianistas, se impone sometiendo la alternativa obrera como un pasado de moda y de pretextos porque “las condiciones materiales” aún no están listas para transformar ni echar de Morena vicios y guetos en la dirección morenista; sobre todo, a los prianistas y oportunistas mercantilistas. 

     Mientras la dirigencia morenista no prepare a sus verdaderos cuadros revolucionarios, los arribistas neoliberales se apropiarán de las Secretarías de Estado para el regreso sin gloria del gobierno de la 4T. Ese es el riesgo de ceder ante personajes desacreditados por la sociedad y reconocidos como traidores de México. 

     En el caso de Morena, militantes y simpatizantes rondan en sus mentes la decepción al percibir el horizonte de izquierda un enjambre de chapulines codiciosos y ansiosos por reaparecer en sus andanzas corruptas y a enriquecerse del erario de manera ilícita. Al tiempo, permitir un florecimiento neoliberal autoritario, vengativo y roedor de la libertad de pensamiento crítico materialista; asimismo, rabiosamente al contrarrestar negando los logros de la Cuarta Transformación (4T). 

     La oposición en este sentido desacredita, descalifica, calumnia, se mofa y atiza la lucha de clases; en santa alianza con los medios de desinformación arremeten con el papel nefasto de relatar falsedades y mentiras contra el pueblo. Enfrenta violentamente a las luchas sociales obstruyendo las conquistas democráticas. 

     De retornar a la corrupción bajo las políticas neoliberales, se corre el riesgo de retroceder las conquistas sociales. He ahí que el capitalismo retomará su autoritarismo, represión, explotación y acumulación de capital. El hilo de la socialización de victorias sociales se derrumbarán con el regreso del bodrio de la derecha prianista.

     Podemos aventurarnos de manera superficial al plantear que, desde el triunfo de la izquierda en estas condiciones, ahora, llamaré acciones de primera fase sobre la base de un programa mínimo. Es decir, se intenta la democratización de la política; pero, no sobre decisiones de las más comprometidas. 

     Por ejemplo, una dirección revolucionaria para dirigir verdaderamente obligaciones delineadas por las ideas clásicas. En tanto, directamente materialistas y necesarias: control obrero de la producción; dirigencia política de consenso y democrática con trabajadores en puestos clave (claro, no chapulines camuflados); preparación de cuadros críticos, conscientes y comprometidos con la transformación de las relaciones sociales de producción, esclavitud salarial y jornales anquilosados por otra alternativa revolucionaria.

     Con base en esta tendencia dialéctica, quizá como una primera aproximación de los procesos para avanzar, podemos mencionar tres elementos imprescindibles: primero, reabrir la discusión en torno a las necesidades del pueblo, sus preocupaciones inmediatas, sus soluciones y la organización democrática en la toma de decisiones de consenso y no de cúpula.

     Segundo, reagrupar a la verdadera izquierda para la formación y consolidación de cuadros ideológicos respaldados bajo la conciencia revolucionaria fieles a los debates con un sentido crítico y propositivos.

     Y, tercero,  desmitificar a los supuestos izquierdistas que, al llamado de una tendencia hacia la socialización de la producción confunden con la requisición de bienes privados; se niegan a continuar de la teoría a la práctica revolucionaria; le temen a las transformaciones de los medios de producción; repugnan contar con el legado de la democracia y el papel histórico de la clase trabajadora en la producción, consumo, distribución y circulación de los bienes y servicios producidos colectivamente.

     Esa izquierda oportunista y arribista, de la mano y en lo oscurito, negocian para ceder en esta hipócrita corruptela de explotación. De la misma manera, se alían a la derecha fascista, a la oposición traidora y a los prianistas para ocupar puestos de dirección y traicionan al pueblo. 

     Además de negociar sus intereses, terminan por vender principios y aceptar deslealtad, taponando luchas antisistémicas, antifascista, anticapitalista, y se subordinan a la lógica capitalista. Esos no son de izquierda, esos son los nuevos rostros del capitalismo; rentabilizan las luchas reivindicativas contra la explotación y aprueban sin rubor ni conciencia de clase los deseos hambrientos burgueses capitalistas.

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