La orfandad de México en América Latina

Por Isabel Uribe

Foto: Edgar López

Es viernes 27 de enero de 2017 y parece que México camina solo en esta nueva realidad en la que Estados Unidos tiene como presidente a Donald Trump. A una semana de haber asumido la presidencia, no ha habido país más vilipendiado ni degradado que México en los discursos del magnate.

A los mexicanos los ha llamado “criminales”, “violadores” y “narcotraficantes”. Pero la firma de una orden ejecutiva para destinar fondos y comenzar la construcción de un bloque fronterizo que dividirá a ambas naciones, ha profundizado esos agravios.

Además de anunciar deportaciones inmediatas, a México  le exige solventar la construcción del muro. “México pagará”,  asevera incendiario Donald Trump ante los aplausos de sus simpatizantes. Por si no fuera suficiente, en medio de una gresca inaudita con su homólogo Enrique Peña Nieto, la Casa Blanca anuncia que se prevé financiar el muro a través de un impuesto a importaciones mexicanas.

En medio de tuits, y dimes y diretes de ambos mandatarios, el periódico español El País, en su edición del 26 de enero, reclamó a modo de editorial la ausencia de una voz alta y clara por parte de Europa y sobre todo de América Latina, en defensa de México.

Unas horas antes de iniciar en República Dominicana el encuentro de los 33 líderes que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el gobierno mexicano decide cancelar su asistencia por cuestiones de agenda interna, según informó en un breve comunicado la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Con su ausencia, el Ejecutivo mexicano perdió la oportunidad de hablar ante una tribuna donde dignamente pudo responder al magnate, y no sólo eso, también lograr una condena unificada de la región más importante de habla hispana.  Con su ausencia, la perdió. En una crisis se toman decisiones, o no.

Durante la inauguración del encuentro el presidente cubano Raúl Castro omitió cualquier referencia a nuestro país, al igual que el mandatario anfitrión de República Dominicana. Hubo referencias tibias al momento, una condena generalizada a la criminalización de la migración. Nada más.

Michelle Bachelet parece bastante ocupada atendiendo la emergencia que han ocasionado los incendios en su país. El argentino Mauricio Macri se ha limitado a decir que Argentina y Estados Unidos tienen un enorme camino por recorrer. México parece gritar en un pozo sin fondo.

Cuentan qué en la segunda mitad del siglo XX, México lideraba a los países de la región. Ahora hay una generación que no vivió esta circunstancia. Por el contrario, han atestiguado en los últimos tres sexenios la consolidación del alejamiento oficial de América Latina.

Acontecimientos vergonzosos rediseñaron la nueva política exterior mexicana: la ruptura diplomática del gobierno de  Vicente Fox con Fidel Castro en el año 2002, fue el inicio. Los agravios fueron in crescendo en el año 2010 con la matanza de 72 migrantes, 58 hombres y 14 mujeres provenientes de Centro y Sudamérica en la localidad de San Fernando, Tamaulipas. Al día de hoy, no hay ningún sentenciado por el caso.

El territorio azteca se volvió hostil y oscurantista para los migrantes de Centro y Sudamérica, quienes a su paso por nuestro país, son víctimas de las extorsiones, secuestros y homicidios de grupos criminales, pero también de organismos gubernamentales. La situación ha sido calificada como “un holocausto”, por el defensor de derechos humanos, Alejandro Solalinde.

¿Tiene México calidad moral para exigir un apoyo que su gobierno negó a decenas de familias hondureñas, salvadoreñas, guatemaltecas, ecuatorianas y brasileñas? ¿Por qué reclamar el silencio colombiano si Felipe Calderón decidió no acompañar a Juan Manuel Santos en el proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuando éste lo solicitó?

La política exterior mexicana se ha pulverizado. No hay políticas firmes en materia internacional. No las hubo con la destitución en agosto pasado de la presidenta de Brasil, Dilma Roussef. Ni siquiera la anexión ilegal de Crimea a Rusia valió un pronunciamiento firme de la secretaría de Relaciones Exteriores, liderada entonces por José Antonio Meade.

El mandatario boliviano Evo Morales, a través de su cuenta de Twitter, ha escrito: “Hago un llamado a nuestros hermanos mexicanos a mirar más al sur; construir juntos unidad en base a nuestra identidad latinoamericana y caribeña”.

El gobierno mexicano se ancló demasiado al norte. Se aferró a un socio único. Se alineó a un Tratado de Libre Comercio que lo acercó en materia económica a Estados Unidos y Canadá, y al hacerlo descuidó no sólo el mercado, sino las relaciones políticas con América Latina.

Sábado 28 de enero de 2017. Desde Arequipa, los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Perú, Pedro Pablo  Kuczynski, parecen enviar el primer mensaje solidario. Como integrantes de la Alianza del Pacífico, una asociación estratégica creada por Perú, Colombia, Chile y México, y no descartan convocar a una cumbre virtual en los próximos días.

Y las preguntas quedan en el aire ¿Es ésta una reacción tardía de América Latina o es simplemente el temor generalizado de la región ante la amenaza que representa Donald Trump? ¿Es momento de integrarse o de apostar a los nacionalismos? Ya veremos.

Related posts