La confusión del bullying

Por Juan Alberto Alba Álvarez

Foto: Edgar López (Archivo)

En los últimos días he escuchado, leído y visto que se habla del bullying, ello en atención a que un personaje importante de la política de este país manifestó que su gobierno y las instituciones del país eran víctimas de este mal.

Hay que tomar en consideración que dicho término es empleado de una manera equivocada. Así, bullying es una palabra inglesa, compuesta por la voz bully que quiere decir “matón”, más la terminación ing que indica el resultado de una acción, palabra que no forma parte del diccionario de la Real Academia Española, pero que por su uso se ha hecho habitual por el grave problema que se vive hoy en día y cada vez más frecuente.

Una vez establecido lo anterior, debe establecerse que al término bullying se le ha dado la acepción de acoso escolar, relacionado con toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico que se produce entre escolares de forma reiterada y a lo largo del tiempo.

Así, dicha conducta se ha hecho algo cotidiano y se ha convertido en un problema que, conforme a lo referido por la Cámara de Diputados en un estudio realizado por la Dirección de Servicios de Investigación y Análisis, puede estudiarse desde tres perspectivas diferentes:

Desde el campo de la salud, como un problema médico que tiene consecuencias psicológicas y físicas; desde el campo de la sociología, como un fenómeno o hecho social que afecta la convivencia en el ámbito escolar y trasciende al ámbito familiar, al hacer niños retraídos, con depresión y socialmente problemáticos, y desde el campo del derecho como una conducta antisocial llevada a cabo por menores de edad con poca e incluso una nula regulación.

Ahora bien, y tomando en cuenta los términos en los que se define el bullying, para que se pueda actualizar el mismo debe tenerse en consideración que se deben reunir ciertos requisitos como el que se trate de una acción agresiva e intencionalmente dañina, que sea repetitiva, que se dé en una relación en la que haya desequilibrio de poder, sin provocación de la víctima y que provoque un daño emocional.

De ahí que se tenga que analizar en los tres rubros antes descritos; es decir, en cuanto al campo de la salud, es pertinente señalar que en últimas fechas se conocen casos en los que el bullying en su manera más extremos termina en el homicidio o en el suicidio de la víctima; en los casos en que no se tiene ese trágico final, de manera inevitable se tiene que recurrir a la terapia psicológica para apoyar a las víctimas e incluso a sus familiares más cercanos para poder sobrellevar este problema.

Afortunadamente, no es una regla general en todos los casos, pero es importante señalar que los niños y adolescentes que son víctimas de este tipo de hostigamiento tienen mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental, entre ellos depresión, ansiedad, dolores de cabeza y problemas de adaptación en la escuela; asimismo, el bullying también puede tener efectos nocivos en la autoestima a largo plazo.

Resulta ser un problema social, ya que la víctima de esta conducta sufre junto con su familia, comienza a haber una descomposición al interior de las familias, hay un bajo rendimiento en las actividades escolares, depresión en los escolares, aislamiento y diversos problemas que influyen en su desenvolvimiento social.

Ahora, por el lado del agresor, es importante señalar que tiene esa actitud reiterada, debido a que influyen otros problemas de tipo social como el que provengan de familias disfuncionales, haya acciones incongruentes de los padres, reciban castigos físicos y/o emocionales injustos o exagerados, sean los sujetos pasivos de acciones como alcoholismo, drogadicción, o violencia familiar.

Finalmente, en cuanto al campo legal, debe precisarse que, en la gran mayoría de las leyes de educación de las entidades federativas, el objetivo principal de la impartición de educación es la de promover el valor de la justicia, de la observancia de la Ley y de la igualdad de los individuos ante ésta, haciendo la aclaración que sólo en Nayarit, Puebla, Tamaulipas, Veracruz y la Ciudad de México quienes regulan el bullying, seguridad o violencia escolar.

En el resto de las entidades federativas, sólo se observa en la legislación en materia general el compromiso por otorgar una educación libre de violencia y fomentar la cultura de la paz.

A nivel federal, sólo se puede advertir que existen diversas iniciativas presentadas por los diferentes grupos parlamentarios que pretenden regular a través de reformas a la Ley General de Educación y una propuesta de Ley General para prevenir, atender y erradicar la Intimidación Escolar.

En términos generales se puede advertir que el bullying es un fenómeno que, debido a las dimensiones que ha alcanzado en cuanto al impacto de los que lo sufren (hasta llegar incluso al suicidio y/o homicidio), es que tanto a la Federación como los Estados, incluida la capital del país, han tomado cartas en el asunto.

Es importante hacer notar que el papel de los padres de familia y de los profesores y autoridades escolares es vital y destacada para que, en conjunto, se pueda dar una atención debida a esta conducta que cada día se ha convertido algo recurrente y común, y con ello erradicarla.

En razón de lo anterior, se puede concluir que el bullying se refiere a una lamentable práctica de acoso escolar de manera reiterada que se ha convertido en un problema social actual y el cual se debe erradicar de manera definitiva.

Así, se debe enfatizar que las afirmaciones que en días pasados hiciera el primer mandatario en relación a que la sociedad civil le hace bullying a él y las instituciones de gobierno son erróneas.

Lo que se debe decir es que no se trata de un bullying señor presidente, sino de una crítica a su cada vez más desgastado gobierno, una crítica a la que todos tenemos derecho en uso de la libertad de expresión de la que gozamos según la Carta Magna.

Se entiende que es una práctica reiterada de Enrique Peña Nieta confundir cosas, nombres de países, personas, ciudades, entre otras, pero que no confunda la sana crítica social ante lo evidente, con un problema social grave que, si fuera el caso que lo entendiera, lo atendería de una manera saludable para todos.

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