La comunidad del IPN y la consulta democrática

Por Roque Juan Carrasco Aquino

“La educación formalista dependiente y depositaria en la memoria pasiva de los estudiantes, es una píldora del futuro para el escepticismo, del acrítico soñador apolítico y sumisión a la demanda laboral enajenante del ser social. He ahí la necesidad de todo estudiante crítico, revolucionario, comprometido con su realidad y defensor del derecho a la educación popular científica materialista y no caer en el academicismo cientificista neoliberal”.

En estos días comienza el proceso de sucesión del Director General del Instituto Politécnico Nacional (IPN); es un sumario que, de décadas se propuso la idea de consulta democrática para proponer la terna ante la Presidencia de la República, vía la Secretaría de Educación Pública (SEP) como intermediaria.

     En ocasiones tomaba la iniciativa e imponía al más fiel, obediente y neoliberal en componenda con los grupos de poder hegemónicos (Prianistas, Exdirectores, Sindicato charro y pequeños grupos de porros). Por supuesto, esta apreciación no es una declaración espontánea, es una inquietud de la comunidad cardenista aún consecuente y activa; asimismo, ha intentado tomar en cuenta a la comunidad politécnica.

     Es importante tomar en consideración la propuesta de la Presidenta Claudia Sheibaum Pardo en cuanto a la democratización del IPN. Desde luego, esto llama a una verdadera participación democrática, incluyente de los diferentes sectores: estudiantes, docentes e investigadores como de personal de apoyo. 

     No obstante, esto implicaría la toma de participación objetiva y materialista de cada miembro de la comunidad. Es una solicitud de los movimientos estudiantiles históricos; pero, los neoliberales nunca permitieron, debido al temor de abrir espacios con posibilidades de recurrir a la autonomía y decisiones de consenso al elegir a las autoridades y no un artificio subliminal y subordinado para el saqueo de los recursos; lo ancestral aún permea las Instalaciones y sus carencias.

     En tanto, debemos considerar en este escenario cuando menos tres elementos a proponer para una posible discusión seria, democrática e incluyente: 

1. Desempolvar las demandas que fueron archivadas por las políticas neoliberales y el rechazo a la vida activa, académica política, ideología crítica y por la defensa de la gratuidad de la educación; 2. Demandar incremento al presupuesto en rubros estratégicos: investigación; equipamiento en laboratorios, talleres; así como reforzar recursos para las visitas de campo y difusión de la cultura (publicaciones: artículos comprometidos con la sociedad y capítulos de libros destinados a plantear alternativas de consenso; no necesariamente en revistas especulativas gringas) y; 3. Desmitificar la ideología dominante supremacista de que las ingenierías son las que deben prevalecer, recibir mayor presupuesto y apoyo a sus investigaciones; claro, en detrimento de las ciencias sociales. 

     Como siempre es la disciplina donde los temas cardinales quedan excluidas de décadas. Ahora en esta propuesta de democratización debemos replantear la posibilidad de implementar mecanismos para equiparar o tomar en cuenta los hallazgos de las investigaciones críticas de las Ciencias Sociales.

     Conscientes de que, las actuales formas heredadas de los directos bajo sesgos neoliberales y afines a los designios de la derecha fascista y el prianismo proyanqui, inclinaron la docencia e investigación hacia la preparación de cuadros técnicos especializados meramente acríticos, escépticos y conformistas. Es la tendencia impuesta cuestionada a partir del 2014.

     Es decir, a no incorporarse pasivamente a un mercado competitivo descontextualizado de la realidad nacional; además de obedientes a las exigencias del mercado educativo del conocimiento especulativo capitalista depredador de recursos naturales y humanos. 

     He ahí, el descontento de las nuevas generaciones al exigir incorporarse a la toma de decisiones y no ser objetos dúctiles del maniqueísmo de prianistas, exdirectores neoliberales, grupos de poder intentando mantener un IPN pragmático, factorial, fabril, pasivo, sumiso y defensor del cientificismo a los intereses de las trasnacionales. 

     De modo que se niegan objetivos que alcancen a las comunidades vulnerables y rechazar sustancialmente los problemas nacionales a cambio de aparecer en Journals del imperialismo cientificista gringo. Sin alcanzar métodos ni compromisos de corrientes críticas. 

     Lo que se conduce en estos menesteres es a obedecer a programas dictados desde el exterior; ser repetitivos y calificar para el mercado talachero de las ciencias banales y dependencia tecnológica del extranjero. Además, egresan con perfiles de observadores de la realidad como si fuera estática o diseñada por obra y gracia de algún ente. Presas fáciles en la dilapidación de los recursos y la destrucción de la gratuidad. 

     A su vez, exigir que predominen los compromisos conscientes con el pueblo de México. De modo que, la consulta y la democracia en el IPN son piezas clave para solicitar, incluso, la autonomía del propio Instituto y no dejemos que esos grupos enquistados en las Secretarías derrumben los objetivos del cardenismo.

     La importancia de la propuesta presidencial no es nada despreciable; es una oportunidad para la comunidad del IPN a elegir la terna y enviarla a quienes deberán determinar bajo propuestas conscientes en continuidad al proyecto de la Cuarta Transformaicón (4T), educación popular, ciencia para el pueblo y alternativas viables hacia las comunidades pobres, vulnerables y erradicar los rezagos neoliberales. 

     Por supuesto, esto es de cara a las necesidades del pueblo mexicano en estas secciones: compromiso social, académico político, ideología nacionalista, socializadora, de consenso, democrático, sustitución de tecnología especulativa por la nuestra e integración comunitaria, cultural y nacionalista: perfil necesario para el candidato. 

     También, identificarse con las luchas populares más allá de lo académico per se; debe tomar en cuenta que, la patria es primero por encima de las amenazas, la corrupción, los chantajes de la derecha fascista, de los prianistas y de los dictados extranjerizantes que intentan imponer sus candidatos fuera del contexto cardenista.

     Y, el perfil del posible candidato, además de reconocer su papel académico crítico, solidario, tolerante, incluyente y defensor la soberanía como de la ciencia popular; continuar con la 4T y profundizar en la investigación comprometida con la sociedad no solamente a manera de especulador o espectador de las ciencias o bajo la ideología cientificista neutral, apático y academicista abstraído; incluso, no debemos permitir esas falacias de priorizar el idioma inglés para convertirse en maquiladores de la técnica al servicio del capital cientificista. 

     Por ello, la consulta democrática es una forma de incluir a quienes verdaderamente desean una transformación no un cambio cosmético de la esencia del IPN. 

     En tanto, desterrar por completo a los traidores, a los sometidores de estudiantes a sus fines políticos e intereses ideológicos hostigando a alumnos para sesgar criterios académicos e imponer calificaciones dependiendo si obedecen a las intenciones particulares de profesores. Contra ello ni un paso atrás. 

     También, se menciona en estos días que existe hostigamiento sexual contra los y las estudiantes; eso debe ser investigado y penado para no repetir acciones negativas y depredadoras emocionales de la comunidad politécnica. 

     Ante esas exigencias y demandas deben ir en paralelo las funciones materiales de la educación del IPN; concretamente hacia planteamientos democráticos en aras de defender la soberanía, la inclusión, el respeto hacia alumnos, profesores y a la sociedad con propuestas e ideas en unidad a la diversidad. 

     De modo que, la consulta sea la base de un nuevo IPN con rescate del cardenismo y la técnica sea para el pueblo mexicano hacia la transformación. El estudiante culto, comprometido y consciente es virtuoso con pensamiento libre.

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