Hueyapan de Morelos, de pie a pesar del olvido gubernamental

Por Alejandro Albarrán

Fotos: Edgar López (Archivo)

A un mes del devastador sismo del 19 de septiembre de este 2017, en múltiples localidades de Morelos el gobierno no se ha aparecido más que una o dos veces para sacar fotos o preguntar insensiblemente si ha habido muertos.

Vecinos del barrio de San Felipe de Hueyapan, en el municipio de Tetela del Volcán, agradecen la ayuda que la ciudadanía les ha llevado.

En las calles cuelgan mantas de varios metros de largo con consignas de solidaridad, fondo blanco, letras en rojo pintadas claramente con aerosol. “Hueyapan más fuerte que nunca, muchas gracias por su donación a los estados vecinos. ¡Que dios los bendiga! Agradecemos al pueblo mexicano, no al gobierno” y “Una vez más el pueblo levantó al pueblo. Muchas gracias por la solidaridad. Hueyapan dice GRACIAS. Dios los bendiga”, se lee en los mensajes.

Sobre la plaza central, con la constitución colonial clásica, Iglesia a un lado y a un costado el Ayuntamiento, se ha levantado un centro de acopio ciudadano.

Karen Cota, quien organizó brigadas para asistir en las necesidades de esta población, asegura que la primera vez que se presentaron las autoridades en el centro de acopio fue hasta el sábado 23 de septiembre pero se fueron inmediatamente.

Los habitantes comentan que no se les volvió a ver. Elementos del ejército también pisaron el pueblo unos días, le pidieron a los vecinos que cerraran una calle, lo hicieron, consiguieron ellos mismos la cinta amarilla con la consigna de “Peligro”. Horas después, los militares regresaron y, sin hablar, tomaron fotos y se fueron.

La mayoría de las casas son de adobe, algunas de concreto, pero son las menos. Otras tienen el primer piso de adobe y encima losa de concreto con muros de block. Milagrosamente unas se sostienen, con las grietas retando a la vida de las personas que se aferran a quedarse en su casa por el miedo de perder todo lo que tienen.

Rodrigo Hernández, arquitecto de la Ciudad de México y brigadista en Morelos, comenta que fue erróneo construir de esa manera. “El adobe es muy débil, no puede sostener materiales tan pesados, mucho menos losas. Si le sumas ahora el sismo, pues obviamente se iban a caer”.

Esas casas, sus casas, las han hecho ellos mismos. Las han construido como han sabido y también como han podido. Sobre la casa de adobe que hizo el abuelo, el nieto, buscando tener más espacio para la familia. Nunca se imaginaron que sus viviendas tendrían que soportar un sismo de tal fuerza.

Manuel Espinosa comercia con plantas de higo y aguacates para injertarlas en diversos lugares. Tres meses atrás había ampliado su casa. La hizo con tabiques de block y concreto. Sólo esa parte nueva salió dañada y tuvo que demolerla. “Acá nunca sentíamos los temblores, de verdad nunca, nunca. O sea, sí los percibíamos, pero nunca como ahora, este sí nos vino a dar en la torre”.

De acuerdo a datos del gobierno federal, Tetela del Volcán, donde pertenece la localidad de Hueyapan, es una de las 33 zonas que fueron declaradas en emergencia luego de los dos sismos de este negro septiembre. Por esa razón, tendrá acceso al dinero del FONDEN, el Fondo de Desastres Naturales, el cual debe ser destinado a los damnificados y a la reconstrucción de las zonas afectadas.

Sin embargo, los tiempos del gobierno y los tiempos del pueblo no son los mismos. Mientras en la burocracia se hacen trámites para poder liberar el dinero, los ciudadanos ya dan del suyo, que no le sobra a nadie.

Es el caso de Ramiro Beltrán, dueño de una pequeña empresa constructora en la Ciudad de México. Con parte de sus recursos y parte de donaciones de otros ciudadanos y algunas empresas, en dos fines de semana reconstruyó cuatro de las casas más dañadas.

Para el primer viaje llamó a tres de sus trabajadores, albañiles todos, para que lo acompañaran. Les pagó de forma normal, pero trabajarían en Morelos, a las faldas del Popocatépetl. Para el siguiente fin de semana se corrió la voz entre los trabajadores y cuatro más de ellos se acercaron con su jefe para ofrecer su ayuda, sin importar la paga.

Ramiro les pagó y, con los siete albañiles, de manos duras y cuerpo fuerte, le regresaron una vida más digna a cuatro familias en desgracia.

“Es nuestro granito de arena y, cuando se acercaron mis empleados a decirme que querían apoyar, me di cuenta que esto es de correr la voz, de invitar a los demás y hacer nuestra parte porque el gobierno no lo está haciendo ni lo va a hacer”, expresa Ramiro en Hueyapan, donde la gente ya lo arropa como si fuera uno de ellos.

Lo invitan todos a comer, le ofrecen la casa si llueve. Le ofrecen coches, camiones para transportarse, a pesar de que él lleva dos pickups y un auto deportivo.

En las calles, al ver el paso de brigadistas en su mayoría jóvenes de la Ciudad de México, algunas de las familias más afectadas y con mayor pobreza, les piden ayuda, quieren saber si vienen a reconstruir sus hogares. Los jóvenes les responden que no tienen esos recursos pero que están haciendo lo que pueden.

Soledad Ramírez, oriunda de Hueyapan, cuenta que no les hacen falta víveres, pues han llegado muchos y “afortunadamente hay despensa para rato. Lo que no sabemos es si es seguro dormir o no en nuestras casas. Ya mejor pusimos una lona acá afuera y aquí comemos y dormimos. Seguimos esperando que alguien nos diga qué hacer”.

Sobre la calle Plan de Ayala, del Barrio de San Felipe, las circunstancias son parecidas. Julio pide ayuda porque se le cayó la barda del lugar donde tenía a sus animales, una cuarteta de borregos y diez gallinas, y no los puede dejar sueltos.

Guadalupe ha puesto a su hijo a tirar los muros de su casa por miedo a que se le caigan encima. A José también se le cayó un muro, el que da a la calle y asegura que ya se metieron a robarle varios kilos de aguacate que es su principal fuente de ingresos.

A la espera del apoyo del gobierno, lo único que ha llegado es la ayuda del pueblo. Sedesol anunció también que destinarán el 100 por ciento del Fondo de Infraestructura Social (FAIS) a la reconstrucción de viviendas dañadas por los sismos.

Para acceder a ellos, indicó la dependencia, se debe mostrar evidencia fotográfica de los daños junto con el número de folio otorgado en el censo federal de vivienda levantado en los estados afectados.

“¿Cuál censo?”, pregunta la gente que desconoce el número de folio que deberían tener. No ha habido censo, nadie los ha buscado, nadie del gobierno.

Por su parte, el presidente Enrique Peña Nieto le sugiere a la población de Chiapas y Oaxaca el organizarse entre ellos, haciendo tandas para reconstruir sus hogares.

“He pensado que en grupos de cuatro o cinco familias que hubiesen perdido su vivienda, sobre todo donde hubo daño total, puedan unirse para que, de forma conjunta, vayan reconstruyendo las viviendas.

“Creo que si se organizan a modo de tandas, como suele llamarse, y deciden entre todos construir una primera casa, se sortea la de quien, luego la que sigue, la que sigue, y así las cuatro casas, trabajando en equipo, pueden lograr la reconstrucción de sus viviendas”, explicó el presidente.

Probablemente esa sea una opción para esta localidad, claro, sin asegurarles el apoyo que les corresponde por parte del gobierno estatal y federal.

Fernando, el jefe del Barrio de San Felipe, explica que “como pueblo indígena que somos, acá nos dejan organizarnos nosotros y así le hemos hecho, tenemos nuestra justicia y nuestra forma de hacer las cosas”.

El mayor de tres hermanos cuenta que le gusta la cocina, además de sus dos oficios, el campo y la construcción, porque cuando era pequeño su padre los dejó por otra familia, entonces mientras su mamá trabajaba, él hacía la comida.

Pone después de ejemplo cuando alguien comete un crimen. Expone su manera de actuar: “Nos avisan luego luego  y con radios nos comunicamos. Cerramos las calles cercanas y no sale hasta que lo encontramos. Acá no pasan tantas de esas cosas como en la ciudad porque si pasan no nos vamos con leyes, acá lo que funciona es la cuerda”, dice, refiriéndose a ahorcar a los criminales.

Explica también que ellos, como pueblo, tienen la primera decisión y luego se comunican con las autoridades. “Así le hacemos, nos organizamos nosotros y resolvemos las cosas. Así que es como le tenemos que hacer ahora. Lo bueno es que no hubo muertos, aquí seguimos y hay que seguir adelante”.

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