Gran acierto geopolítico de AMLO en el aniversario de Simón Bolívar: seguir, ayudar, trabajar y colaborar con EU

Por Víctor Del Real Muñoz

Este fin de semana pasado se celebró en México un evento en el Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México, en alusión al 238 aniversario del Natalicio de Simón Bolívar, el llamado “Libertador de América”, en donde participaron representantes de cuerpos diplomáticos y miembros de algunos gobiernos del continente americano, así como funcionarios de indistintos niveles del gobierno mexicano, incluido el presidente Andrés Manuel López Obrador.

En el marco de tal evento, López Obrador asistió a poner en consideración la opción de sustituir los marcos jurídicos, filosóficos e internacionalistas de la actual OEA (Organización de Estados Americanos), sosteniendo la opción de que se respete y reivindique una nueva lógica internacional de acuerdos pero con absoluto respeto a la soberanía de cada nación, así como la nulidad de injerencias extranjeras y freno a la influencia, por momentos antisoberana que Estados Unidos ha desenvuelto históricamente en la mayor parte de países del continente, en defensa de intereses geoestratégicos e imperiales propios.

Tal aspecto pareciera ser aceptable, por momentos prudente e inteligente del presidente mexicano.

Y luego de una serie de citas, por momentos románticas y por otro lado de corte ideológicas y de simpatías de personalidades históricas, y favorablemente sin una consecuencia política concreta, destacando de forma mítica la supuesta “firmeza” con que Cuba se ha mantenido firme ante el “bloqueo” que Estados Unidos ha ejercido sobre su suelo durante las últimas décadas, se destaca un aspecto importante que el mandatario mexicano resalta, por demás crucial de cara al futuro global.

Palabras más, palabras menos, AMLO asume que, a nivel regional, debemos apoyar a Estados Unidos a recobrar su fortaleza internacional bajo una lógica en beneficio del progreso y el desarrollo económicos, la cual diseminará, de potenciarse una vez más citando proyecciones a 50 años de lo que sería una pérdida de hegemonía comercial estadounidense contra un ascenso progresivo chino en este rubro, una fuerza económica y un impulso del desarrollo global y ambiental hacia todo el continente, bajo la lógica de una nueva agenda continental proactiva de beneficio mutuo, y no bajo una política de “sansón a las patadas” en franca pelea con el poder estadounidense, o bien de sumisión ante esta nación en el otro extremo.

Bajo esta lectura, es posible destacar la inteligencia geopolítica del actual gobierno mexicano, única en América Latina, visionaria, atenta, de altos reflejos estratégicos en materia económica, y de buena lectura del escenario comercial mundial, a diferencia de los discursos peleoneros de otras naciones que, bajo una bandera de falso socialismo, o de frágil socialdemocracia progresista, no han sabido leer la correlación de fuerzas internacional y han encausado crisis políticas internas en sus países.

AMLO y México están muy lejos de la fanfarronería política de Venezuela, por ejemplo; con pasajes como los anteriores queda demostrado.

AMLO, a diferencia de muchísimos actores políticos en América Latina, prescinde del espíritu jacobino, ideológico o utópico, y se va a lo práctico y a lo importante, que tiene que ver con recobrar la fuerza estadounidense con miras al fortalecimiento del continente. Así de simple.

AMLO destaca, de forma sobresaliente, la importancia de mantener dinámicas comerciales, ambientales, laborales, migratorias y culturales tersas, que fortalezcan y no dividan nuestro continente, colaborando con el poderío estructural estadounidense de forma soberana sin ánimo sumiso, con una visión de fortalecimiento mutuo, de fuerza integradora soberana, encausando una intención de grandeza y firmeza ante el dominio chino y su consecuente penetración continental y sus apetitos imperiales. China no se anda con cuentos, también quiere pasteles completos.

AMLO es consciente de las implicaciones peligrosas que tiene contemplar de forma pasiva la debacle estadounidense y el ascenso chino, porque tal aspecto no solo vulnera la situación estructural interna de Estados Unidos, sino que genera un campo de influencia negativo hacia los países de América Latina, Canadá y México especialmente.

AMLO, con tal posicionamiento, se coloca como un líder nato de América Latina, y sin pretender serlo, y de forma visionaria, práctica, inteligente, dejando de lado egos regionales, romanticismos, ideologías baratas sin esencia radical, y optando por lo inmediato, por la lectura inteligente de la realidad del tiempo presente, por la valentía que se requiere para ponerle un freno desde el continente americano a la vorágine china, que pinta para ser más siniestra que años enteros del dominio estadounidense global por su capacidad depredadora y antiética. Los chinos, para nada, son la panacea del mundo.

AMLO, además, se convierte en un puente de construcción de acuerdos, posturas y miras de cara al futuro, asumiendo de forma oportuna, no sumisa y si soberana y respetuosa de la causa nacional común de cada pueblo, la importancia de garantizar la fuerza dominante del poder económico estadounidense que va más allá del territorio norteamericano.

En términos generales para México, al menos de nuestro lado, nosotros debemos seguir con Estados Unidos, y eso favorablemente lo tiene claro AMLO.

Lo anterior, se deriva del más del 90% del volumen de exportaciones anuales de nuestro mercado que van hacia ese país, los más de 40 millones de compatriotas que del otro lado viven trabajando, el volumen transaccional de nuestras relaciones financieras, bursátiles y bancarias, la dinámica comercial, inmobiliaria, los acuerdos de seguridad, de energía, de petróleo y la afluencia cultural, antropológica, turística, de movilidad y social entre ambas naciones.

México, por una situación de alcance estratégica, debe seguir priorizando su vínculo con Estados Unidos. 

Así de claro.

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