En búsqueda del tiempo mexicano… la memoria de los vencidos: 6 de junio

Por: Armando Leal

@armandoleal71

Cuando se sabe que es posible matar

sin arriesgarse a un castigo ni reprobación, se mata;

o al menos se rodea de sonrisas alentadoras a aquellos que matan.

SIMONE WEIL

No hay documento de cultura

que no sea a la vez documento de barbarie

WALTER BENJAMIN

El próximo 6 de junio se llevarán las elecciones intermedias en México. Según reportes del INE (corte al 15 de abril de 2021) hay más de 93 millones de ciudadanos registrados en el padrón electoral. 48 millones son mujeres, mientras que 45 millones son varones.

Hay 21 mil cargos de elección popular en juego, se renueva todo el Congreso Federal, así como 15 Gubernaturas, Congresos Locales, Ayuntamientos, Juntas Municipales y Alcaldías. Según diversos estudios demoscópicos, el partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) lleva la delantera en las preferencias electorales.

De acuerdo con diversos estudios en las elecciones intermedias la participación ciudadana en estas elecciones no supera el 40 por ciento de la lista nominal. Sin embargo, este es el primer proceso donde concurren diversos procesos electorales: 32 entidades del país tendrán elecciones locales.

Más allá de los elementos cuantitativos, los cuales en absoluto son menores; está una cuestión fundamental de carácter cualitativo que hace que esta elección no tenga precedente en la historia política y electoral de México. Es el primer proceso electoral posterior al proceso que llevó al dirigente social Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República.

El Presidente, López Obrador es el catalizador y la representación de la larga lucha de la izquierda mexicana. Los más de 30 millones de votos que le otorgaron el triunfo, no sólo lo dotaron de una legitimidad única en la historia de un dirigente social, sino son la representación del rechazo ante las políticas de los gobiernos neoliberales corruptos.

Desde los años 50 de la centuria pasada, la izquierda mexicana luchó por la democratización del país, lo hizo en diversos frentes y con grandes batallas, desde la disputa electoral y el respeto a la voluntad ciudadana, pasando por mejorar las condiciones de vida del pueblo de México, le arrancó al régimen autoritario un conjunto de derechos que le dieron forma a lo que podemos denominar el Estado Benefactor mexicano.

Esa batalla se agudizó con la incorporación de las políticas neoliberales, la economía cooptó al Estado, volviéndolo un simple ente regulador, administrativo, pero no el espacio de la toma de decisiones. El destino de la Nación se marcaba en los escritorios de los multimillonarios mexicanos y extranjeros.

El próximo 6 de junio se llevarán a cabo las elecciones intermedias en México, se han prefigurado como la gran batalla, el antiguo régimen, que no acaba de morir, lucha por un golpe de mano, mientras el nuevo, que tampoco acaba de nacer, se disputa su sobrevivencia. Nunca en la historia de México se ha dado una batalla vía los caminos institucionales por el cambio de régimen. La revolución mexicana es ese gran antecedente, donde los ejércitos salieron a dar la batalla por la transformación del país ejercieron la violencia como forma de transformación.

Hoy se puede uno perder en el debate legaloide, si se respeta o no la Constitución; un debate que evade mencionar que en cada orden de derecho está contenida una forma de dominación, que asegura al “vencedor” mantener el poder, pero también el ejercicio de la violencia.

En cada orden de derecho está contenida la violencia que lo instituyó, pero también aquella que extrae al otro para ejercerla él; por eso el orden de derecho actual es neoliberal, donde las reglas juegan a favor de la economía y de los multimillonarios.

También se puede optar por aquel debate que apela de forma soterrada al ideológico: MORENA es o no de izquierda, Andrés Manuel López Obrador es o no de izquierda. Los derechos humanos de las minorías están por encima de los más de 60 millones de mexicanos en la miseria.

La disyuntiva histórica no está en tener un presidente feminista o no; claro que sería ideal tenerlo ¿pero cuales son los verdaderos embates que confronta la Nación? es cierto, el neoliberalismo rompió el tejido social al extremo de cosificar a la mujer, volverla una cosa desechable, sujeta a la violencia del varón hasta llegar a la muerte.

Los pendientes, la enorme conflictividad, una sociedad separada por la miseria, donde un pequeño grupo lo tiene todo y la mayoría vive en la miseria. Es cierto, algunos miembros de las clases medias, aquellos que gozan de tener un ingreso fijo, desearían que el Presidente les hable a ellos, que vea su precariedad; sin embargo, a ese sector de clase se le olvida que detrás de ellos hay más de 60 millones de mujeres, niñas, niños, varones, adultos mayores, que hace décadas fueron anulados de los discursos, que la gran herencia cultural que transmiten generacionalmente esos 60 millones, es la miseria.

Algunos sectores hablan de decepción, deseaban ver, sentir, experimentar otro cambio; esos sectores son los que pudieron sobrevivir la pandemia en el encierro, porque no necesitaban salir a ganarse la vida día a día. Hay un inconmensurable deseo de ver un México moderno, aunque no hay un acuerdo en qué significa ello.

El neoliberalismo se ha encargado se suministrar un falso debate que tiene diversas caras. Hoy los conservadores que negaron derechos a las minorías y que otorgaron el derecho de la aniquilación del otro, salen a defender una democracia que les beneficie y los hacen enmascarando sus verdaderos intereses.

Como ayer, los neoliberales conservadores hoy salen a la defensa de sus intereses y de mantener sus prebendas, el acceso libre y soberano al presupuesto público es un derecho inalienable que enmascaran bajo el Derecho Humano a seguir robando, a costa de la miseria de más de 60 millones de mexicanos, de la cancelación del futuro para millones de jóvenes, mujeres, adultos mayores y niños.

El próximo 6 de junio se llevarán a cabo las elecciones intermedias en México y están marcadas como una batalla campal, para algunos es casi la Guerra a muerte, por la reivindicación de sus derechos, poder viajar en primera clase a costa del erario, adquirir grandes propiedades en México y en el extranjero, poseer grandes riquezas, sin pagar impuestos y producto de hurtar el patrimonio nacional.

Las elecciones intermedias del próximo 6 de junio, no sólo se tratan de la evaluación democrática de los ciudadanos respecto del Ejecutivo sino la batalla entre el antiguo orden y ese que no acaba de nacer.

Y no acaba de nacer, porque, aunque los medios y sus palafreneros insistan, el proyecto que está en juego no es el de Andrés Manuel López Obrador, sino el de más de 30 millones de votos, el de una histórica lucha que cientos de miles de mexicanos dieron por la transformación del país, que a muchos de ellos les costó la vida.

El próximo proceso electoral implica una batalla más de esa histórica lucha, porque todos tengan acceso a la alimentación, salud, educación, vivienda, trabajo, acceso a la cultura a una vida libre de violencia, a poder imaginar sin que ello te cueste la vida.

No nos equivoquemos, esa lucha no está en el PRI, PAN, PRD, MC, PVEM y los multimillonarios que están detrás; esa lucha no la representa la inacción política: abstencionismo. ¡No! El próximo 6 de junio deberemos salir los de siempre a dar esa batalla por nuestros derechos, por los derechos de los otros que no tienen derechos.

Nuestro voto no es solo un acto soberano individual, es la representación de los millones de muertos, de aquellos condenados a una subsistencia miserable, más que la nuestra. Las derrotas de ayer están en nuestras manos para posibilitar el triunfo. Ese triunfo implica hacerles justicia a los muertos, que son nuestros muertos.

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