En búsqueda del tiempo mexicano… el 6 de junio a votar por MORENA

Por: Armando Leal

@armandoleal71

El pasado lleva en sí un secreto

índice que lo remite a la redención.

Pues ¿no nos acaricia un soplo del aire

que acarició a los antepasados?

 ¿No hay en las voces a las que prestamos oídos

un eco de las que se extinguieron antaño?

WALTER BENJAMIN

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador y la llegada al poder de un proyecto político con una visión de país diametralmente distinta ha significado cambios radicales en el espacio público mexicano; desde el manejo del presupuesto, el combate a la corrupción hasta una administración que tiene como uno de los objetivos centrales la atención prioritaria a los más de 60 millones de mexicanos en la pobreza es muestra de ello.

De acuerdo con cifras oficiales, anualmente la administración de Peña destinó cerca de 73,000 millones de pesos a los programas sociales mientras que el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2021, prevé que solo en un año, la administración Obradorista destinará 505,262 millones de pesos para los programas para la superación de la pobreza en México.

La construcción de un México diferente, democrático ha pasado por distintos momentos, miles de ciudadanos han dado la batalla de forma activa por la transformación de su realidad, millones están convencidas del cambio y han participado con su voto manifestando su desacuerdo y su deseo de cambio.

El largo amanecer mexicano tiene entre sus antecedentes la revuelta de los ferrocarrileros de 1959, encabezado por Demetrio Vallejo y Valentín Campa, de esa primavera brotaron muchas flores la gran mayoría de ellas fueron duramente reprimidas por el régimen político. Ahí está el movimiento estudiantil de 1968, el 2 de octubre, el surgimiento de cientos de grupos guerrilleros: Arturo Gamiz y el grupo Madera, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez… Partido de los Pobres, la Liga Comunista 23 de septiembre, la creación del Movimiento Urbano Popular, el movimiento por la reconstrucción del entonces Distrito Federal por los terremotos de 1985.

A ello, hay que sumarle el movimiento estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), 1986-1987, hasta llegar a la construcción del frente político social que encabezó la revuelta de 1988. En cada esfuerzo político de estos múltiples actores, se fue creando una consciencia democrática, un decidir en colectivo, resolver en colectivo, un hacerse responsable colectivamente por ese aparente destino compartido.

Así se fueron creando derechos sociales, sindicales, económicos y políticos. El CEU detuvo la embestida por desmembrar y privatizar la educación superior. La revuelta guerrillera está detrás de la reforma política de 1977 que le devolvió el registro al Partido Comunista Mexicano. Detrás de la creación del IFE está la revuelta ciudadana de 1988. La rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) 1994, también arrebató cambios en el proceso de construcción democrática de México.

Esos cambios pueden verse en el ámbito institucional; es decir, no fue una dádiva del régimen autoritario la lenta transformación del país fue la lucha encarnizada de miles de mexicanas… mexicanos que dieron su vida en esa larga primavera.

Paralelamente se fue construyendo una consciencia democrática sedienta de un cambio. Una consciencia que fue creando a un ciudadano distinto. Los nietos de la generación de 1968 son los jóvenes que hoy desde diversos ámbitos transforman su realidad, aniquilando el género, construyendo un espacio simbólico diferente.

Esa consciencia colectiva de la revuelta está presente en esos cientos de organizaciones que luchan por encontrar a sus desaparecidos, los enemigos del narcopanismo, los enemigos del narcopriismo. Esa consciencia de la revuelta está presente en los miembros de la APPO, en las comunidades rebelándose contra la construcción del aeropuerto, en el movimiento estudiantil #YoSoy132, en los padres de los niños de la guardería ABC. En los normalistas de Ayotzinapa.

Esa lucha democrática va acompañada por un proceso de descomposición del espacio público mexicano, fundamentalmente de sus élites. La antigua tradición corrupta priista transmuta en la corrupción neoliberal, lo que a los herederos de la revolución institucionalizada les importaba, los neoliberales ponen en venta.

La guerra neoliberal contra el crimen organizado puede ser vista como una guerra de exterminio de pobres… esos casi 300 mil mexicanos, mujeres, varones, niñas, niños, ancianos… son en su mayoría pobres. La guerra neoliberal de exterminio de pobres se suma a la descomposición del espacio público mexicano; a una extrema desigualdad social; el neoliberalismo generó que más de la mitad de la población mexicana esté en la pobreza.

A cambio de la pobreza de más de 60 millones de mexicanos, se gestan nuevas élites, que viven de las rapacerías del presupuesto público… los que no pagan impuestos, los investigadores de tiempo completo a cambio de miles de docentes con un salario paupérrimo; los intelectuales orgánicos y sus tajadas de millones de pesos.

La política se convierte por otro lado en el mecanismo de ascensión social más eficiente. El político de izquierda miserable acaba con mansiones, departamento de lujo en Miami, del barrio a las zonas exclusivas de las ciudades. Los panistas clasemedieros se vuelven selectos ciudadanos que dejan la Narvarte y Del Valle para habitar la delirante Santa Fe. La corrupción es el gran mecanismo de ascensión social: el que no transa no avanza. Así transa lo mismo Calderón, Salinas de Gortari, Zedillo, Peña, Romero de Champ, cualquiera de los Chuchos… Gil Zuarth, Rosario Robles, que el ungido especialista: Dresser, Aguayo… el que no transa no avanza.

México no es un país polarizado, está dividido por aquellos que todo lo tienen frente a los que no tienen nada. Aquellos que ven como experiencia de safari hacer una cola para recibir una vacuna, porque nunca han hecho una frente a los que hacen cola absolutamente para todo.

México es un país dividido por una antigua contradicción: la económica. A cambio de que la doctora Dresser tenga absolutamente todo, docenas de mujeres jóvenes no tienen futuro. México es un país donde el 1% de la población es multimillonaria frente a 60 millones en la pobreza.

El próximo 6 de junio se llevarán a cabo las elecciones intermedias en México, es un proceso electoral que se está dibujando como una gran batalla. En principio, habría que decir que el antiguo autoritarismo presidencialista no está funcionando. Hoy los gobernadores se rebelan e insultan a la venerada figura presidencial.

Hoy los intelectuales orgánicos cual regimiento de plañideras hacen de su lamento un espacio para el engaño y la manipulación, desde su trinchera han decidido defender sus intereses —esa pequeña tajada del presupuesto que recibían— y el de sus patrones, los multimillonarios que hoy les pagan para lamentarse de igual forma con las mismas palabras ¿La homogeneización de las ideas o la falta de inteligencia?

Los intelectuales orgánicos y los lectores de noticias controlan en cierto sentido el espacio público, pueden decir libremente lo que les dictan sus patrones. Los partidos políticos demandan al presidente de la república y defienden a un narcogobernador y no hay mano imperial que lo impida, aunque el ejercicio no sea democrático.

El próximo 6 de junio se llevarán a cabo las elecciones intermedias en México; esta es una batalla más de la histórica lucha que el pueblo ha dado, lo que está en juego, no es solamente el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sino el futuro de un proyecto político donde la desigualdad y la corrupción no sean las constantes en nuestro comportamiento colectivo.

Lo que se juega el próximo 6 de junio es si los más de 60 millones de mexicanos en la pobreza deben o no recibir: 505,262 millones de pesos; tal vez, los políticos piensan que no, que es mejor que se los den a ellos, tal vez los multimillonarios piensan que no, que es mejor que se los den a ellos, tal vez los intelectuales orgánicos y los lectores de noticias piensen que no, que es mejor que se los den a ellos.

Para seguir viajando en primera clase, para comprar más departamentos, ranchos, caballos, para seguir siendo multimillonarios, aunque empresarialmente no sean competitivos, aunque profesionalmente no sirvan, aunque intelectualmente no aporten nada.

Votar por el próximo 6 de junio por el Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, es por darle continuidad a una visión de país donde la desigualdad y la corrupción se combatan, donde los empresarios paguen impuestos, donde no haya salarios exorbitantes en un país donde la gran mayoría de los habitantes vive con 141.7 pesos diarios.

El camino para transformar la patria es largo y sigue siendo sinuoso, muchos de los antiguos sueños democráticos siguen sin cumplirse, pero estamos en la ruta de la transformación, de construir una consciencia democrática que combata, critique, tenga derecho a pensar distinto.

Los pasos para llegar a un México menos desigual económicamente se están dando, lo mismo que la construcción de un espacio público donde todos definamos sus colores y matices. Lo que se juega el próximo 6 de junio es la condena de los derrotados, es la lucha de los vencidos, es esperanza de justicia de los derrotados de siempre.

Bajo esa consciencia votaré por MORENA, votaré por la IZQUIERDA, votaré por los derrotados de ayer para hacerles justicia.

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