Emoción y buena comunicación (un secreto)

Por Rodrigo Bengochea 

Hace varios años me topé con la siguiente postal anónima en Post Secret, un blog en donde se reciben secretos anónimos y se dan a conocer como una forma de apoyar a quienes son consumidos por un secreto, al grado de que los lleva a pensar en el suicidio. 

Tanto la forma en que está construido el mensaje, como el fondo del mismo, me impactaron tanto que durante años lo he traído a cuento de forma reiterada en casi cualquier conversación donde lo considero pertinente. 

A lo largo de estos años he pensado mucho en las razones por las que esta postal me generó tanto interés y recordación. Después de tanto insistir en contar “el cuento” de la postal, vale la pena entender por qué el recuerdo de esta postal me persigue sin remedio a lo largo de los años. 

Después de darle muchas vueltas, me parece que es su adiestrada capacidad de comunicar lo que me fascina, ese esmerado cuidado en elegir y disponer cada uno de los detalles para construir una idea. Por eso decidí compartirlo (una vez más). 

La estructura del texto en la postal es muy sencilla, pero sorprende lo cuidado de su construcción; es decir, quien lo escribió tuvo el cuidado de redactar una minificción en la que no hace falta contexto, en la que el relato empieza de pronto y, cuando ni bien empieza, termina.  

Eso hace contundente el texto con el que “cuenta la historia”, porque esas ocho palabras son lo único que cuenta. 

Aunque pase de largo y se dé por entendido, hay un detalle que no debe dejarse sin comentar: haber sido escrita en primera persona le da una fuerza muy importante a la historia, porque no deja lugar a dudas de que quien la escribe realmente no murió en los atentados. 

Otro elemento importante es el contexto donde encontré la postal. Es decir, no es un ejercicio literario, es una postal anónima que alguien envió a un portal de apoyo a personas con tendencias suicidas. Es decir, es producto de un ejercicio de catarsis y no de un ejercicio de creación artística. 

La letra utilizada busca cierta estandarización tipográfica, con lo que quiero hacer notar que poco se puede conocer sobre “la letra” real de esa persona en su cotidianeidad, lo que abona al anonimato que presume y al por todos lados abona. Parece que busca respetar el estilo y el molde de alguna tipografía genérica. 

A diferencia de otros textos con estas características, que se acompañan por una imagen, en este caso la imagen refuerza el texto, pero no resulta indispensable para que sea comprendido. Sin embargo, sí es a partir del texto que podemos interpretar la imagen: las Torres Gemelas de Nueva York en llamas. 

Pero ojo: sin el texto que ancla la imagen difícilmente entenderíamos qué representa la mancha negra de fondo. 

El efecto de papel quemado por debajo del texto imprime un toque dramático al mensaje que es poco evidente pero no menos importante. 

Es decir, la misma hoja de papel donde se escribe el mensaje y se plasma la imagen, estuvo expuesta al fuego, fue quemada realmente, lo que supone una transformación irreversible…  

Una transformación irreversible que también pudieron haber tenido las llamas provocadas por los atentados a las Torres Gemelas en el transcurso de una vida, no como consecuencia directa de las explosiones o el fuego, sino por decisión propia frente a algo que parece haberse convertido de pronto en una oportunidad. 

A partir de la experiencia, de la emoción propia, y no sólo de la creatividad disruptiva y desenfrenada, se detonan también estos grandes ejemplos de comunicación. 

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