In memoriam:
Carlos N. Sanchez Rodriguez
Nancy Lopez García, víctima de feminicidio en la entidad.
Por Varinia de la Cruz.
Hay días en que las palabras sabias flotan en el aire, como alas, y apenas las alcanzamos a entender en tiempo y forma. Hay días que vivimos en medio de la tormenta y el Caos y sin embargo, encontramos la claridad que flota, que pudiera ser la brújula, la respuesta, que define el destino de quienes la comprendamos, somos pueblo y nadie le regala al pueblo la luz, sin que haya amor y verdad, sin que haya intención y causa. Ante esa preocupación de hacer valer el tiempo, que pasa rápido, me detuve a comprender los discursos que escuché y les comparto, Ad litteram.
Ese iluminado domingo, mi padre me invitó a presenciar una celebración cultural en Tlaxcala capital; la cita, el domingo 26 de abril, a las 7 de la mañana, en la emblemática Plaza de Toros. Ahí, miles de ciudadanos del estado de los cuatro señoríos y sus comunidades cercanas, dirigidos por el seccional Tlaxcala, además de una comisión representativa de las 32 entidades del país, en presencia de los señores integrantes del Movimiento Antorchista Nacional, celebrando más de tres décadas de vida, unidos en el ruedo más antiguo de la plaza vestida de rojas banderas, con jóvenes danzantes vestidos de plumas y guerreros del fuego, violines y voces sopranas que le cantan a La bella, en un escenario decorado con cientos de rosas al sol.
En dicho aniversario se contó con la presencia del presidente municipal de la ciudad capital, Alfonso Sánchez García, quien, en su turno, con seriedad y paso tranquilo, tomó el micrófono y dijo esencialmente, con la humildad en sus palabras y filosofía en sus líneas, ante los presentes dijo: “Son 35 años de familias que decidieron unirse para buscar una vida mejor; eso merece respeto, eso merece reconocimiento. Aquí hay algo que es importante decir con claridad: la organización de la gente es fundamental para avanzar; cuando la gente se organiza, se hace visible, se escucha y se fortalece”. Concluyó el señor presidente.
Las palabras que después escuché fueron de un discurso geopolítico, estadista, que concentró mi atención. Agucé mi oído y entendimiento, como cuando se filtra un verso entre el pizarrón del salón de primaria; y, literalmente, les dejo más de 30 mil caracteres de proféticas palabras, dictadas en medio de la plaza de toros, cuando el sol arrecia, el pueblo escuchamos.
El orador, contundente, con respirar acompasado, con el sentir responsable de ser fiel a la palabra y el tiempo que pasa, fluido el habla, idea con idea desenlazaba a una conclusión profética. Aquí, vive una Oda de F Schiller, el espíritu y ternura del poeta Amado Nervo, el nacionalismo de Emiliano Zapata, la filosofía de Carlos Marx, la sabiduría de Miguel de Cervantes, la revolución de José Martí, de Hugo Chávez, de Fidel Castro, del valeroso Xicoténcatl y sobre todo, un profundo amor al pueblo mexicano. Sin más. Les comparto, el discurso que me tocó oír ese día, del Secretario General, Aquiles Córdova Morán.
ACM
– “ Compañeros, escuché con atención el discurso del señor presidente, y me ha parecido un gran discurso; no por su longitud, sino por su contenido. Yo estoy totalmente de acuerdo cuando él dice que la organización del pueblo es indispensable para la marcha hacia adelante, para el progreso del propio pueblo; que cuando el pueblo se une, cuando el pueblo se organiza, se hace notar, se hace oír, su voz suena y se hace más grande la posibilidad de que quienes ejerzan el poder escuchen sus demandas y las resuelvan en un espíritu de concordia, de diálogo y de respeto. Creo que estamos absolutamente de acuerdo. Señor presidente, le agradezco sus palabras y se las repito, a los tlaxcaltecas, sobre todo, para que se vayan convencidos de que organizarse no es un delito, ni implica violar ninguna ley; es un derecho básico del pueblo y es una condición básica también para que el pueblo pueda ser, cuando menos en parte, el constructor de su propio destino, como dijera la inmemorable poesía de don Amado Nervo. Que no se nos olvide: esta es la consigna. Hoy hay que organizarse, si queremos avanzar.
El pueblo trabajador, el pueblo que no explota trabajo ajeno, el que vive de su trabajo o trabaja para otro —que es el verdadero pueblo—, es el que ha mantenido sobre sus hombros a la sociedad humana, en todos los rumbos del planeta, desde que el hombre apareció sobre la faz de la tierra. Es el trabajo humano el productor de la riqueza, y es el creador de todo lo que nuestros ojos vean, aquí y en el mundo entero; siempre y cuando sea obra de humanos, lo han hecho los trabajadores con sus propias y rudas manos, que por eso mismo, muchas veces son despreciadas. Y, a pesar de que son ellos los creadores de la inmensa riqueza que hoy acumula la humanidad, y que se ha venido desarrollando a lo largo de los siglos, durante todos esos siglos el pueblo ha estado marginado del bienestar; marginado de la riqueza que produce, marginado de la cultura, de la educación, del descanso merecido; marginado de una vida verdaderamente humana, porque su destino es trabajar para que otros se aprovechen de su trabajo.
Repito: esto ha ocurrido prácticamente desde que el hombre apareció sobre la tierra hasta el día de hoy, todos los pueblos de la tierra; no solo el mexicano, no solo el tlaxcalteca. Ya dije quién es el pueblo, a mi manera de ver, en mi definición, a quién me refiero cuando hablo del pueblo. Todos los pueblos de la tierra sufren la misma condición, porque la causa de esa discriminación, de esa pobreza, de esa situación de miseria, de ignorancia, de insalubridad, de falta de vivienda, de falta de servicios, etcetera, no es fruto de la maldad humana, ni del gobernante o partido que lo haga por sadismo o por simple falta de sensibilidad; no ese es el problema. Frecuentemente se comete el error generalizado, en el mundo entero, de querer personalizar la tragedia del pueblo, la tragedia de los pueblos del mundo, la tragedia en que han vivido a lo largo de la historia humana; y es un error, porque el problema no son las gentes, ni los partidos, pueden cambiar las gentes, pueden los partidos cambiar, puede cambiar el discurso; pero, si no cambia el modo de producción, si no cambia la forma en que el hombre está organizado para producir la riqueza social y para distribuirla, seguirá habiendo explotación y, por lo tanto, seguirá habiendo oprimidos, pobres y marginados, y unos cuantos que se aprovechan de la inmensa riqueza producida por el pueblo.
Por lo tanto, la lucha del pueblo debe levantar la mira. La lucha del pueblo no debe limitarse a pelear una escuela —hay que hacerlo, es bueno—; no debe limitarse a pedir un camino —hay que hacerlo, es bueno—; no debe limitarse a pedir una lechería o unas despensas. La lucha del pueblo tiene que levantar la mirada, y tiene que entender que la verdadera tarea es modificar el modo en que la sociedad está organizada para producir la riqueza material, que es la que le da vida a todos; a explotados y a explotadores, a pobres y a ricos. Es la riqueza material lo que los mantiene, y esa riqueza material —repito— la produce el pueblo trabajador y es el que menos goza de ella.
Pero, perdonen que insista, no se trata de un problema personal. Ahí está Estados Unidos, que cambia de gobierno cada 4, 8 años: pasa uno y pasa otro, y la situación no cambia. Hace muchos años, desde que me empecé a ocupar de la política, he oído que Estados Unidos se queja del gran daño que le hace el narcotráfico, que va de los países pobres a envenenar a los ricos norteamericanos. Personalmente, durante todo este tiempo, yo no he oído nunca que se persiga a los narcos norteamericanos; allí parece que no hay narcos. Yo no sé cómo llega entonces la droga a los drogadictos, se acusa a fulano, a mengano, de que han traficado toneladas de drogas a Estados Unidos, y esas toneladas, ¿quién las recibe?, ¿quién las distribuye?, ¿quién cobra el dinero? Y, sin embargo, en la televisión, en los videos, en las redes, se ven pueblos enteros llenos de drogadictos, que son verdaderos desechos humanos en la sociedad más rica y poderosa del mundo entero. Trump lo dice con mucho orgullo. ¿Qué pasó?, ¿por qué no gastan todo el dinero que tienen para curar a sus drogadictos? Todo mundo sabe que, cuando se acaba la demanda, se acaba la oferta, y sin embargo ellos lo saben y no hacen nada. ¿Por qué? Porque, al final de cuentas, ellos solo representan al sistema en que vivimos, que, para ahorrar palabras y explicaciones, se llama capitalismo. Y el capitalismo está pensado para eso. El capitalismo se define como un sistema que vive, que se sostiene a base del trabajo asalariado y de la empresa privada, que es la que aprovecha la riqueza que generan los trabajadores; para eso está pensado el sistema, no está pensado para repartir riqueza el sistema. La teoría económica clásica no tiene un solo mecanismo para distribuir la riqueza social; solo tiene mecanismos para concentrar la riqueza, para concentrarla y para concentrarla con cada vuelta que da el capital, y eso es lo que vemos: unos cuantos ricos y una inmensa masa de pobres, que son los que alimentan el bolsillo cada vez más grande, gigantesco de los ricos en Estados Unidos y en otros países del mundo. El sistema está diseñado para eso y para evitar que el pueblo se rebele, para evitar que el pueblo se levante a protestar, a hacer una verdadera revolución para exigir justicia.
Se le encarga la tarea de repartir la riqueza a las autoridades, al gobierno, es decir, a los políticos.Pero resulta que los políticos muchas veces tampoco están interesados en el problema de repartir la riqueza, o simplemente no pueden, porque no tienen solo la tarea de repartir riqueza, sino de mantener funcional al país entero: maestros, médicos, ejércitos, puertos, aeropuertos, autopistas; todo eso lo tiene que mantener el gobierno, y el dinero no alcanza, no alcanza, porque la verdadera tajada de león se la llevan los particulares, los empresarios, los monopolistas, que ahora gobiernan el mundo entero.
Esa es la situación y por eso el pueblo se tiene que organizar para mejorar su vida, pero también para liberar a la humanidad entera de la esclavitud, del trabajo asalariado, de los salarios míseros y del hambre y de las carencias que producen en la mesa y en el hogar de todos los pobres del mundo. ¡No se es verdaderamente luchador social, si no se es solidario con todos los pobres de México y de todos los pobres del mundo! Porque, como tal, somos lo mismo, somos hermanos y tenemos que aprender a apoyarnos los unos a los otros, porque como dice la sabiduría popular, la unión hace la fuerza.
Desde que el hombre apareció sobre la tierra hasta hoy, ha venido ocurriendo casi lo mismo; me ahorro explicaciones, no es exacto, pero me ahorro explicaciones. Pero ahora está ocurriendo algo nuevo en el mundo, y ese algo nuevo es que, el imperialismo —que es la fase superior del capitalismo, que se caracteriza por la monopolización casi absoluta de la riqueza, por la necesidad de exportar, más allá de las fronteras nacionales mercancías y sobre todo, capitales; por la necesidad de traer grandes cantidades de energía en forma de petróleo y gas a las grandes empresas de los países ricos; y por la necesidad de que estos energéticos, y las materias primas que procesan, y hasta los alimentos que consumen, vengan de otra parte hacia los países cúpula, hacia los países que encabezan el imperialismo mundial, ese proceso ahora está entrando en decadencia, está entrando en decadencia y, curiosamente, está entrando en decadencia por la forma en que está organizado el mundo, que fue creada por los mismos imperialistas, es decir, por el mundo dividido en naciones soberanas y dueñas de su territorio y de los recursos naturales, entre ellos el petróleo y el gas que se hallan en el subsuelo de esos países.
El mundo está fraccionado y cada país; no todos tienen lo mismo, pero cada país tiene su riqueza. Teóricamente, de acuerdo con la legislación internacional, ese país tiene derecho a decidir, qué va a hacer con su riqueza, cómo la va a explotar, para qué la va a explotar y en favor de quién las va a explotar; en última instancia, teóricamente, cada país tiene derecho a decidir cómo quiere vivir y cómo quiere vivir de sus propias riquezas.
Esta forma de vivir el mundo en países que reclaman la integridad territorial, la soberanía y el respeto de los demás países —o sea, la no intervención de un país extranjero en los asuntos internos del país del que se trate—, todo esto empezó a formarse a raíz de los llamados Tratados de Westfalia. Lo hicieron los señores capitalistas que ya entonces veían la conveniencia de crear su propio coto de caza, su propio territorio nacional en donde pudieran hacer y deshacer a su antojo. Pero ahora, cuando han crecido tanto, países como Estados Unidos, como Alemania, como Francia, cuando necesitan grandes cantidades de recursos de todo tipo para mantener a su inmenso aparato productivo y armamentístico, ya no les conviene la división del mundo; ya no les conviene que México sea dueño de su oro, de su plata, de su petróleo; ya no les conviene que Venezuela sea dueña de su petróleo, porque lo necesitan los señores imperialistas; ya no les conviene que Cuba esté creando una sociedad igualitaria, una sociedad socialista. Como quiera que lo piensen, piensen lo que quieran de Cuba, pero Cuba está en su derecho de hacer, de decidir el destino de su pueblo, y solo porque da ejemplo Cuba a otros países de una forma diferente de vivir, por eso están contra Cuba.
Pero, sobre todo, el imperialismo norteamericano se da cuenta, que la estructura del mundo en países soberanos ya no le funciona, porque le estorba para disponer de los recursos que necesita; le estorba para llevarse el petróleo de donde sea, el gas de donde sea, el litio de donde sea, el hierro de donde lo haya. Es decir, ellos quieren libertad para disponer libremente, sin ningún tipo de taxativa ni de obstáculo, de todas las riquezas materiales del planeta entero. Y por eso están atacando a los países que se revelan, que no se someten a los intereses del imperio norteamericano. ¿De qué se trata la guerra en Irán?, ¿de qué se trata el secuestro de Maduro?, ¿de qué se trata lo que están haciendo en la guerra en Ucrania? Es lo mismo.
Yo quiero que lo entiendan, compañeros: no son cosas diferentes, es lo mismo, es el imperialismo, que está abriendo frentes por todas partes, porque necesita apoderarse de todo el planeta, sin excepción. Y, evidentemente, por lo pronto, ya desarticuló la riqueza europea; la Unión Europea está en crisis, porque le impidió Donald Trump negociar petróleo y gas con Rusia, y ahora no tienen petróleo ni gas los europeos y Estados Unidos se los manda en barco, un barco que dura 40 días o más para llegar a Europa, y les llega el petróleo a cuentagotas y a precios altísimos, y eso no se puede mantener. Europa, la orgullosa Europa de otro tiempo, está en crisis, y cada vez más abajo, y no se ve para cuándo levante la cabeza; y eso no es casual, eso se lo hicieron los norteamericanos, que eran sus amigos —como cuates—, les dieron ese golpe económico.

Y en América Latina, todos los países, como Argentina, por ejemplo, con el facho Milei, están a los pies de Estados Unidos, y los que no, están calladitos, porque le tienen miedo al armamento de los Estados Unidos. Entonces, aquí, ¿a quién ataca Trump?, ¿a quién ataca el imperio? A los pueblos que se rebelan o a los pueblos que se mantienen firmes en su independencia, que exigen respeto a su integridad territorial, respeto a su soberanía y respeto a la autonomía de sus decisiones internas, la no interferencia de potencias extranjeras en sus asuntos nacionales, que es el caso de Cuba; a esos países es a los que está atacando.
Y, aunque nosotros no nos distinguimos particularmente —me refiero a los mexicanos, a México— por ser rebeldes frente a Estados Unidos, no nos hemos entregado en sus manos como lo han hecho otros países hermanos del continente, desgraciadamente.
Sigue levantando la presidenta Sheinbaum la bandera de la soberanía, la bandera de la economía, la bandera de la defensa de los recursos. Yo no sé con cuánta sinceridad, ni si realmente está dispuesta a defenderlo y hasta dónde, eso no lo sé, no me voy a meter allí, pero yo oigo sus discursos y sé que sostiene esa bandera. Y por eso, en el mundo entero —oiganlo bien—, se ve a México como uno de los países que se le ha revelado a los Estados Unidos. Y ¿cuál es la respuesta? Ahí está Trump, amenazando con invadir México, que porque aquí hay mucho narcotráfico y que como la presidenta y su gobierno no hacen nada para combatirlo, entonces van a venir ellos a combatirlo. También decían eso de Venezuela: dijeron que iban a combatir el narcotráfico, mataron a unos cuantos pescadores y, al final de cuentas, se llevaron a Maduro, acusándolo de ser jefe del cartel de los soles, que la propia Corte Suprema de justicia norteamericana declaró que ese cartel no existe, que no existe, que es una simple manera de hablar, y sin embargo ahí tienen a Maduro preso. ¿Por qué? Porque Maduro defendía el petróleo de Venezuela. Ahora tienen venezuela a una presidenta que no es Maduro, tampoco la voy a insultar, y a calificarla, pero a mi en lo personal y debo decirlo, me parece que el trueque de Maduro por Delcy Rodriguez, es una pérdida casi absoluta de la soberanía de Venezuela, sobre su autonomía y sobre sus recursos naturales.
Lo mismo quisieron hacer en Irán, con una pequeña variación: no querían secuestrar al Ayatola Alí Jameneí, querían matarlo, y lo mataron, pensando que al matarlo iban a poder entrar a Irán como Juan por su casa, y se han equivocado. Hay una gran guerra en Asia Occidental, y cada vez esto se pone más difícil, porque el interés de Estados Unidos no es derrotar a Irán solo por ser potencia petrolera, pero no es la mayor potencia petrolera; allí cerquita están los países árabes: está Arabia Saudita, está Kuwait, está Catar, están los Emiratos Árabes Unidos, que son los verdaderos campeones de la producción mundial. ¿Por qué entonces atacan a Irán? Porque Irán es, en primer lugar, aliado de Rusia y de China, y, en segundo lugar, porque quieren cortarle el desarrollo a China por la vía de bloquear el comercio mundial.
Se dice —no me consta, pero lo he leído de gente seria— que la guerra va al dominio de todos los pasos importantes del mercado de petróleo y del mercado mundial en general: quieren los norteamericanos controlar el estrecho de Ormuz, controlar el estrecho de Malaca, controlar el Canal de Suez, controlar el Canal de Panamá y controlar el estrecho de Bab el-Mandeb, que da paso del océano Índico al Mar Rojo. Controlados estos pasos, Estados Unidos sería el dueño de las rutas mundiales del comercio y de los abastos de energía, y, por lo tanto, habría tomado del cuello a China y a Rusia. Porque Rusia que tiene petróleo no podría venderlo sin permiso de Estados Unidos, y China tendría que comprarle el petróleo a Estados Unidos y ese sería el dominio del planeta, derrotar a China derrotar a Rusia que son los verdaderos obstáculos y con ello lograr finalmente que los recursos del mundo lleguen a ser propiedad de los Estados Unidos.
Decía yo que se está desarticulando la estructura mundial que se comenzó a formar a partir de los Tratados de Westfalia, en 1648 —si no me falla la memoria—, hasta la fecha: la estructuración del mundo en naciones, en Estados Nación, con soberanía, con autonomía, con derechos sobre sus recursos; y al mismo tiempo, se creó una Legislación Internacional que le prohibía a los países hacer guerras sin permiso de la ONU, atacar a un país sin declarar previamente la guerra y sin permiso del Consejo de Seguridad de la ONU no intervenir en los asuntos de otro país. Etcétera. Es decir, la Legislatura Internacional, que se empezó a influir para regular la vida de los Estados Nación, es precisamente lo que le está estorbando a Estados Unidos para entrar a saco, sin temer nada, a secuestrar los recursos naturales de cualquier país. Entonces, la verdadera tirada al final del túnel —no sé para cuándo lo tienen planeado, pero no es un invento mío— es la desaparición de los Estados Nación.Y tenemos como ejemplo lo que quieren hacer en Afganistán, Irak, Libia, Siria. ¿Qué han hecho de ellos? Entraron con sus tanques y fusiles, dizque a llevar la democracia, a matar al “dictador” de Sadam hussein en Irak y a Muamar Gadafi de Libia y a Yasser Arafat de Siria, y lo que tienen ya, es un verdadero relajo —si me perdonan el mexicanismo—, un desmadre auténtico. En Libia, por ejemplo, que era de la ciudad africana más próspera, donde su población tenía el nivel de vida más alto de todo África, ahora está hecha pedazos, dividida en tribus que se matan unas a otras, donde no hay seguridad, donde no hay un estado articulado capaz de defender los intereses de Libia. A esto le llaman la Teoría del Caos, y es la Teoría del Caos la que quieren imponer al mundo entero: prácticamente desaparecer los Estados Nación, nulificarlos, por la vía de destrozarlos, de destruirlos y de impedir que se vuelvan a organizar, como está pasando en Afganistán.Tomaron el poder los talibanes, ¿y qué están haciendo los talibanes? Ya están en guerra con los pakistaníes, cuando se están muriendo de hambre, pero tienen armas que les dieron los norteamericanos.
El mundo se encamina, de acuerdo con los intereses de Estados Unidos, del imperio, hacia un imperialismo, hacia un imperio del caos, con un dominio preponderante de los intereses norteamericanos. Por eso hay una guerra ideológica contra el nacionalismo: acusan a los nacionalistas de ser chovinistas, de ser exclusivistas, de ser xenófobos, muchas cosas. Y es que el nacionalismo es el arma de los países para defenderse del Imperio. Un pueblo que no siente en la sangre lo que es ser mexicano, es un pueblo fácil presa, fácil de sus enemigos anteriores, y por eso combaten el nacionalismo mexicano y el nacionalismo de todo el mundo. Hay bibliotecas enteras escritas contra el nacionalismo porque se quiere destruir a los Estados Naciones para poner a todo el mundo a los pies del imperialismo norteamericano.
Esto no puede ser. La humanidad no puede aceptar ese futuro. La humanidad no puede ser esclava del imperialismo, los recursos del mundo tienen que ser para beneficio de todos y el trabajo del pueblo tiene que ser para beneficio de todos. ¿Y quién lo va a lograr?, ¿cuál es la fuerza que puede derrotar a los barcos norteamericanos, a los grandes portaaviones, a los grandes destructores, a las grandes fragatas, a los submarinos nucleares?, ¿quién puede parar todo esto? Aunque parezca ridículo, yo les digo: el pueblo organizado es la única fuerza que puede parar este desmadre. Si el imperialismo, si el pueblo norteamericano no estuviera tan lavado del cerebro, como lo han hecho a lo largo de muchos decenios los poderosos, los monopolios de Estados Unidos, y se levantarán contra Trump y le exigieran que parara la guerra, lo detenían. ¿Por qué? porque el pueblo mantiene a los de arriba; si el pueblo deja de trabajar con los de arriba, se caen, y tendrán muchas armas y muchos ejércitos, pero no van a acabar de matar al pueblo, porque luego ¿quién trabaja para ellos? Ellos producen muchas cosas y se sienten ricos por eso, aunque no las producen ellos, pero de todas maneras se las apropian. Y ahora yo pregunto: si matan al pueblo, ¿quién les va a comprar sus mercancías? Así es que es el Pueblo la muralla contra cualquier locura. Es el pueblo el que tiene que defender los recursos nacionales; es el pueblo el que tiene que enarbolar el verdadero patriotismo, no el Chovinismo, sino la defensa de los intereses de los mexicanos.
Lo que hay en México es nuestro, compañeros, y nadie tiene derecho a venir a disponer de ello. Lo que hay en México, el territorio nacional desde el Río Bravo hasta el Suchiate, es la parte del planeta que, como dice Schiller, Dios nos dio a los mexicanos; es lo nuestro, es nuestra herencia universal y no debemos permitir que nos la arrebate nadie. Necesitamos, entonces, luchar por un gobierno que sí se faje los pantalones en México, que sí entienda cómo se defiende la patria, que entienda el peligro grave que hay contra México y que entienda que la fuerza en la que debe apoyarse es en el pueblo trabajador.
Yo oigo a la Presidenta decir que la solución está en el Himno Nacional, y tiene razón, porque el Himno Nacional dice: “Piensa, oh Patria, querida, que el cielo, un soldado en cada hijo te dio”; o sea, te dio un soldado en cada hijo que tienes, sí, eso es cierto, pero no nacemos soldados con un fusil en la mano, necesitamos armarnos, aprender a usar las armas, aprender el arte de la guerra, y eso no lo vamos a lograr con el Himno Nacional. Tenemos que diseñar una estrategia de defensa de México, de los mexicanos, con base en el pueblo: un soldado en cada hijo te dio, sí, pero hay que formarlos, hay que educarlos; no vamos a mandar como en la época de la independencia, don Miguel Hidalgo convocó la rebelión, pero no formó ejército, no lo educó, no lo enseñó a manejar las armas modernas, y entonces era la muchedumbre. Que los reaccionarios, como Lucas Alamán, dicen que los soldados de Hidalgo le taparon con su sombrero la boca a los cañones para evitar que dispararan; claro que los botaban con todo y el sombrero. ¿Por qué? Porque el pueblo no puede luchar solo, porque es pueblo; tenemos que organizarnos, y no necesariamente todo el pueblo, sino crear un ejército o reforzar al ejército con un espíritu nacionalista verdadero y dotarlo de una independencia armamentista verdadera. No podemos luchar contra los gringos si las armas nos las venden los gringos; eso no es posible.
Hay muchas debilidades en el país que deberían comenzar a atacarse, a resolverse, si en verdad queremos llevar a la práctica aquello de que, un soldado en cada hijo te dio, pero el pueblo, si no sabe luchar con las armas, tiene muchas otras formas de hacerlo: bloquear las empresas, las industrias, en caso de una invasión —no estoy hablando de otra cosa—. ¿Y qué va a pasar? Simplemente se para la producción. El pueblo tiene en sus manos la palanca fundamental que hace funcionar al sistema y hace vivir a los individuos de ese sistema; los obreros, en la fábrica tienen en sus manos la palanca que produce riqueza, y si ellos se paran, el país se para.
Pero esto también requiere que el pueblo me entienda y que se organice, y por eso dije al principio que estoy de acuerdo con el presidente, y con eso termino: yo estoy de acuerdo con él. La organización del pueblo no es un delito, la organización del pueblo no es un capricho; siempre ha sido un derecho y una necesidad para que el pueblo progrese. Y hoy es indispensable, si queremos que México siga siendo para los mexicanos. ¡Viva México compañeros! ¡Vamos a defender a México! Yo los convoco a que nos unamos al Antorchismo Nacional, sabe lo que el país necesita y sabe cómo lograrlo.

Perdón si parezco pedante, pero lo aseguro. Y sabemos cómo organizar al pueblo y cómo educarlo, lo estamos haciendo. Queremos crear una organización popular en donde todos seamos hermanos, camaradas; en donde nos veamos como iguales; donde haya solidaridad, donde haya fraternidad, donde haya generosidad de unos para otros, donde haya socorro mutuo, como se dijo en la época feudal; que cada antorchista se sienta hermano de otro antorchista, aunque uno sea de Sonora y otro de Yucatán. Queremos, finalmente, crear una organización de hombres y mujeres enérgicos, decididos, con los pantalones y las enaguas bien fajadas, porque no sabemos qué retos nos fuera a plantear el destino, en caso de una invasión de México. Pero, como dije, solo el pueblo organizado podrá, con alguna probabilidad de éxito, hacer frente de lucha a los invasores y, al mismo tiempo, el pueblo crecerá y podrá gobernar a este país.
Don Miguel de Cervantes Saavedra, en la aventura de la ínsula Barataria, es el primer escritor universal que hace gobernar al pueblo, representado por Sancho Panza. Los condes, para burlarse de Sancho y de Don Quijote, les dan un pedazo de su condado que no era isla —eso quiere decir ínsula—, y le dicen: esta es una ínsula que se llama ínsula Barataria, y el gobernador es Sancho Panza; y estaban pendientes de los disparates de Sancho para burlarse de él. ¿Y qué pasó?, ¿saben qué pasó? Cervantes lo sintetiza así, y yo así lo sintetizo y termino: hasta el día de hoy —dice Cervantes—, los habitantes de Barataria recuerdan al gobernador Sancho Panza como el único y verdadero gobernador, como el mejor gobernador que han tenido en toda la historia de la ínsula. ¿Qué quiere decir Cervantes con esta analogía? Que el pueblo gobierna mejor que muchos que han estudiado para políticos, pero que ven la política como su patrimonio. No todos, no todos; hay gente limpia en la política también, y aquí tenemos un ejemplo en el señor presidente.
Yo, simplemente, les quiero dejar claro, compañeros: el pueblo puede gobernar, con cierta preparación, con cierta organización, con cierta educación; no así como lo están haciendo ahora, no, pero el pueblo puede gobernar. Organicémonos, organicémonos para crear una organización firme, una organización férrea —es decir, como de fierro—, que no se quiebre, ni se raje, ni se divida por donde estén los retos que tengamos que enfrentar.
Tlaxcala es un estado fundamental en la historia de México. Hay muchos que acusan de traidores, porque no saben historia verdadera, porque no entienden la dinámica y la dialéctica de la historia de los pueblos; pero Tlaxcala tuvo el gran acierto de liberar a su pueblo de la masacre de los españoles, y por eso Tlaxcala se convirtió, desde entonces, en la influencia indígena más poderosa, que se conservó intacta a través de los siglos y que imprime su sello y el orgullo del indigenismo mexicano a lo largo de todo el territorio nacional. Recordemos las cuatro repúblicas de Tlaxcala: Tepeticpac, Ocotelulco, Tizatlán y Quiahuiztlán. Recordemos al viejo y al jóven Xicotencatl; recordemos a Maxixcatzin. Recordemos a los grandes tlaxcaltecas que, a través de luchas internas poderosas, lograron salvar a Tlaxcala de la extinción; y, al salvar a Tlaxcala de la extinción, salvaron a la cultura primitiva de una extinción total, o casi total, como es la que sufrió México-Tenochtitlán. Por eso yo soy un admirador de Tlaxcala. Los que dicen que Tlaxcala es traidora son imbéciles, porque no entienden que en aquella época el concepto de patria no era, ni existía siquiera. Y por qué Tlaxcala sigue siendo un símbolo nacional. Aquí quise decir, por primera vez: preparémonos para una agresión posible de nuestro territorio nacional y preparémonos para gobernar a México, para que acabemos de una vez por todas con la injusta distribución de la riqueza.
Muchas gracias, compañeros”.
Así concluyó el discurso de quien es el fundador de Antorcha Campesina, Ese día domingo, las noticias declararon que Irán impidió que los buques americanos atravesaran el estrecho de Ormuz; En Irán también el pueblo muere: niñas en su escuela, madres en la calle resguardando las fuentes energéticas iraníes por recomendación de sus jerarcas. Sucumben miles de muertos también en ciudades y pueblos israelitas: niños, militares, ciudadanos, bajo las consecuencias del fuego, el hambre, el dolor y la muerte, entrelazan a los pueblos del mundo. México, no escapa del Caos bajo la mano oscura de la CIA y amenazas de Trump, contra la soberanía mexicana. Al final de cada día, el pueblo desaparece, las estadísticas sobrepasan más de 140 mil desaparecidos, también amanecen las fábricas y las refinerías en llamas. Y yo concluyo: Es urgente la Unión verdadera de los pueblos del mundo, sin que detrás haya un dogma, un dios, un partido, una doble intención, solo amor a nuestra raza, fuerza de lucha contra lo injusto, y ser salvaguardas de la madre tierra, sabernos pueblo y hacer del verso acción de la poesía, así, como tomar las respuestas acertadas y por siempre recordar los días en que las palabras sabias flotaban en aire, como alas.