¿El futbol fue aliado del neoliberalismo mexicano?

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Desde hace muchos años una parte importante de mi vida ha estado relacionada con el futbol soccer, ya sea como aficionado de este deporte mas no de ningún equipo ni en México ni en el extranjero, como jugador en niveles inferiores desde el llano y/o el barrio hasta categorías amateurs en sus derivaciones de sala y siete, así como de analista en medios de información donde he podido escribir sobre futbol.

Con mucha responsabilidad me atrevo a decir que alejado al cien por ciento de fanatismos, convicciones fundamentalistas, reitero, libre de aficiones por algún equipo en especial, y también libre de compromisos para quedar bien con algún club, personalidad de este deporte o determinados comunicadores famosos o destacados, el futbol soccer es un pilar fundamental en mi vida.

Por lo tanto, me tiene sin cuidado si un equipo gana y otro pierde o es eliminado, sólo disfruto el espectáculo como tal, desde las expresividades de talento y arte de cada jugador independiente del equipo donde esté, hasta los lenguajes tácticos del juego, como cuando uno asiste al teatro y se puede observar una puesta en escena.

Me creo capaz de poder distinguir una filosofía de juego de un entrenador destacado, o la identidad de juego de un club desde su fundación como institución social y deportiva.

Soy de los que gustan de ver en el futbol soccer algo más artístico, vinculado a un lenguaje colectivo, un cúmulo de habilidades y destrezas sensibles, demostración de talento, de técnica, de construcción creativa de jugadas, de constante pensamiento, de poesía mediante el balón, entre otros argumentos, mezclados con velocidad, dinámica, fuerza corporal, elasticidad, flexibilidad, astucia, potencia física, resistencia, perseverancia y amor propio competitivo mezclado con vergüenza deportiva.

Disfruto bastante ver en una cancha de futbol plasmados los trabajos técnicos, de entrenamiento físico y de gimnasio, de entrenamiento táctico, así como el desarrollo de un lenguaje estratégico, de un discurso de juego bastante claro, y de ser posible que priorice el ataque y garantice el espectáculo constante durante noventa minutos.

El futbol como mero acto físico y motriz sin hechuras técnicas ni talentosas, ni fondo estratégico, más que un parado estándar que medianamente compita, muy a la mexicana por así decirlo en la inmensa mayoría de los partidos de la Liga Mx, me deprime y desde luego me aburre.

Algo que me ha llamado la atención de analizar recientemente en nuestro país es que por más desarrollo de un sistema de canteras de primer nivel en algunos clubes del futbol mexicano (no en todos, y por cierto en los últimos años con uno que otro joven venido del extranjero hacia las divisiones inferiores mexicanas), por más desarrollo de una industria nacional del futbol tanto en la parte deportiva como en la parte comercial e institucional, por más escuelitas, canchas, ligas competitivas, ligas de llano y/o de barrio, tiendas de artículos de futbol, AMPLIA COMERCIALIZACIÓN, impulso de divulgación mediática y comercial, bombardeo televisivo premundialista con la selección mexicana, y vínculos con el mundo en términos futboleros, algo sucede que no somos competitivos cuando hay que demostrarlo contra quienes hay que hacerlo.

Algo sucede que no estamos cumpliendo los estándares de calidad que el mercado mundial de este deporte demanda en la generalidad, algo sucede que no figuramos al nivel de los mejores del planeta, algo sucede que no estamos logrando ser los mejores, y sólo nos quedamos en las promesas, en la medianía la mayoría de las veces.

Pareciera que futbolísticamente hablando, y en la generalidad desde luego, somos buenos al inicio pero no logramos consagrar y dar ese salto de calidad, ir al siguiente nivel y tocar la élite, palpar lo máximo.

Son pocas, casi contadas con los dedos, las dignas y plausibles excepciones para México, comparado con la suma de fracasos, mediocridades, derrotas, y malos pasajes. Son pocas las personalidades y las instituciones mexicanas que en términos de futbol soccer han logrado hacer patente una historia diferente.

¿Será que nos metieron progresivamente este deporte llamado futbol, casi como con calzador, para inmiscuirnos en el lenguaje de la globalización neoliberal financierista, a la que el mundo se subordinó los últimos años, y no quedarnos atrás en la imagen mexicana hacia el extranjero?

¿Será que desde México de forma inmediata, ansiosa, y desesperada se tenía que dar la imagen moderna de un país con capacidad para entrar al mundo globalizado, con el futbol como valor y símbolo imprescindible?

¿Por consiguiente eran tan importante dar al mundo la imagen del portentoso Estadio Azteca, de Hugo Sánchez, de ser sede de los mundiales, sobre todo el de 1986, para no quedarnos atrás de países FUTBOLÍSTICAMENTE TRADICIONALES en términos de cultura futbolística, desarrollo de personalidades e impregnación social de este deporte en su músculo civil y sociológico, más allá de un simple deporte, incluso hasta por las características físico atléticas de la población de esos países como Inglaterra, Alemania, España, Francia, Portugal, Argentina, Uruguay, Brasil, Holanda o Italia?

Entendiendo los últimos cuarenta años como una etapa de consagración en general, medianamente decente del futbol mexicano (coincidentemente con los años y/o el periodo de tiempo que le ha tomado desarrollarse al neoliberalismo globalista financierista en nuestro país), pongamos en contexto algunas preguntas y matices al respecto.

Llaman la atención las pasadas declaraciones de Andrés Manuel López Obrador donde ha enfatizado mucho en el impulso y la reconstrucción social del apego civil hacia el beisbol que con su gobierno y mediante las instituciones mexicanas a cargo del deporte nacional se desarrollará.

¿Será que AMLO entiende que el beisbol era el máximo deporte colectivo popular, consagrado, de gran demostración del talento nacional, de gran amor mediante los aficionados, en las épocas del desarrollo estabilizador y los años maravillosos mexicanos? ¿Es un código y un mensaje políticos los que hace AMLO en sus alusiones al béisbol?

¿Será que la caída estructural, cultural y mediática, por regiones y zonas que antes eran puramente beisboleras en México, y que progresivamente se inscribieron en el futbol soccer, expresan la trayectoria neoliberal y el lenguaje globalizador bastante explícito desde el futbol soccer, en torno a México y el mundo?

No respondamos estos planteamientos con la simpleza de decir que más deportes en una región hacen bien a la sociedad; nadie se opone a esto en todo caso, es una obviedad referirnos a esto. El deporte y la mayor cantidad de deportes disponibles para la gente acrecentarán beneficios, réditos culturales, y mejoras a la salud, la mentalidad, la disciplina y el bienestar de la población. Eso está claro.

Acá, para la última pregunta, estamos refiriéndonos a un asunto MÁS ALLÁ de la cultura física y la práctica popular del deporte. Nos estamos refiriendo además a un contexto comercial, institucional y político donde el deporte, si se quiere ver así, figura como símbolo dinamizador de un programa y/o proyecto económico, político, social y cultural como la globalización neoliberal financierista.

Hay que recordar que muchas zonas del país como el Bajío (desde Celaya hasta León), Monterrey, Torreón y el resto de la Comarca Lagunera, y desde luego la Ciudad de México, eran regiones mexicanas ampliamente beisboleras.

No me atrevo a ratificar que el beisbol esté inexistente en estas partes, pero está claro que han sido condenadas y derrotadas crecientemente en términos mediáticos, culturales, y aquí sí cabe el argumento de la tradición en la parte de la práctica y la cultura física, por el futbol soccer.

¿Por qué será que para los altos niveles del futbol mexicano dependemos en mucho y en la generalidad de la presencia extranjera? ¿Han notado que en México hay un número considerable de promotores, visores, entrenadores, preparadores físicos, analistas y comunicadores, directivos, y sobre todo jugadores, que vienen de países futboleros de tradición y cultura como España, Argentina, Uruguay, o Brasil?

¿Por qué será que en México en muchos casos, A DIFERENCIA de como sucede en Inglaterra, Alemania, Francia, Portugal, España, Argentina, Uruguay, Brasil, Holanda o Italia, algunos de los puestos clave de una estructura futbolística que va desde lo deportivo en la cancha hasta la parte institucional, no se pueden tener plantillas casi completadas de gente puramente mexicana?, ¿Será que el desarrollo futbolístico en México no sólo en cancha, sino en la parte institucional, mediática, cultural y social, no ha terminado por cuajar?

Dicho lo anterior es posible hacer o establecer una hipótesis de que el futbol mexicano como industria, como cultura, y desde luego como estructura deportiva, fue impulsado de forma acelerada en los últimos años y aún no estamos lo suficientemente capacitados para abanderar un sello propio, un FUTBOL MEXICANO PROPIO, un lenguaje social, cultural y hasta político PURAMENTE MEXICANO desde EL FUTBOL SOCCER.

Hay países que en situaciones similares a las nuestras han logrado abanderar un sello o un lenguaje más propio, más genuino y con más réditos competitivos como Perú, Ecuador o Colombia.

Y es que este acelere en que se empezó a desarrollar el futbol mexicano en los últimos cuarenta años no priorizó como debiese ser los aspectos HUMANOS del futbol en cuestión de desarrollo deportivo, cultura futbolística de calidad y de nivel, crítica futbolística, ente otros.

Sólo consagró de forma medianamente competitiva si queremos verlo así la parte institucional y mediática, teniendo como objetivo central no tanto el tema deportivo competitivo sino la imagen del VÍNCULO GLOBALISTA NEOLIBERAL CON EL MUNDO, porque está claro que el mundo de la globalización tiene en el futbol un simbolismo más allá de lo deportivo en términos de unión, fusión y relación entre países en pro del mercado, de las nuevas relaciones internacionales, de la liberalización de la economía sin fronteras de por medio.

Sin embargo hay países del mundo que el futbol se ha desarrollado como cultura tradicional, como parte de una cultura física social, como parte de un tema de músculo civil y político, más allá del trasfondo deportivo pero no sólo como un tema institucional y mediático como en México. Ejemplos de lo anterior pudieran ser Inglaterra, Alemania, España, Francia, Portugal, Argentina, Uruguay, Brasil, Holanda o Italia.

Por tanto es muy difícil emular los estándares de calidad, de generación de futbolistas de élite, de instituciones, de perfiles culturales y tradicionales de futbol, como sucede en Europa por así decirlo, o como sigue sucediendo en Argentina, Uruguay o Brasil, sobre todo cuando es joven el desarrollo FUTBOLÍSTICO MEXICANO y además este fue impulsado no tanto como PROYECTO SOCIAL, CULTURAL NI DEPORTIVO, sino como un SIMBOLISMO POLÍTICO de IMAGEN INTERNACIONAL, una especie como de MODA OBLIGATORIA en términos de globalización internacional financierista.        

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