El espíritu deportivo secuestrado por las leyes capitalistas

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

El espíritu deportivo, que una vez fue sinónimo de pasión, dedicación, entrenamiento y fair play, ha sido progresivamente lastimado por la influencia dominante del mercado y las empresas multinacionales del sector deportivo, presente en cualquiera de sus rubros funcionales.

   La lógica del beneficio económico ha cooptado el deporte, convirtiéndolo en un vehículo para la acumulación de capital y la reproducción del negocio, en escalas industrial y comercialmente muy sofisticadas.

   La promoción deportiva en los niveles de negocio multifacético se ha convertido en una herramienta para vender productos y marcas pensadas en un público irónicamente que no es deportista, con todo y la ironía que esta reflexión pueda despertar, en lugar de fomentar la competencia justa y el desarrollo de habilidades como parte de una estrategia de impulso a la cultura física con sentido colectivo para la sociedad.

   Sostengo una vez más que al capitalismo no le importa el beneficio social.

   La ropa deportiva se ha transformado en una industria lucrativa con altos estándares de marketing que impactan incluso en las condiciones neuroemocionales del ser humano que consume ese marketing, donde la función y la comodidad a menudo se sacrifican por la estética y la propaganda subliminal y directa.

   La transmisión y los medios de comunicación deportivos han sido comprados por conglomerados, tendientemente estacionados en países centrales del capitalismo internacional, que buscan maximizar sus utilidades, en lugar de promover el deporte en sí. 

   Si bien eventos como los Juegos Olímpicos el repaso de todas las prácticas deportivas es una ley, son sabedores de que muchos deportes no venden ni son atractivos para anuncios y comerciales, y por ende fuera de las justas olímpicas o panamericanas se les descarta como parte de un impacto e impulso mediático.

   La tecnología, factor esencial en el desarrollo capitalista de los últimos años, ha sido utilizada para crear una experiencia de espectáculo que venda, en lugar de mejorar la competencia y el rendimiento de los atletas, con el fin de su desarrollo humano e integral de ellos mismos.

   Este secuestro cabal del deporte por parte del mercado y las empresas multinacionales en los últimos años en el mundo ha llevado a una serie de consecuencias negativas y hasta nefastas como:

   – La mercantilización del deporte, como factor prioritario de la industria, que reduce la importancia del fair play y la competencia justa, y que siempre cuidará el margen de negocio.

   – La explotación empresarial de atletas y deportistas, que son vistos como mercancías en lugar de personas, y que en torno a ellos su rendimiento se mide en función de sus alcances comerciales y científicos por encima de las virtudes y el desarrollo de un progreso humano vigoroso, que no necesariamente se pueda cuantificar.

   – La pérdida de la esencia y el alma del deporte, como aspectos esenciales del desarrollo humano, que es reemplazada por la lógica del beneficio económico.

   Es hora de reflexionar sobre el estado actual del deporte, visto como una de las miles contradicciones del modo de producción de capitalista y su modo de organización política respectiva, y considerar cómo podemos recuperar el espíritu deportivo auténtico, que priorice la pasión, el entrenamiento, la dedicación y el fair play, en todo caso priorizando la cultura humana.

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