Del escándalo al olvido… ¡Que pase el desgraciado!

Por: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

Para: Armando Martínez Verdugo (mi padre)

en tu cumpleaños número 77…

 

Dime:

¿qué ha cambiado en la Tierra que,

según la leyenda, creé en una semana?

Por qué la gente obstinada

en reproducirse y atestar aquel

planeta de menguados recursos

Juan Goytisolo

 

Mi querido Milan Kundera señala que nuestro presente puede ser caracterizado por la repetición. La humanidad no aprende de sus experiencias, el pasado es un extraño estadío superado, como si el presente fuera mejor y como si la posibilidad del futuro por sí solo implicara la salvaguarda. Estamos pues, en medio de dos fenómenos que nos caracterizan el escándalo y el olvido, ese es sin duda el paroxismo de nuestra existencia. Para algunos puede ser explicado por el desarrollo de los medios de comunicación que han generado una dinámica social donde lo nuevo es casi instantáneo, un soplo que es arrasado por el ventarrón de la urgencia de cambio.

Angustia frenética, casi neurótica… lo nuevo como viejo, pero por otro lado despreciamos profundamente lo antiguo, porque es el signo de nuestro irreductible final. Seguimos atrapados como infantes de nuestra existencia, en la antigua pulsión ontológica que nos dedicamos a combatir: La muerte.

En el embate entre medios y fines, donde cruza necesariamente la técnica como eje central de nuestra constancia humana, hemos perdido de vista que la técnica es sólo un medio, no el fin en sí de nuestro estar en el mundo. La técnica que hoy es vista como la constancia de nuestro ser transformado, surge del reconocimiento de nuestra incapacidad. La técnica es el límite de nuestra humanidad, imposibilidad para alcanzar la bestia. La cavernícola humanidad utilizó la piedra y la lanza para conseguir lo inaccesible… la naturaleza. Entre más sofisticado sea nuestro desarrollo tecnológico más limitada es nuestra humanidad.

Regresemos con Kundera y su luminoso señalamiento sobre lo que somos. Porque el escándalo de la repetición queda siempre caritativamente anulado por el escándalo del olvido (el olvido, ese hoyo o agujero por los que se sumía el recuerdo, tanto el de una mujer amada como el de una gran novela o de una matanza). Inmersos en nuestra catástrofe tecnológica, nuestra treta es que la técnica es  la culpable de nuestra inmunda humanidad. ¡maldito internet! ¿malditos teléfonos móviles? Pero la tecnología por más que la imaginería hollywoodense neceé no tiene memoria. Es más bien ese boquete donde desechamos lo que somos. El amor, el texto… o una matanza.

El sexenio del burro de Peña Nieto está a punto de concluir ¿serán los seis años que marcaran nuestra existencia? ¿no olvidáremos lo que nos ha hecho? Su administración será caracterizada por la plétora putrefacta. Corrupción rampante, cínica. El legado del burro de Peña Nieto está signado en la Casa Blanca, como la punta del arco de su modus operandi, en la corrupción de los procesos electorales…. en el otro extremo de la arcada, están los más de 270 mil muertos, los 32 mil desaparecidos, los millones de mexicanos en la pobreza.

Puede que nuestra memoria esté mercada por la corrupción, con la cual nos han obligado a pervivir. Puede que no sea novedad, que en el maremagno no haya político impoluto. Puede que la característica central del sistema político mexicano sea el robo a mansalva. ¿Puede? El agua nos ha llegado a los aparejos. La corrupción es hoy una de las causas de la desigualdad social. Entre más corrupta y permisible es una sociedad con el cohecho más miserable se vuelve. No únicamente en el sentido moral y ético de nuestro estar colectivo, sino que gesta millones de pobres.

Hace unos días me preguntaba un amigo ¿porqué si en México hay tantos programas sociales que combaten la pobreza, ésta no desaparece? La respuesta querido amigo es que por cada millón que se invierte en los pobres, conforme el recurso va bajando a la comunidad se va reduciendo hasta convertirse en miles, cada oficina toma un cacho del erario; bien sea para campañas electorales, o bien para que el funcionario pobre, acabe siendo millonario.

En los cinco años que llevamos de la administración del burro Peña, se han “invertido”, —gastado, dice el reporte de la administración de Alibaba y su panda de ladrones352 mil 450 millones de pesos; sin embargo, sólo fue beneficiada el 0.1 por ciento de la población en pobreza; no es que esos millones hayan llegado al 0.1 por ciento, sino que lo que llegó sólo alcanzó para ellos. De los más de 53 millones de mexicanos que están en la pobreza, —según cifras oficiales— sólo el 0.1 por ciento fue beneficiado por los programas sociales. ¿Dónde quedó el resto de los 352 mil 450 millones de pesos? ¿por qué no hay una contraloría que señale el hurto?

La imaginería de la alternancia democrática generó desde los años 70 del siglo pasado una transformación institucional, que tiene su primera expresión en la apertura del Sistema electoral mexicano, la creación del Instituto Federal Electoral, hoy INE, hasta los organismos autónomos como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, transparencia, telecomunicaciones y los que “combaten” la corrupción ¡ja! Sin embargo, todo indica que se trata de un gatopardismo.

El escándalo y el olvido son los signos de nuestro desarrollo colectivo. El burro de Peña es hechura de Televisa, como subproducto de la misma se regodea en el escándalo, al extremo de atomizar sus fechorías. El pasado 20 de diciembre un reportaje de los periodistas Azam Ahmed y J. Jesús Esquivel en el periódico estadounidense The New York Times, reportaba el desvío de 250 millones de pesos de la administración del entonces gobernador priista César Duarte, el operador de dicho desvío fue el singular político y empresario Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, mano derecha de Manlio Fabio Beltrones y, muy cercano, al exitoso multimillonario Carlos Slim.

Este nuevo escándalo de corrupción toca a las altas esferas del poder político en México, tanto al aprendiz, Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray; como al candidato Meade, así como al jefe de la banda: el burro de Peña…. Como al empresario exitoso de FORBES. Las pesquisas de los periodistas señalan que el desvío de esos 250 millones de pesos del presupuesto público fue primero a empresas falsas, para finalmente acabar en las campañas electorales de Sonora, Durango, Colima, Veracruz y Tamaulipas, en el pasado proceso electoral del 2016.

¿Cesargate, Duartegate, PRIgate, Peñagate… el Odebrecht mexicano?, que importa cómo lo denominemos. Estamos sumidos en un nuevo escándalo, en el paroxismo del escándalo… la corrupción puede ser entendida bajo el crisol pedagógico del talk show… ¡que pase el desgraciado! Pero no hay juez que se atreva a juzgarlo. Las instituciones de la alternancia, las reformas constitucionales, los nuevos marcos normativos no alcanzan a voluntad moral alguna.

Es cierto, el gobernador de Chihuahua, el panista Javier Corral ha emprendido una cruzada, que pone en el centro de la palestra la corrupción rampante de la panda de ladrones del burro de Peña. Pero alcanzará el esfuerzo de un gobernador para generar un cambio institucional sobre la PESTE que invade la administración pública mexicana ¿alcanzará el esfuerzo del Bozo-Corral para generar una ola moral? ¿Le interesará a Javier Corral realmente un cambio institucional? o sólo quiere ¡que pase el desgraciado!

Javier Corral debe asumir las consecuencias de su cruzada, llegar hasta el corolario, sino, sólo ha montado un espectáculo dentro del espectáculo. Es el payaso del corrupto circo del ladrón Peña. Junto a su séquito, Corral será el responsable del olvido de la PESTE.

¿Pero quién es el desgraciado realmente? ¿quién debe ser sentado en el banquillo? ¿quién debe ser juzgado?… Para que se generé un verdadero cambio social, es necesario asumir que la PESTE es colectiva, que todos somos responsables de la corrupción rampante a la que ha llegado la panda del burro de Peña. Que los millones de pobres votan por unas cuantas monedas y por promesas, por esos corruptos; que Slim y los millonarios de México se benefician de la misma; que las clases media clasistas, simplemente se taponean la nariz; que los intelectuales y la academia, tienen comprada la mente… Pero la PESTE ahí sigue.

En segundo lugar deberá ser juzgado el comandante en jefe… el ejecutor primario de todos los crímenes, el que aceptó orgullosamente la violación de más de una decena de mujeres en los operativos de la Policía Federal, en Texcoco-Atenco… el que acabó encerrado en un baño, el plagiador licenciado… el que recibe sobornos a diestra y siniestra… El que roba rampantemente.

Para que exista un verdadero cambio, para que se inicien las bases y crear una democracia en México, es necesario que Enrique Peña Nieto vaya a la cárcel por los innumerables crímenes que ha cometido. ¿Alcanzará el esfuerzo del Bozo-Corral? ¿Le interesará a Javier Corral realmente un cambio institucional? o sólo quiere ¡que pase el desgraciado! más aún ¿realmente la sociedad mexicana está cansada de su pestilente condición? ¡que pase el desgraciado!

 

 

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