El arte y la cultura, ¿promotoras de la ciudadanía en México?

Por Víctor Del Real Muñoz

 

Foto: Eréndira Negrete

 

Vivir en el México actual es un auténtico reto, porque implica sobrevivir en un entorno donde el discurso y las acciones que dan vida al individualismo se sobreponen a cualquier contexto en el que una convicción colectiva es mal vista por la sociedad mexicana contemporánea.

 

En mi país, hoy en día, es de gente rara pensar un poco en grupo.

 

Pertenezco a una generación que adolece, y está privada en su generalidad, de mecanismos de acción política, de tener voluntades y anhelos colectivos, de hacer consensos y llegar a acuerdos; soy parte de una generación donde el silencio y la neutralidad de desenvolvimiento son las mejores cartas de presentación ante la sociedad. Al menos en México, pero lo puedo ver también en otras partes del mundo.

 

En este sentido, observo con azoro que los nichos culturales nacionales de la actualidad -reitero que en su generalidad- se corresponden con esta fría y anti social manera de conllevarse dentro de este país.

 

Puedo percibir que el arte ya no es una manera de concientización, un canal de expresión de un problema de trascendencia social y nacional, o una vía de obtención de libertad para el ser humano. Hoy -quizá siempre lo ha sido, pero ahora más que nunca-, es sencillamente un negocio más. Así es al menos en México.

 

En la cultura actual se sobrepone el criterio del mercado. Cito al maestro Julio Haro de Guadalajara: “No creí que era un venta, hasta que me trajiste la cuenta”. La cultura y el arte se han institucionalizado, han sido condenadas a los criterios de la competitividad y el lenguaje de la empresa, a los bonos de la meritocracia y a las becas del Estado que benefician la productividad cultural, y sacrifican el rigor y el volumen creativo más genuino y leal desde el imaginario del artista.

 

Los artistas en mi país sobreviven de acuerdo al volumen en masa de su trabajo cultural, o también gracias a un contrato con una casa disquera, una galería de arte, una firma editorial (casi siempre extranjera) o una beca tipo FONCA o del programa del SNC de CONACULTA.

Estoy de acuerdo en que el estómago y los riñones de los creadores precisan del mismo combustible que el de otras personas; les deseo prosperidad a los artistas, sobre todo a los mexicanos, sin embargo, está claro que los criterios artísticos de cualquier disciplina cultural, al menos aquí, son tasados en proporciones pro empresariales y no de acuerdo a un argumento de calidad, sensibilidad, trascendencia nacional, etc.

 

Además, puedo entender que muchos de los artistas en mi país -no me cansaré de repetir que en la generalidad-, trabajan escenarios, paisajes, letras, música, pintura, escultura, etc., con mensajes, propuestas, tendencias, aspectos, modelos, modas de proyectos que no corresponden con la situación que experimentamos en México.

 

Este país, cada vez más saqueado e intervenido, precisa que sus voces más sensibles, más cultas, más ilustradas y talentosas, tengan estrecha cercanía su pueblo. México necesita de sus artistas muchísimo más de lo que muchos nos podemos imaginar. Hoy pareciera que los creadores nacionales fueron liberados de sus convicciones políticas, de su olfato social, incluso de sus orígenes, para convertirse en personajes técnicamente preparados para hacer una creación o un trabajo, quizás bien hecho, pero que no dice nada en términos sociales.

 

Argentina, por ejemplo, tiene en sus estatutos de convocatoria para becas y fondos de arte (sin poder precisar detalles exactos de los trámites administrativos y papeleos de allá) hacer creaciones, reflexiones, escritos, libros, pinturas, grabados, esculturas y otros más que reivindiquen por lo menos algún aspecto de su vida social, de sus tramas y dolencias urbanas, de las grandes ciudades pamperas, de la situación del agro argentino, de la historia tan dolorosa que aquel país ha vivido con golpes de Estado, dictaduras militares, levantamientos civiles, etc.

 

Está claro que los argentinos saben anteponer su criterio social y nacional antes que otra cosa. Tienen mejor inculcado, por lo menos mejor que nosotros, una visión colectiva y un posicionamiento ideológico básico en su papel como ciudadanos.

 

¿Acaso vivimos en un momento en el que al igual que a los académicos, los creadores han sido encaminados a divagar por altas capas, alejadas de la realidad social?, ¿serán conscientes de la trampa en que caen?, o sencillamente ¿les importa poco su país y sus compatriotas? Para todos los creadores y artistas nacionales ¿qué significa ser mexicano en la actualidad?

 

Veo un país con muchas modas culturales, casi todas exógenas, en la onda snob, hasta cierto punto tonta. No veo sensibilidad genuina, talento terrenal, correspondencia con la gente de abajo en términos creativos. Todo esto en la generalidad.

 

Cuidado, estamos perdiendo muchísimos reductos de nuestra soberanía y de nuestra ciudadanía. Invisiblemente, de a poco nos despojan lo más íntimo del subconsciente; la gente no se da cuenta que esos ejercicios de lobotomía son con miras al saqueo y a la libre explotación. Vuelve a hacerse presente la ley del valor y del capital. No caigamos en la trampa.

 

Los tiempos en que Diego Rivera relató en los muros de Palacio Nacional o el Estadio de los Pumas pasajes estéticos sobre la mexicanidad o bien las condiciones en que los indígenas y la gente de los pueblos mexicanos vivían en los años cuarenta se han esfumado. Ahora la moda del muralismo contemporáneo es hacer manchas con líneas y figuraciones extrañas que terminan por decir nada y vender caro en los catálogos y museos de arte nacionales y extranjeros.

 

Cuidado  con confundir vanguardia creativa con modas de mercado cultural. Recordemos que en la actualidad bastantes artistas del mundo y de México son agentes de mercado y vendedores profesionales. Han perdido la primacía del oficio del artista.

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One Thought to “El arte y la cultura, ¿promotoras de la ciudadanía en México?”

  1. Todas las estructuras al final se tornan hacia un mismo fin así como la religión, las leyes, la moral, la cultura, la educación, entre otras, para justificar un proyecto de nación. Y entiendo que muchos no la percibamos porque no es nuestra rama o necesidad de hacerlo; pero los que logran tener ese nivel de conciencia buscan estos pequeños espacio para hacer uso de su conciencia y darnos una bocanada de aire fresco para ser más concientes. Felicidades por tu artículo creó que hoy has hecho polémica con ésto.

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