El amor a mi profesión de economista

Por Víctor Del Real Muñoz

Uno de los aspectos centrales que me preocupaba desde que yo era estudiante de la carrera de economía, con mucho orgullo y nostalgia desde mi muy querida  Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional que hoy mantengo en mi recuerdo con sus pasillos verdes y sus edificios funcionales de excelsa ventilación además de su bosquecillo verde a espaldas de la biblioteca donde las muestras de amor en exceso eran sucesos de veneración y disfrute, era el no poder encontrar una actividad ordinaria y permanente, además de reflexiva, sobre los múltiples aconteceres y muestras de realidad de la condición económica en el mundo.

 

Me parecía, quizás bajo un criterio de romanticismo puberto, que se perdía la oportunidad de aprovechar las entrañas de un lugar donde el subconciente de los jóvenes economistas en proceso y los docentes de tan versátil jeraraquía académica podrían concentrar energías al por mayor en pos de la discusión y el debate con miras a la preparación de cuadros, verdaderos cuadros.

 

Bajo ese criterio pensaba que mi querida escuela era la única que vivía situación de despolitización o quizás politización con sentido despolitizante, no lo sé […], sin embargo me percaté cuando tuve la oportunidad de visitar otras escuelas de economía del país, de provincia en el interior de México e incluso en el exterior, puntualmente en América Latina, que esta era una condición muy impregnada en la dinámica interna de las escuelas de economía.

 

Independientemente de que las escuelas de economía y sus unidades de posgrado mantengan una agenda de eventos académicos, congresos, incluso seminarios, soy de la idea de que las escuelas de economía deben regresar a la inercia autogestiva de discusión estudiantil y docente de los problemas que aquejan la realidad económica del mundo. Este tipo de interacciones, estoy seguro, le forjan al estudiante y al docente la permanente convicción de ceñirse al desarrollo de un cuadro de análisis; estoy seguro que este tipo de entrenamientos son demasiado útiles.

 

Creo que los economistas en formación y los docentes de economía tienen la obligación moral de permanentemente hacer interactuar la dinámica funcional de sus roles en cumplimiento de sus labores con el compromiso de analizar, enfatizar, priorizar y discernir al respecto de la realidad nacional e internacional.

 

Me preocupa que además de ello, los jóvenes economistas en masa no desarrollan ideas, escritos, trabajo periodístico, reflexiones elaboradas […] Me inquieta que el estudiante de economía, en especial el de economía, esté siendo condenado al unilateralismo funcional.

 

Considero que el mecanismo de entrenamiento mediante las actividades no curriculares que tengan que ver con una integración personal del economista en debates, discusiones, escritos, reflexiones, etc. generaría un incentivo anímico en las convicciones del economista en proceso por acceder con mayor pasión y rigor a la praxis de la acción disciplinaria en pro de las verdaderas soluciones como científico social. Es como cuando al atleta de alto rendimiento le inculcan desde joven la idea de complementar su entrenamiento físico con algunas visitas serias al gimnasio, un aliado por demás maravilloso y útil para el deportista de alto rendimiento.

 

El mundo actual ciñe progresivamente a la ciencia económica (en caso de que bajo las premisas poppereanas y comteanas ya seamos ciencia) y como nunca antes a la preparación de cuadros entrenados para ejercer tareas delimitadas en una frontera que va desde la administración hasta el manejo eficiente de herramientas programáticas y cuantificables para estandarizar fenómenos de volatilidad bursátil, criterios de ingeniería financiera de la más variada versatilidad o  modelización de formalizaciones numéricas sobre aspectos que a veces abandonan la verdadera realidad sustancial del devenir económico global. No sé si en un camino tan acotado el economista actual tenga la chance de explotar su talento para visualizar grandes implicaciones más allá de las condiciones funcionales del trabajador economista.

 

Me niego a pensar que mi disciplina sea coartada, reducida y dividida. La disciplina económica anida bajo su velo un tesoro de múltiples aristas que junto a la condición intrínseca de ser interdisciplinaria por naturaleza, puede darle al mundo amplias ventajas y herramientas para subsanar males tan pronunciados donde las recetas marginalistas de corte eficientista dan muestras de poca utilidad hoy en día.

 

Y por ahora el gato se sube a dormir un poco […] Ahí deja el balón

 

Luego de encontrarme ante algunos problemas de salud que por suerte, risa y locura (literal) son inofensivos en la parte fisiológica, pero desgraciados, irreverentes y dolorosos en la parte sintomatológica y mental, puntualmente las famosas crisis de ansiedad y trastornos de pánico; aunado a las recomendaciones del doitor de bajarle 3 rayitas al volumen de mis tareas y mis presiones académicas producto de la normalidad en cualquier estudiante de posgrado, y para no despertar al chamuco, este gato se echa a dormir un rato con la fiel intención de volver en unos meses.

 

Sin embargo, el mantiene rodando su pelota de futbol y su correspondiente análisis en la sección de tiempo fuera de esta revista digital que ahora se hará semana a semana, con una labor periodística a causa de un disfrute basado en el esparcimiento con la fiel convicción de la libertad de expresión, la neutralidad, y la ausencia de un mínimo de compromiso con algún poder económico del balón, o promotor, o televisora, o personalidad famosa del futbol, o algo así.

 

Por ahora agradezco el detalle de la atención de todos ustedes mis queridos lectores, por haber estado conmigo en 46 columnas de Gato Económico, haciéndome crecer con críticas, comentarios, alusiones, recomendaciones, regaños y hasta una que otra mentadita, ai nomás. De todo aprendí, y sobre todo disfruté.

 

Medios de contacto.

Correo. real_rojo@hotmail.com

Facebook. Víctor Del Real Muñoz

Lugares: Cd de México-Zacatecas, Guadalajara-Buenos Aires.

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