Abracadabra alakazam, el departamento de sobornos del… empresariado y político neoliberal

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

 

Me han advertido y me han quitado

lo que gané con mi trabajo. Como no me corregí

me han perseguido,

y aún había en mi casa

escritos en los que descubría

sus planes contra el pueblo. Por eso

dictaron contra mí una orden de detención

por la que se me acusa de pensar de un modo bajo,

es decir,

el modo de pensar de los bajos

Bertolt Brech

 

El caso de corrupción de la compañía brasileña Odebrecht, en al menos 13 países de Latino América, develan la fragilidad de las instituciones y de la democracia en la región, así como los niveles de descomposición del empresariado en el capitalismo neoliberal y muestran el deterioro de la clase política. La corrupción es el gran signo de nuestro tiempo. Poder económico y político están estrechamente vinculados con ella.

El pasado domingo 13 de agosto, el espacio de noticias de la periodista Carmen Aristegui (Aristegui Noticias) y el semanario Proceso difundieron una investigación de los periodistas Ignacio Rodríguez Reyna y Alejandra Xanic, del Quinto Elemento Lab —red de periodistas con presencia en seis países latinoamericanos—, los cuales investigaron la corrupción de la compañía brasileña Odebrecht en México, dicha información ha cimbrado al menos a seis países en la región, ha llevado a los expresidentes Luis Ignacio Lula da Silva, Dilma Rousseff y al actual mandatario brasileño Michel Temer a procesos de investigación.

También están siendo procesados el vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas; la justicia panameña por su parte está enjuiciando al menos a 36 personas, en los que se encuentran los hijos del expresidente Ricardo Martinelli: Luis Enrique y Ricardo Martinelli Linares, también figuran entre los acusados por la Fiscalía Especializada Anticorrupción los socios de la firma Mossack Fonseca (Ramón Fonseca Mora y Jürgen Mossack), que cobró fama por los Panama Papers y los procesos de evasión de impuestos.

En Argentina el departamento de corrupción de Odebrecht tocó a altos exfuncionarios de los gobiernos kirchneristas, así como al primo del actual presidente Macri. En Colombia la corrupción llegó a miembros del gabinete del Álvaro Uribe. En República del Salvador las coimas llegaron al proceso electoral que llevó a Mauricio Funes a la presidencia. El poder Judicial independiente de esos países, ha garantizado que se abran sendas investigaciones, procesos judiciales y demandas contra la compañía Odebrecht.

Sin embargo, en México no hubo una averiguación sobre dichos procesos aunque Odebrecht ganó, desde el gobierno de Felipe Calderón, contratos con las entonces empresas paraestatales PEMEX, CFE, además de SCT, los cálculos periodísticos calculan que la empresa brasileña firmó contratos por más de 2 mil 500 millones de pesos. Las denuncias y presunción de que altos funcionarios mexicanos participaron en la corrupción de la compañía empezaron a darse con claridad desde diciembre de 2016.

Odebrecht tenía un modus operandi para hacer negocios con los gobiernos latinoamericanos, para ello creó un departamento de sobornos lo cual se ha sabido a partir de la investigación que la procuraduría brasileña (Lava Jato) y la corte de Estados Unidos, de donde proviene la información que en el caso mexicano la constructora al menos había pagado 10.5 millones de dólares en sobornos entre 2010 y 2014 a funcionarios mexicanos a cambio de contratos en obra pública. En dichas denuncias salta el nombre de Emilio Lozoya Austin, quien según testimonios de 3 altos funcionarios de la constructora brasileña, el entonces Coordinador de Vinculación Internacional en la campaña del priista Peña Nieto había recibido.

De acuerdo a la investigación del periodista Raúl Olmos de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, la División de Operaciones Estructuradas, es decir el departamento de sobornos de Odebrecht transfirió en plena contienda electoral (2012) 140 mil dólares a una empresa de las Islas Vírgenes, que de acuerdo a los testimonios de Luis Alberto Meneses Weyll están ligadas al exdirector de PEMEX, Emilio Lozoya, quien en esas épocas fungía como coordinador de la campaña internacional del candidato Peña.

En declaraciones a los periodistas Ignacio Rodríguez y Alejandra Shanik, el abogado de Lozoya, Javier Coello Trejo señaló que su cliente no había recibido un solo peso y agregó “Lo único que digo es, si a Emilio Lozoya le acreditan que él recibió el dinero, está dispuesto a ir a la cárcel si es necesario. Pero no recibió. Ahora, qué fácil es depositar en una cuenta y luego ¿por qué no le dan seguimiento a esa cuenta? Que le den seguimiento. Alguien sacó el dinero, ¿quién lo sacó? No quiero hablar de más. Yo lo único que les digo es que mi cliente y mi amigo no recibió un solo peso. Él me lo ha dicho, me lo ha jurado y me lo ha probado.” (Aristegui Noticias)

El caso Odebrecht nos demuestra cómo una empresa bananera corrompe a Estados bananeros; sin embargo, en al menos 12 de los trece países donde los inculpados han confesado sus delitos las investigaciones de las fiscalías independientes han iniciado procesos de alto nivel y ha habido detenciones. Sin embargo, en el caso mexicano, la Procuraduría General de la República ha sido omisa, o bien ha actuado de manera sospechosamente lenta. La investigación pudo haber repercutido en el pasado proceso electoral de 2016.

Las declaraciones del abogado Coello Trejo son extremadamente problemáticas, en principio por aquello de “No quiere hablar de más…”, es como si mediáticamente, sus dichos tuvieran un destinatario específico; que sumado a la investigación de Raúl Olmos, dejan entrever que los fondos del departamento de sobornos fueron a parar a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto. Los tiempos de los depósitos que documenta Olmos coinciden con los electorales.

El caso Odebrecht demuestra el grado de descomposición del Estado mexicano, sus políticos obedecen a los intereses de quienes los financian, ya sea una empresa brasileña o bien el grupo HIGA —dueño de la Casa Blanca y de la casa de Malinalco que Luis Videgaray compró a bajo coste.

La corrupción de la moderna clase priista que actualmente gobierna a México ha entrado en un nivel de metástasis, los políticos se niegan a recibir el diagnóstico aunque las evidencias de su putrefacción son evidentes. El caso Odebrecht es la mónada de la impunidad mexicana, si Emilio Lozoya va a la cárcel, también tendrá que caer su amigo y jefe Enrique Peña Nieto, quien evidentemente se benefició de las coimas brasileñas.

La democracia mexicana es grotescamente cara, no sólo por las exorbitantes cantidades que se le dan del presupuesto, sino por la carretadas de millones de dólares que reciben de empresarios corruptos. Hoy el empresario neoliberal no quiere competir libremente, está dispuesto a dar millones de dólares a políticos y funcionarios públicos con tal de asegurar ser beneficiado con la obra pública.

La modernización neoliberal que inició en el sexenio de Miguel de la Madrid ha significado el incremento de la corrupción en México. Carlos Salinas, quien llevó a cabo la mayor privatización de empresas paraestatales, regaló parte del patrimonio nacional, es decir de nuestra soberanía. El espurio presidente, creo las bases del capitalismo de cuates, Carlos Slim, pasó de ser un mediano empresario, a un destacado súper millonario miembro de la lista de los multimillonarios del mundo. El espurio presidente regaló Teléfonos de México por unos cuantos pesos. Eso es corrupción.

Hoy sabemos que la constructora Odebrecht corrompió a casi trece gobiernos para comprar obra pública. En México, tanto la administración del panista Felipe Calderón, como de Peña están plagadas de casos de corrupción, la mayoría de ellos ligados a la obra pública. En el caso de Calderón está la Estela de Luz, pero también es posible sumarle unas decenas de casos, donde bajo asignación directa se otorgaron contratos millonarios, un ejemplo emblemático es la remodelación de la Cineteca Nacional, no hubo un proyecto que justificara la faraónica obra, tampoco una discusión pública de que eso era lo que se tendría que hacerse, para mejorar el emblemático espacio cinematográfico. Lo cierto es que la entonces presidenta de CONACULTA, la panista Consuelo Sáizar anunció con bombo y platillo una remodelación que en su origen fue presupuestada por 387 millones de pesos; sin embargo, como es uso y costumbre la obra tuvo un sobre precio, el costo total fue de 540 millones de pesos.

Los modernizadores faraónicos neoliberales, los políticos inexpertos e ignorantes, que nada aportan a la nación, prefieren pasar a la historia con obras faraónicas, porque nada saben de la cultura, porque su único talento es mal gastar el presupuesto de la Nación. México es un país con más de 57 millones de pobres. México vive una de las mayores desigualdades de su historia, producto de la corrupción. Es cierto, los ejecutivos y dueños de Odebrecht confesaron que tenían un departamento de coimas. Pero también la administración pública mexicana tiene su equivalente. Emilio Lozoya es el funcionario que operó las coimas de los brasileños. Hoy los mexicanos debemos poner atención en cada obra faraónica anunciada hay detrás coimas. Porque la coima es la magia que enriquece a los políticos y a los millonarios, abracadabra alakazam… 57 millones de pobres.

 

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