Por Carlos Alonso Chimal Ortiz
Foto: Eréndira Negrete
Me asomé desde la azotea, por el cubo de los departamentos, para observarla llorar, cómo se encogía en sus piernas y brazos, como abrazándose ella misma. Las lágrimas le escurrían por sus mejillas y la pintaban de negro por el rímel mojado que escurría. Ella sabía que yo la observaba cada noche llorar.
Desde el departamento hacia arriba se podía ver nada más una silueta de mi rostro viéndola detenidamente, fijamente, mientras pienso por qué hay personas en este mundo que están destinadas a sufrir. A veces abro los ojos y estoy sobre ella haciéndole el amor. Ella sonríe pero con cierta angustia. Luego despierto golpeado, con raspones en las rodillas, sin dinero, sólo en mi departamento.
Algunos vecinos me ven y me insultan. Yo no sé por qué me gritan esas cosas. Sigo observando a Daniela y pienso que no se merece esto, esto debe de llegar a su fin. Cuando era niño mis amigos me dejaron de hablar hasta que me sacaron de la escuela. No tengo amigos, sólo tengo a Daniela.
A ella la conocí en la clínica. No sé por qué se enamoró de mí, si es que lo está. Cuando tomo mis pastillas recuerdo todo lo que hago en dos o tres días, pero en ocasiones como ésta, no recuerdo lo que hice tres horas atrás, sólo sé que está llorando por mi culpa. Afortunadamente no tenemos hijos. No tengo trabajo. Ella mantiene la casa y trabaja la mayor parte del día. Compra mis pastillas y las de ella, pero a mí se me olvida o tal vez quiero saber si algún día podré dejar de tomarlas y por eso lo hago, pero al parecer no funciona todavía.
Una vez mi papá me dijo que yo era especial, que no dejara que nadie se metiera conmigo. No me acuerdo cuántos años tenía, lo recuerdo como entre neblina. Cuando murió le prometí que sería una persona de provecho, pero ahora que lo pienso, no he hecho nada, sólo causo problemas y aquí en la azotea, donde a veces duermo y me la paso observando, busco una salida.
Las seis veces que lo he intentado algo sale mal y despierto en el hospital, con regaños, fracturado, con gastos, y sólo me frustro más.
Daniela está llorando porque le dije que dejaríamos de tomar las pastillas y que el destino se encargue de nosotros. Le recordé que somos buenas personas y por lo mismo nada nos puede salir mal. Tenemos sueños y una vida que vivir juntos. A ella no le parece muy buena idea y discutimos, pero ya la veo más calmada. Voy a bajar para ver qué decisión tomó.
Lalo bajó a su departamento y estuvo platicando con Daniela. Se abrazaron, lloraron. Después terminaron haciendo el amor.
Ya pasaron seis días y siguen acostados en su cama. Se levantan para comer y para hacer sus necesidades primordiales. No se han bañado. La cocina está sucia. Discutieron en dos ocasiones y se golpearon. Ella tiene dos meses de embarazo. Pronto se les va a terminar la comida y siguen en su mundo.
En su mundo ellos están perfectos. Ella es cantante de ópera y él un famoso cirujano plástico. Cuando están juntos, que son muy pocas ocasiones, ella está ensayando todo el día y él se desespera un poco porque tiene que estar concentrado mientras estudia recostado en el sillón.
Ella frente al espejo vocaliza todo el tiempo y está nerviosa porque en pocos días tendrá una presentación en un evento de la Organización de las Naciones Unidas, pero al mismo tiempo Lalo está a punto de ser Director General de un reconocido hospital. Ellos se aman, pero a veces se desesperan un poco cuando no se puede concentrar el uno del otro, así que discuten y gritan, pero al final la reconciliación es mejor.
Él va al refrigerador y le lleva en un plato una selección de frutas tropicales y se las da en la boca con sus manos temblorosas. Ella muerde una fresa y los jugos le escurren por los labios hacia su barbilla y él se lo limpia con sus labios. Todo es erotismo y amor
Al otro día despiertan y él ya está estudiando en su sillón y ella se prepara para ensayar su gran número, que va a ser televisado a nivel mundial, Él necesita practicar también, pero cómo lo hará si no ha salido de su casa en varios días. Se empieza a preguntar ¿en dónde está el reconocido hospital? ¿Cuándo es su prueba?
Las manos le tiemblan cada vez más. Corre a la cocina y toma un cuchillo sucio, porque él necesita un bisturí. Ella no deja de cantar mientras se cepilla su cabello, con un vestido largo, negro y roto. Sigue frente al espejo gritando y cantando.
Llegó la patrulla P75-18 al edificio ubicado en la Colonia Roma. Los vecinos se quejaron de que los vecinos no dejaban de correr. Ya llevaban días así. “Es como si estuvieran locos. Luego, cuando pensábamos que ya se habían calmado las cosas, empezaban con su pachanga otra vez”.
-Vecino de la colonia-
Los oficiales entraron al departamento 403 forzando la cerradura y encontraron una escena terrible. Lalo estaba en calzones tirado en el piso boca arriba, bañado en sangre, morado y frío. Se había ahogado en su propio vómito. En el departamento había platos rotos, comida echada a perder en todos lados.
En los sillones había periódicos viejos. La alfombra estaba mojada. En la recamara estaba Daniela sobre la cama en un charco de sangre. Le habían cortado la cara. No tenía nariz. Los labios le colgaban y estaba con su vestido negro de gala, con la mirada perdida, viendo hacia el infinito, preparándose para su gran noche…
Daniela recibió un gran ramo de flores por parte de su esposo, el famoso cirujano plástico y Director General Eduardo Rivera Galicia. Frente a todas las cámaras de televisión y miles de espectadores, la felicitó por su grandiosa actuación mientras la besaba frente a todo el mundo.
–Somos la pareja más envidiada mi amor.
–Claro, y yo el más afortunado. Mi esposa tiene la voz más hermosa del mundo.
–No quiero romper este momento tan especial mi cielo, pero, ¿ya te tomaste tus pastillas?