Por Juan Luis Altamirano Uruñuela
Foto: Cortesía de Juan Luis Altamirano Uruñuela
Falta menos de un mes para la Copa Mundial de futbol de 1998 que se realizará en Francia. El hombre de la derecha es más que reconocible, una figura que se estaba convirtiendo en leyenda, una de las más grandes del balompié mexicano y mundial.
Más allá de su sonrisa, de sus uniformes multicolores o sus espectaculares atajadas, es un hombre que cuenta una historia y proyecta una a quien se le acerca y más a quien le conoce.
Quien está a su lado es un pequeño niño, muy pequeño, no tiene ni un año de nacido. Es un hecho que no tiene ni la más mínima idea de quién es el personaje que lo carga entre sus brazos.
Jorge Francisco Campos Navarrete, nacido en la ciudad de Acapulco, en el estado de Guerrero, un 15 de octubre de 1966, es uno de los porteros más importantes de México y en todos los clubes en los cuales participó.
A pesar de no jugar en ningún equipo europeo, Campos llegó a ser uno de los tres mejores porteros en la clasificación mundial. Sin importar todo el éxito, fama, fortuna, amistades, logros y contratos que llegó a acumular, nunca olvidó su origen y su familia.
Esta imagen fue tomada en su pueblo, a las afueras de Acapulco. Un lugar conocido como el Plan de los Aman. Un espacio donde desde hace años y hasta la fecha se considera un templo de futbol en la ciudad. Un lugar donde se olvidan las creencias religiosas, los gustos políticos y los equipos deportivos. Todos reunidos como una gran comunidad. Todos se apoyan, ríen, cuentan historias y comparten la comida, los refrescos, las cervezas. La camaradería es parte fundamental del lugar.
Ahí Campos no es la gran figura internacional. No es el ícono de marcas como Nike o Doritos. Es un amigo más, un hermano más, que hace el ego a un lado para saludar a la gente que conoce desde hace muchos años, que llega y lo reciben como el ídolo que es cuando arriba con su maleta Nike llena de cosas para regalar entre la gente.
Quién iba a decir que el niño que tiene entre sus brazos es más cercano de lo que se podría admitir. Cualquiera pensaría que los padres del niño pidieron a Campos que se tomara una foto con él, pero la historia no queda ahí y es mucho más larga de lo que se puede creer.
Para contar la historia es necesario adelantarse a diciembre de 2002. El pequeño niño ya tenía cinco años y Jorge Campos habría estado entre los convocados parada Copa Mundial de Corea-Japón, su última como jugador. El abuelo paterno del niño es uno de los contadores con mayor prestigio y muy respetado en la región. Durante varios años Campos se enfrentó ante algo que siempre persigue a las grandes figuras sin importar su rubro. Los impuestos.
Campos tuvo una cantidad de problemas importantes con el Servicio de Administración Tributaria, ya en la recta final de su carrera como futbolista profesional, mismos problemas que hasta la fecha arrastra. Cuando Campos Navarrete sintió la necesidad y obligación de recurrir ante ayuda más preparada, profesional y de calidad, recurrió a consultar al abuelo del pequeño niño.
El abuelo solucionó el problema fiscal con el que contaba Campos. Bueno, él no lo solucionó solo. Esto debido a que antes de cumplir su cometido, llegó el 19 de diciembre, fecha en la que moriría y sus hijos estarían a cargo de sus asuntos.
Años después, el padre del niño tendría que fungir como asesor y moderador en negociaciones entre Campos y un empresario acapulqueño, aumentando la amistad entre ambos.
Puede ser una simple foto, pero tiene una historia más grande de la que se puede pensar.