Por Varinia De la Cruz
Abuela , abuelita,
Amada madre.
Hoy, que imagino tu cuerpo inerte,
hoy dormido,
hoy en descanso,
hoy que te extraño ,
hoy que te lloro,
hoy la nostalgia es de letras
golondrinas que renacen libres de oscura cueva.
Ansiedad de abrazarte,
de mirarte viva, eterna,
como antorcha griega
que siempre flamea.
Hoy, me permito soñar despierta,
que en tus manos,
mis letras conocieran los cielos
el incierto destino de los versos perdidos,
contigo al ocaso se fueran.
A ti, Madre mía, mujer amada,
hoy que tu cuerpo se va al firmamento
te susurro mis anhelos.
..
Y si tú fueras estrella ..
serías la flor del cielo más bella entre los soles
por el calor que desprende tu maternal esencia.
Y si tú fueras montaña ..
serías la más verde y frondosa repleta de frutas y de pinos,
de fuertes ramas y cielos libertarios,
el indio tarahumara, el apache o el yaki,
correrían libres sin miedo a la bala ni al despojo.
Y si fueras cerro,
de rojas sierras mixtecas que tus ojos también amaron,
donde viven las iguanas
que hoy lamentan tu ausencia
y te siguen esperando.
Y si fueras camino,
me llevarías con mis hermanos a pintar de alegría cada curva y colina,
hasta llegar a tener la llave que responde a los misterios.
Ahí, donde viven las alergias y los abrazos humanos.

Y si fueras río,
cada canoa navegaría sin miedo a volcar
en la noche implacable, sin luna ni faro.
Y si fueras árbol,
yo ahí tendería una hamaca para dormirme de nuevo
como cuando pequeñita me abrazabas a tu pecho,
y solo ahí, vivir sin miedo a nada.
Y si fueras ave,
serías el colibrí que ama en cada latido a la flor,
a la cigarra, al cielo azul, al canto.
Y fuiste madre …
la cosa más bella, más amada.
fuiste abuela,
la ternura dormita en tu mirada, en tu voz, en tu escuela .
¡Hay! mi alma se desgarra por la falta que me harás saberte dormida ,
sin tus brazos cálidos de nuevo junto a mi ser que te añora.
Envidio a los Ángeles que hoy abrazan tu sombra y savia,
envidio a los gusanos que mañana devorarán tus manos santas,
envidio el tiempo que te tuvo presente y sin mi, y yo sin ti.
Cada palabra de cariño, cada consejo que se escapa
hoy se quedan conmigo serán mi credo, luz de mi humilde morada.
¡Hay abuela! ¡Cuánto lloramos los vivos cuando se nos van las gentes tan amadas!
¡Cuánto lloramos las Madres por las niñas perdidas en el camino,
en manos de la bestia y de la daga!
¡Hay abuela! cuando llora el ave si su árbol,
la Luna si verte cuidando tortugas, cuyos, avecillas huérfanas,
cuantas cosas bonitas tú me dabas.
¡Qué orfandad sin ti, qué virtud contigo!
Perdona mi sombra ausente de besos ,
Perdona mis alas tercas porque Soledad es mi destino incierto.
Cada día haré un poema que clame la voz de mi pueblo,
esa justicia que tú me dijiste faltaba en nuestra Patria .
Un verso que diga verdad ,
Hoy las flores mueren sin cumplir su destino,
La alondra siempre canta de mañana por aquellos que no encuentran camino a casa.
Vimos juntas desaparecer a nuestra gente y te angustia la maldad desmedida del hampa.
Perdóname abuela por el tiempo robado
si en la tierra no gané el honor entre los vivos,
en el más allá, en en otro mundo,
cuando seas un águila blanca,
o un pedazo de estrella,
sabrás y recordarás que escribí un poema,
planté un árbol, una idea, donde tú existes.
El ave junto al nido,
el oso a su madriguera,
la mariposa a su capullo,
la abeja al panal,
tus presagios de madre
tatúan de honor mis pensamientos.
¡Anda, vuela, alto!
todos estaremos bien;
seremos más unidos y honrados
porque tú eres mi tierra, mi Patria,
un himno al trabajo de tu ser incansable de noche a mañana.
Gracias por nacer,
por haber parido a mi madre,
por ser india y valiente hermana,
revolución y cariño al tiempo,
tus manos, tu comprensión,
tu amor ejemplar de madre mexicana.
Bendito destino; eres todo, abuela,
ave que canta, camino que une con su acción y tiempo,
sierra y montaña, tierra, ceniza, diamante,
raíz de mi sangre que me enseña a vivir y enfrentar mi destino.

Y hoy, abuelita,
acá en mi rincón azul de versos callados,
tu vives y me acompañas,
escribo despacio,
una humilde carta
a mi madre le suplico,
la ponga entre tus manos.
Hasta siempre, amada Abuela.
En honor a todas las abuelitas mexicanas y de todos los pueblos del mundo, son siempre y serán imprescindibles en la historia de la humanidad.