Por Roque Juan Carrasco Aquino
“Las ideas libertarias y socialistas perduran mientras existan generaciones insumisas al capital que las defiendan; en cada ser social consciente y revolucionario las amenazas, provocaciones y chantajes se redobla la autodefensa en rebeldía con coraje para imponer la voluntad popular. Esa es la consigna de trinchera por la patria y los derechos comunitarios.”
De un atardecer en verano, las siluetas de ancianos evocan el pasado lleno de convulsiones revolucionarias. Una imagen denota el pasado descolorido por el movimiento pendular de partir; empero, con retornos al regreso con glorias, producto de agitaciones conscientes.
Es ahí donde los vientos pasan sobre herederos heroicos de las revoluciones. En 1810 fue un cura quien dictó la sentencia para no esclavizar a los pueblos. Pasando cien años llega la Revolución de 1910: Zapata y Villa, el timón revolucionario.
El ahora es la Cuarta Revolución parlamentaria; sin embargo, se mueve y va adelante. Esa fue la victoria final de guerras y revoluciones significativas. Así, las Leyes de Reforma separan el Estado juarista de la iglesia conservadora y ligada a los inquisidores, rayando en el fascismo del oscurantismo decimonónico.
Al fin y al cabo, el racismo, la segregación, imposición de dioses mercantilizados y la fe de un verdugo, católicos de los Reyes de España dispuestos a quemar vivas a las mujeres y guillotinas a los hombres de concepciones objetivas, reales y verdaderas ideas libertarias del yugo de la barbarie occidental. En consecuencia, de la tierra envuelta en estrellas titilantes.
Las luchas callejeras, los panfletos revolucionarios, la organización popular, las voces de pared en pared y armados de todos los fusiles épicos se convierten en autodefensa de las comunidades para redimir su dignidad; sus patrimonios, sus culturas y las etnias sin vasallaje imperial. Es la tendencia de los pueblos de América Latrina, África, Asia y demás territorios en busca de libertades y de autodeterminación de sus naciones.
Por ello, nuestros pueblos nacen con la perspectiva revolucionaria, con la dicha de ser libres y en soberanía un mundo mejor para todos los que dignificamos los valores patrios y la autodefensa de ideas plasmadas en cada canto y voces de la colectividad. Es la perspectiva del presente lleno de esperanzas para recordar gestas heroicas de la mexicanidad. Para nosotros, la dignidad sociocultural a defender, para los traidores contraatacan con el exterminio a los nacionalistas.
Mientras la ideología dominante del Occidente se impone, los ideales de cada individuo significan recordar la memoria que nos dio libertad, fraternidad, solidaridad y tolerancia entre comunidades.
Hoy, es el significado de levantar el puño vitoreando legados, voces, palabras, sonetos y canciones de unidad; esa es la defensa que nos queda como pueblos hermanados entre latinoamericanos; cuando menos en nuestra región se levanta de nueva cuenta la bandera de unidad popular.
Esa es la consigna por elevar nuestro coraje en contra de invasores, de quienes con pillaje imperialista socavan nuestras lealtades y someten a nuestras realidades históricas a la verdad simulada de las falsas promesas y mercantilizar cada recurso: petróleo, oro, plata, litio y otros minerales en concesiones de cien años; depredan nuestras riquezas milenarias. Esos mismos que han hipotecado al país.
Contra toda acción saqueadora de traidores, por cierto, son menos que la mayoría de los nacionalistas por defender lo nuestro, lo mexicano, lo colectivo y comunitario. No obstante, son las enseñanzas de los protagonistas que a cambio de su sangre vamos rescatando lo que se nos fue arrebatado por los apátridas incrustados en los partidos del PriAn y MC.
Son ellos los que intentan desconocer el triunfo de la autodefensa revolucionaria obtenida en las elecciones del 2 de junio del presente año. Por supuesto, debemos defender, aglutinarnos en las formas organizativas de los barrios, colonias, alcaldías, pueblos, comunidades, y reorganizar los brotes de rebeldía para contrarrestar las represiones de la derecha fascista con sus sicarios, paramilitares, guardias blancas, etc.
De modo que se evite que nos repriman ni desaparezcan por defender la Patria, el voto popular y los derechos consagrados en la Constitución desde 1857. Son momentos de autodefensa, atrincherándonos entre las barricadas revolucionarias para defender lo que nos ha costado alcanzar y defender.
Es ahí donde cada pueblo, en cada comunidad de autodefensa sobre nuestros territorios y, por supuesto, de los recursos naturales y humanos, debilitados por las políticas neoliberales y de los antimexicanos en santa alianza con el imperio gringo, español, argentino y de otras nacionalidades capitalistas.
Ahora, desean destruir nuestra democracia refrendada a la Cuarta Transformación, es decir, nuestra colectividad en la autodefensa de la libertad para autogestionar la vida pública y social de todos los que votamos y defendemos la democracia parlamentaria.
Claro, de momento, de no radicalizar la represión y las provocaciones fascistas. Por supuesto, la autodeterminación popular es la que debemos defender. Si la derecha y oposición conservadora intenta arrebatarnos nuestro triunfo, sólo el pueblo armado y organizado jamás será derrotado.
Esa es la última palabra revolucionaria de los movimientos independientes y de la autodefensa de las decisiones mayoritarias; por ello, a mayor amenaza y chantajes del extranjero, los traidores deben pagar por la traición contra los defensores de los mexicanos.
Por ello, no cederemos a las amenazas ni al racismo esclavizador de la oposición traidora. Ni un paso atrás para el arrebato con sangre del pueblo y menos doblegarnos frente a las intervenciones de los extranjeros saqueadores de nuestros patrimonios legados de nuestros ancestros. Por ello, mientras las voces organizadas provenientes del sur y de todas direcciones del país, la lucha es ardua y pródiga, y sin debilidades ni traiciones antimexicanas.