“Escribo para no morir”: Violeta Sánchez

Texto y fotos por Priscila Alvarado

“Escribo para no morir,

porque así mis palabras quedarán plasmadas,

estarán ahí toda la vida.

Para que a nadie le pase lo que a mí me pasó”

El 31 de enero del 2000, Violeta fue detenida en Xochimilco –dejando desamparado a un hijo de tres años y llevando en el vientre a un bebé de ocho meses–, acusada de secuestro, crimen que, después se revelaría, cometió su entonces pareja en complicidad con una amante.

Como sólo hablaba náhuatl no pudo defenderse. En ese momento la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas era inexistente. Fue hasta el 13 de marzo de 2003, en el sexenio de Vicente Fox, que el Diario Oficial de la Federación publicó la ley que abriría paso para la creación del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

La ley indica en el Capítulo II, de los derechos de los hablantes de lenguas indígenas, Artículo 10, que “el Estado garantizará el derecho de los pueblos y comunidades indígenas el acceso a la jurisdicción del Estado en la lengua indígena nacional de que sean hablantes.(…). Las autoridades federales responsables de la procuración y administración de justicia, incluyendo las agrarias y laborales, proveerán lo necesario a efecto de que en los juicios que realicen, los indígenas sean asistidos gratuitamente, en todo tiempo, por intérpretes y defensores que tengan conocimiento de su lengua indígena y cultura.” (http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/257_171215.pdf)

Posteriormente, el 18 de junio de 2008, el Nuevo Sistema de Justicia Penal fue reformado para garantizar un debido proceso a comunidades indígenas, a través de sus características medulares, que al ser acusatorio, oral y público, protegería el derecho a la igualdad entre las partes.

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Violeta aprendió español y se convirtió en poeta y perito intérprete de la lengua náhuatl en el Centro de Detención Tepepan: “En el 2000 había una mujer que no sabía hablar, leer, ni escribir español…esa persona soy yo. Sé que ahora me entiendes, me escuchas, sabes de qué te estoy hablando, pero antes no”.

Tras seis años encerrada, la poeta se formó en derecho y solicitó el expediente para conocer las razones de su detención y la cantidad de años que debía permanecer en el lugar. Nunca tuvo una audiencia, traductor o abogado de oficio, prácticamente se defendió sola.

En el 2007, logró su pre-liberación: “Mi historia es algo que quisiera que a nadie le pasara”.

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De acuerdo al Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social de la Comisión Nacional de Seguridad de la Secretaría de Gobernación, hasta noviembre de 2016 la población indígena interna en los centros penitenciarios del país era de 7 mil 447 personas.

De las cuales mil 743 eran náhuatl, 459 zapoteco, 439 tzotzil, 432 tzeltal, 427 mixteco, 394 otomí, 360 maya, 341 mazateco, 324 tarahumara, 324 totonaca, 192 chol, 187 chinanteco, 182 tepehuano, 159 cora, 152 mixe, 150 huasteco, 149 tlapaneco, 143 mazahua y 103 mayo.

Estas personas tienen restringido temporalmente el derecho a la libertad y suspendidos sus derechos políticos, conservando intactos sus demás Derechos Humanos, como el derecho a un trato digno, a un defensor, a traductor y/o intérprete, a un debido proceso, a la salud, a la alimentación, a recibir visitas de sus familiares, entre otros.

Sin embargo, sus derechos son violados de manera constante historia que Violeta relata quince años después en las instalaciones del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT) durante el festejo del Día Internacional de la Lengua Materna, con su libro titulado La vida es un suspiro:

“El tiempo pasa, la vida es larga, pero a la vez la vida es un suspiro. ¿Por qué un suspiro? Porque ahorita estamos aquí, mañana no sabemos. Es un suspiro porque todo lo que nosotros vivimos, lo que pasamos y todas las veces que caemos, es necesario levantarnos y agarrar un bastón para seguir caminando, luchando y triunfando; para lograr nuestras metas. A veces decimos: No puedo, no puedo…de verdad que no puedo. Pero  sí se puede y hay que caminar, porque si no caminas nadie va a venir por ti”.

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Los poemas de Violeta fueron inspirados en “cada instante” que vivió dentro de la cárcel. Fueron escritos a lo largo de los siete años y medio de su encierro. En ese tiempo escribió más de 600 poemas y actualmente tiene escritos más de mil:

“En una hoja en blanco plasmamos nuestras ideas; nuestros pensamientos, todo lo que queremos. Una hoja se convierte, se transforma en un suspiro. Es el momento de romper el silencio, seguir adelante, luchar contra las injusticias”.

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En octubre de 2009 se creó la Dirección de Asuntos de Indígenas en Reclusión. Finalmente, en 2013 cambió la denominación del Programa por el de Protección de los Derechos Humanos de Indígenas en Reclusión, a través del cual la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) brinda permanentemente atención a las demandas de este sector de la población.

“Violeta, la mujer árbol, la estudiante tenaz, la traductora, defensora que ha superado obstáculos e infortunios, es una guerrera entera, que aprendió las reglas del combate con el duro paso del tiempo y que ha hecho de ella misma un espacio de resistencia”, dice María Luisa Moncayo, defensora de derechos humanos indígenas y divulgadora de cultura indígena.

NOTA: El libro La vida es un suspiro será distribuido y presentado el 28 de marzo del año en curso. La sede del SEDERC está por confirmarse.

 

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