2 de octubre es la historia viva más allá de las efemérides fatídicas

Por Roque Juan Carrasco Aquino

“El 2 de octubre de 1968 perdura en la realidad histórica de la sociedad mexicana. Cada año la comunidad estudiantil conmemora la matanza de Tlatelolco, como un grito en contra de la impunidad, el olvido y la amnesia colectiva. Así, lejos de perder vigencia, se ha convertido en símbolo de resistencia e identidad entre los y las estudiantes, quienes marchan por la capital con un grito unísono: ‘¡2 de octubre no se olvida, es de lucha combativa!’ (CNDH; 2023: 6).

Fue más que la matanza de estudiantes de 1968; significó la posibilidad de transformar a la sociedad mexicana por una alternativa incluyente, democrática, tolerante, solidaria, sensible; anti corrupta, anticapitalista, antifascista; contra el enriquecimiento ilícito, rechazo al racismo, a la xenofobia, al clasismo y por un gobierno abierto al diálogo, a la integración social y con libertades para expresarse, organizarse y defender la soberanía del pueblo.

Esa era la propuesta directa contra la burguesía en aquel tiempo; hoy los prianistas (chapulines) y derecha fascista a base de mentiras, amenazas y chantajes desean volver al poder y al saqueo. Su nueva moral es infiltrarse a base de maquillaje de trasnochados y diseminar palabras huecas sin sustancia. Ahora expanden el cinismo, calumnias y simulan estar al lado del pueblo; desgarrando sus vestiduras, lloriqueando a escondidas y seduciendo el discurso de izquierdas. El disimulo es la carne de cañón. Vociferan en la subjetividad volátil reduciéndose a discursos falaces contra el sistema corrupto prianista; empero, bajo el sello propio del mismo disfraz de más de 80 años. Al final se atan estrechamente al maridaje prianista. 

Esa es la carta de presentación para embaucar a los ingenuos de la dirección de Morena e imponer la idea banal de “unidad” a la postre la desunidad; inexplicable en estos días próximos a las elecciones del 2027.  Pactar y hacer la colaboración de clase con quienes traicionan al pueblo; los mismos que, asesinaron a estudiantes (CNDH; 2023), a campesinos (asesinatos impunes donde la “…Represión y Desapariciones Forzadas por Violencia Política del Estado durante el Pasado Reciente, en el periodo 1951 a 2016…” (CNDH; 2025: 1), a militantes de izquierda (Asesinatos de  izquierdas; 2025), a los que defendemos la libertad verdadera de expresión y persecución a jóvenes por sus ideas de libertad y no aceptaban promesas pueriles sin sentido y fuera de contexto.

El movimiento de 1968 tuvo un significado a escala internacional, donde estudiantes universitarios y del Instituto Politécnico Nacional pensaban transformar desde sus raíces las injusticias sociales, erradicar la corrupción, contra el control de la vida política, social, ideológica y académica de la sociedad mexicana. El intento por reivindicar el papel histórico de los estudiantes enfatizando la ideología revolucionaria. Al tiempo se esbozaba en las demandas estudiantiles a no convertir a las generaciones de egresadas en seres sumisos, obedientes, acríticos, apolíticos y sin solidaridad nacional e intencional. Era prácticamente la castración ideológica para someter a los egresados en piezas objetos al servicio del trabajo esclavo sin capacidad de pensar y opinar contra la explotación e ir directamente al engranaje mecanicista fabril del capitalismo. Por supuesto, reduciéndose a simple fuerza de trabajo para las transnacionales y el capital extranjero.

Quienes participaron en esas luchas callejeras generacional contra la explotación y el dominio de la clase política burguesa autoritaria “…participaron estudiantes, amas de casa, intelectuales, obreros y profesionistas de la Ciudad de México y otros estados, con la intención de buscar un cambio democrático en el país, mayores libertades políticas y civiles, menor desigualdad y la renuncia del gobierno en turno al que consideraban autoritario” (Pérez; 2018: 3). Por supuesto, el pueblo solidario, participativo, consciente y antisistema explotador. La realidad de ese momento se dirigía contra el Estado burgués sanguinario y salvaje; sus acciones estaban contra el pueblo trabajador; así como de estudiantes conscientes de su papel histórico como transformadores del país vilipendiado por los prianistas de esa etapa antidemocrática autoritaria.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), enfatizó en ese entones con estas ideas la “…violación del derecho a la vida, a la libertad de reunión y a la expresión” (CNDH; 2023). Es la síntesis de una tesis para reivindicar por qué jóvenes insumisos, inconformes y rebeldes, empero, con causas justas fueron masacrados por la clase política y económica vestidos de gobernantes y detrás tenían las iniciales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) gringa. Quienes participaron como agentes informantes a sueldo eran: “…expresidente Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, quienes desempeñaron un papel central en la colaboración con la agencia de inteligencia estadounidense durante la Guerra Fría” (Sosa; 2025). Ahora no debemos esperar a que desclasifiquen la información contra los vendepatrias de Lilly Téllez, Ricardo Anaya, Alejandro Moreno; y todos los prianistas ocultos en su fuero para no ser investigados.

 En la actualidad tenemos periodistas, políticos, intelectuales y académicos entregando al país con sus discursos calumniadores y falseando la realidad de nuestros pueblos y de la organización de las luchas populares. El aniversario luctuoso del 2 de octubre de 1968 significó alzar la voz y exigir respeto, libertad de expresión y organización; así como de mayor transparencia en la toma de decisiones y de dignificar al pueblo con sus organizaciones sociales: campesinas, estudiantiles, obreras, mineras, magisteriales, del sector salud, de género, sexoservidoras, etc. Innumerables movimientos organizados en sectores o en células para defender sus derechos y la libre determinación de sus gremios. Sin embargo, la derecha fascista, la oposición traidora y los prianistas no aceptan reivindicar la historia de los hechos, de la realidad con la que se defienden los derechos de la Constitución y la libertad del pueblo. Es un acto indigno. Esa es la diferencia con la izquierda revolucionaria exigida en estos días. Pues a rescatar la memoria histórica.

En esta perspectiva de la educación impartida en las Instituciones públicas tiene un fin más allá de formar egresados pasivos; sino es un proceso donde la participación de cada individuo juega un rol imprescindible en la transformación social. Bajo esa dinámica se plantea que, “…la educación no debe ser vista solo como un mecanismo para transmitir conocimientos, sino como una herramienta para generar conciencia sobre temas sociales y políticos, despertar el espíritu crítico y promover la reflexión. Por lo tanto, la conjunción entre teoría y praxis tiene implicaciones en la educación, la cual, debe estar encaminada hacia los procesos de lucha y protestas, ya que, esta debe desafiar las estructuras de poder existentes y promover la lucha de clase” (Molina y Gómez-Fierro; 2024: 3). Al final de nuestras precisiones es la esencia de cada formación educativa y luchadora, en su misión de transformar la realidad.

Y la historia materialista y dialéctica la hacen los pueblos oprimidos; como las comunidades excluidas del campo y ciudad; se abren otras alternativas comunitarias en la especificidad de la división internacional y regional de la fuerza de trabajo para enfrentar las formas de explotación del presente. Sin embargo, voces de estudiantes conscientes y revolucionarios, es decir, por internarse en cada fenómeno socioeconómico y desdoblar sus contradicciones para destruir esas relaciones sociales explotadoras contra los pueblos); en el presente reviven las esperanzas en aras de reconstruir otra sociedad incluyente, solidaria, crítica, revolucionaria y anticapitalista, antifascista y contra el reparto geopolítico mundial rapaz del imperialismo gringo.

Referencias

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