Se perdió el espectáculo y la credibilidad del futbol mexicano

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

A lo largo de estos años, en este espacio de Reversos, en la sección de Tiempo Fuera, se han venido detallando en algunos artículos aspectos que tienen que ver con el atentado hacia el nivel del espectáculo del futbol mexicano, y la importancia de que existan buenos jugadores mexicanos y extranjeros que contribuyan a elevar el nivel.

          El sentido común de prender la televisión, o bien, en tiempos modernos el hecho de activar una plataforma o un sistema de streaming por dispositivos digitales, pantallas y celulares para ver un partido de futbol profesional sirve para distraerse, divertirse y pasarla bien, lo mismo el hecho de ir al estadio.

          Más allá de ser aficionado a un equipo de futbol, lo que se busca al mirar un partido es distraerse con buenas jugadas, buenos relevos defensivos, buenos anticipos, buenas filigranas y figuras estéticas desde el talento; buenos toques de pelota, buenos desplantes técnicos, buenas jugadas a nivel defensivo y ofensivo; buenos intentos de gol, buenas atajadas y, en términos generales, un buen nivel de desempeño físico y futbolístico por parte de los jugadores.

          Todo lo anterior, y de forma seria y responsable lo puedo decir, se ha perdido progresivamente en el futbol mexicano en los últimos tiempos, pero ya se viene dando de forma sistematizada por lo menos en los últimos trece años.

          En términos generales ya no se ve buen futbol en México, ya no se dejan ver ni buenos jugadores mexicanos con condiciones de juego interesantes, pero tampoco buenos jugadores del exterior. En la Liga MX, el buen o excelso nivel es casi casi de hablar como de una condición de garbanzo de a libra.

          Antes, la comentocracia futbolística mexicana reivindicaba la liguilla como la parte de mayor nivel del futbol mexicano en cuanto al espectáculo, pero hoy, ni siquiera la liguilla es buena en lo general.

          Los partidos con formatos tácticos especulativos y las carencias técnicas y de talento de los futbolistas que hoy en día juegan en el futbol mexicano hace que los partidos se queden muy lejos de las expectativas que en términos generales los aficionados tienen.

          Además, en cuanto a la legalidad del fútbol mexicano, todos los entuertos políticos e institucionales, desde la federación y desde las asambleas de dueños y la falta de ascenso y descenso de categoría, y la falta de competencias internacionales de largo aliento competitivo, en donde los equipos mexicanos tendrían que jugar como la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana, y la falta de oportunidades para más jugadores mexicanos, porque uno de los negocios más redituables del futbol mexicano está en traer jugadores extranjeros de bajo nivel por negocio de promotores en distinta envergadura dentro de los clubes de Liga MX, hace que el sistema deportivo en cuanto al futbol mexicano sea de mal nivel en el espectáculo.

          Es menester mencionar que recientemente han surgido casos de amaño de partido, o por lo menos de acusación de amaño de partidos que han llegado a instancias jurídicas y judiciales del orden nacional e internacional en México y en el extranjero, en distintos niveles profesionales del futbol mexicano, desde las ligas de más bajo nivel profesional hasta la Liga de Expansión, y por lo cual se pone en entredicho mucha de la credibilidad ética de nuestro balompié.

          Uno de los negocios más frívolos, en general, demostrado por la prensa y con evidencia de conocimiento público, que funciona en cuanto al futbol mexicano y su estructura funcional, está en traer jugadores del extranjero que rinden de forma mediana uno o dos torneos iniciales, un primer año dicho de otra manera, con una firma previa de contrato largo y caro, de tres o hasta cuatro años, con buen sueldo y cantidades en dólares estadounidenses muy grandes, en cualquiera de los clubes del fútbol mexicano, para después, a partir de un tercero o cuatro torneo, o bien, un segundo año, disminuir el nivel, causar que los corran o los transfieran, y así lograr cobrar el resto del contrato e irse a otro continente, liga, o equipo, a repetir ese ciclo de mediocridad pero de negocio seguro, en donde el deporte queda apartado a un segundo o hasta tener plano de importancia.

          Pareciera que el futbol mexicano está detenido en un bucle de muy bajo nivel y de muy pocas posibilidades de trascendencia en el plano internacional.

          Es necesario recordar que el futbol profesional, como fenómeno sociológico y fenómeno de masas, tiene una responsabilidad social y una repercusión política en cuanto a la formación de valores congruentes con la ética y con el bienestar humano y con el impulso al desarrollo del deporte, y al ver esta decadencia deportiva en la que se encuentra el plano deportivo del futbol mexicano no se sabe si estos objetivos de verdad se cumplen.

Related posts