‘Boinas rojas de Nezahualcóyotl’, el grupo paramilitar de extrema derecha que sembró el terror en el 68

Por Rivelino Rueda

En el convulso ambiente del segundo día de septiembre de 1968 todavía se palpaba la abierta amenaza del presidente Gustavo Díaz Ordaz en contra del Movimiento Estudiantil, durante su cuarto informe de gobierno: “Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados […] Hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos”.

Los kioscos de la capital del país amanecieron aquel 2 de septiembre de hace 57 años con titulares que proclamaban: ‘Toda la energía si es necesario’. ‘Haremos nuestro deber; llegaremos hasta donde se nos obligue: GDO’. ‘Defenderé a México y arrostro las consecuencias’… 

Pero en algunas zonas de la ciudad la estrategia del miedo escalaba con otros mensajes. No era más que la preparación del terreno, por parte de grupos paramilitares, de lo que ocurriría treinta días después.

Algunas fachadas de viviendas del entonces Distrito Federal amanecieron pintadas con una cruz roja o negra. La maquinaria del terror del gobierno iniciaba la cuenta regresiva. La matanza del 2 de octubre de 1968 fue su desenlace.

Estas cruces no decían nada a simple vista. Los símbolos (en forma de equis) estaban acompañados de un panfleto que se colocaba, ya sea en la puerta de la casa previamente vigilada, o a un costado del marco del portón, con la leyenda: “Aquí vive un comunista que apoya a los estudiantes. Es un traidor a la Patria. Tengan cuidado. Lo vamos a eliminar”.

Los responsables de esos mecanismos de terror tenían nombre y apellido: Los “Boinas Rojas de Nezahualcóyotl”, un grupo paramilitar que fue el antecedente de “Los Halcones”, que protagonizaron la matanza del Jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971, en el gobierno de Luis Echeverría Álvarez.

Habían pasado sólo unas horas del cuarto informe de gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz –que para muchos fue el ultimátum previo a la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco–, y el Consejo Nacional de Huelga (CNH) ya alistaba la respuesta a la abierta amenaza lanzada por el mandatario: la llamada ‘Marcha del Silencio’, para el 13 de septiembre, que partiría del Museo de Antropología al Zócalo.

Félix Hernández Gamundi, líder en el Movimiento Estudiantil del 68, comenta que esa acción del gobierno representó una “estrategia de terror brutal”, y apunta que “cuando eso aparece por toda la ciudad, con toda la amenaza explícita que ello implica, pero además aparece el nombre del individuo, que es el jefe de familia de esa casa, cualquier amenaza era creíble”.

El representante ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH) por la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional (IPN) recuerda que todo lo que detonó esto fue el discurso que pronunció Díaz Ordaz en su informe de gobierno, donde advirtió:

“Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite y no podemos permitir ya que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a los ojos de todo el mundo ha venido sucediendo.

“No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos”.

En el informe ‘El Movimiento Estudiantil de 1968’ que realizó la Universidad George Washington, que se publicó en septiembre de 2024, y que está basado en archivos y documentos de la temible Dirección Federal de Seguridad (DFS), se anota que en esa etapa el gobierno diazordacista echó mano de “una modalidad aún más perversa (que los llamados grupos de choque) de manejo del poder”.

“Se crearon grupos paramilitares para ser utilizados con el objeto de destruir al enemigo, entrenados y armados con un propósito explícitamente criminal, cobijados como organizaciones clandestinas a las que se les garantiza impunidad”.

Ultras allanan represión

La respuesta del Consejo Nacional de Huelga (CNH) al discurso belicista de Díaz Ordaz durante su cuarto informe de gobierno sería con otra movilización, quizá una de las más numerosas en la historia de México: la ‘Marcha del Silencio’ del 13 de septiembre.

Entre el 2 y el 13 de septiembre entraron a escena grupos radicales de extrema derecha que se escudaron en su condición de “ciudadanos” para allanar el camino a la brutal represión en la Plaza de las Tres Culturas. 

El domingo 8 de septiembre se desarrolló el primer ensayo en la Plaza de Toros México, en la colonia Nochebuena de la capital del país.

De acuerdo con el libro 1968, Antología periodística, de Aurora Cano Andaluz (UNAM, 1998), el periódico El Heraldo de México publicó una noticia que tenía el encabezado ‘Manifestación anticomunista en la Plaza México’. El texto señala que a ese mitin asistieron cerca de 12 mil “ciudadanos y jóvenes” para realizar “un acto de desagravio a nuestros símbolos nacionales que derivó en una exacerbada manifestación anticomunista”.

“Gritando ‘¡Vivan los granaderos!’ ‘¡Viva México!’ ‘¡Viva la Virgen de Guadalupe!’ ‘¡Muera (Fidel) Castro Ruz!’, comenzaron a llegar, después de las once y media de la mañana, en compactos grupos que antes habían participado en otra manifestación en la Basílica de Guadalupe”.

La nota también cita que en el acto se exhibieron diversas pancartas y mantas con las leyendas ‘Comunismo en México jamás’. ‘Cristo Rey, tú reinarás’. ‘San Baltasar contra los traidores’. ‘Muera la bandera rojinegra’. ‘Dios, patria, familia, libertad’. ‘Cristianismo Sí, comunismo No’. ‘Apátridas comunistas, fuera de México’. ‘¡Mueran todos los guerrilleros apátridas!’. 

Para el 11 y 12 de septiembre, horas antes de la ‘Marcha del Silencio’, helicópteros sobrevuelan la ciudad y dejan caer volantes firmados por supuestas ‘Uniones y Sociedades de Padres de Familia de la UNAM, el IPN y la Escuela Nacional de Maestros’.

El reparto de las papeletas también se da en calles, plazas públicas y dependencias de gobierno, según el periódico El Día del 12 de septiembre. En los volantes –afirma la nota de ese diario– se alerta a los padres de familia que “agitadores profesionales preparan un nuevo enfrentamiento de tus hijos con las fuerzas armadas organizando una manifestación silenciosa”.

Ese día, el secretario de la Defensa Nacional (Sedena), Marcelino García Barragán, fue entrevistado en el Aeropuerto de la Ciudad de México. El periódico El Sol de México tituló una nota ‘Advertencia del Secretario de la Defensa’, de acuerdo con el libro 1968, Antología periodística’, donde se expone que el general advirtió que, ante la nueva movilización de estudiantes del 13 de septiembre del Museo de Antropología a la Plaza de la Constitución, “el Ejército está preparado para todo, para todo”.

La regencia financiaba grupos

“(Los estudiantes) obligaron al gobierno federal a tomar medidas drásticas, como la ocupación de los locales universitarios. Es lamentable la irresponsabilidad de los agitadores que mueven a la masa estudiantil”, afirmó Alfonso Corona del Rosal, regente del entonces Distrito Federal durante el gobierno de Díaz Ordaz, el domingo 22 de septiembre de 1968, el mismo día de la renuncia de Javier Barros Sierra como rector de la UNAM.

Corona del Rosal, desde el antiguo Palacio del Ayuntamiento, fue una pieza clave en la creación y el financiamiento de grupos de choque y paramilitares para reprimir al Movimiento Estudiantil.

Un reporte de la Secretaría de Gobernación del 1 de agosto de 1968, día en que se da la llamada “Marcha por la Autonomía”, que encabezó el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, señala que “al mismo tiempo en que inició la marcha, a las 16:30 horas (que partió de Rectoría a la esquina de Félix Cuevas e Insurgentes) arribaron al Zócalo ocho camiones del Departamento del Distrito Federal (DDF), con 260 hombres del Servicio de Limpia y Transportes”.

El reporte de la dependencia que encabezaba Luis Echeverría Álvarez destaca que estos elementos “en caso dado actuarían como elementos de choque, en caso (sic) de ataques de estudiantes”.

Hernández Gamundi comenta que este grupo de “golpeadores” estaban bajo el mando del teniente coronel Manuel Díaz Escobar, subdirector del Servicio de Limpia y Transportes del Departamento del Distrito Federal (DDF), y que a partir de esas fechas se fue configurando este grupo paramilitar denominado ‘Boinas Rojas de Nezahualcóyotl’, que empezaron a actuar con la “estrategia de terror” de pinta de casas y amenazas en panfletos entre el 2 y el 13 de septiembre de 1968.

El exdirigente estudiantil –quien el 2 de octubre de 2018, en la conmemoración de los 50 años de la masacre de Tlatelolco, fue el encargado de pronunciar el discurso, a nombre del Comité 68, en la develación de las letras de oro en los muros de la Cámara de Diputados y el Senado de la República, “Al Movimiento Estudiantil de 1968”—expone que la forma de “marcar” a los ciudadanos por parte de este grupo fue “fuera de toda proporción”.

“En aquellos años existía una sección telefónica única. Luego se separó en la comercial y en la de particulares. Ya era un libro grande, pero todavía aparecía la dirección del usuario. Y de ahí este grupo seleccionaba a las personas que serían visitadas para pintar esa cruz en forma de tache y pegar el panfleto de amenaza”, apunta.

Félix Hernández Gamundi recalca que “eso es uno de los primeros elementos tremendos de violencia en contra de la población generalizada. Y eso fue escalando”.

Y en un símil de lo que ocurriría en México después de la llamada “guerra contra el crimen organizado”, que desató el presidente Felipe Calderón Hinojosa en diciembre de 2006, el líder estudiantil menciona que “en 1968 esa estrategia de terror significaría lo que hoy hacen los grupos criminales cuando hablan de ‘ponerte’ o ‘señalarte’, pero en aquel entonces eso lo hacía un grupo paramilitar auspiciado por el Estado”.

Un caso que también da luz sobre la estrategia de terror implementada por el regente capitalino, con el financiamiento de estos grupos paramilitares, es la de un individuo llamado Mario Romero Ramírez, ‘El Fish’.

La ficha de la Dirección Federal de Seguridad con el folio L 54 H 316-318, con fecha del 26 de febrero de 1968 indica que este sujeto “fue utilizado por el Estado mexicano en este tipo de actividades desde 1967 […] Mediante paga, organizó grupos de choque en la UNAM […] Su función era mantener un sistema de información sobre lo que acontecía en los medios universitarios”.

“‘El Fish’ tenía un grupo de porros que servían de espías en las actividades que los estudiantes realizaban en la Universidad Nacional Autónoma de México. Esta información la vendía a las autoridades universitarias y a la DFS, además de que eran solventadas desde la nómina del DDF. Los porros podían hacer carrera policíaca, como en el caso del porro politécnico Humberto Pérez que, en 1968 ya era comandante de la Policía Judicial Federal. La violencia que utilizaron en contra del movimiento estudiantil contó con la permisividad de las autoridades universitarias”.

De hecho,  entre 1969 y 1971 ‘El Fish’ crea y opera su grupo armado, denominado Central de Acción Revolucionaria Armada (CARA), “con el fin de infiltrar los grupos de presos provenientes de la guerrilla”, según la ficha 11-215-71 L 1 H 246 de la Dirección Federal de Seguridad.

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En documentos oficiales, que estuvieron archivados por más de medio siglo, los ‘Boinas Rojas de Nezahualcóyotl’, como tal, empiezan a mencionarse como “un grupo terrorista de extrema derecha” hasta 1970.

La Ficha 470, Folio 488, Expediente 2, Caja 610, correspondiente a la segunda mitad de 1970, que se encuentra en la “Guía del Fondo de la Secretaría de Gobernación. Sección: Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales. Estudios estatales 1966-1973”, refiere escuetamente: “Surge grupo terrorista de extrema derecha Boinas Rojas de Nezahualcóyotl, en la ciudad de México”.

La periodista Blanche Petrich anotó en un reportaje que se publicó el 17 de mayo de 2012 en el periódico La Jornada, titulado ‘Preparan en Puebla el carpetazo al expediente de Joel Arriaga, comunista asesinado en la guerra sucia’, que “en la capital del país habían entrado en acción Los Halcones, en la represión del Jueves de Corpus. 

“Pero algunos empresarios ultraconservadores confiaban más en los grupos secretos de ultraderecha que, como el MURO (Movimiento Universitario de Reformadora Orientación) o los Boinas Rojas de Nezahualcóyotl, preferían la ‘acción directa’ y las operaciones abiertamente terroristas para ‘acabar con el comunismo’ con la bendición de la cúpula eclesial”.

Edmundo Jardón, periodista y quien fue director de corresponsales para México y Centroamérica de Prensa Latina, agencia informativa del gobierno de Cuba, de la que fue cofundador, así como diputado federal de 1982 a 1985 por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), anotó en sus memorias que en un diálogo con el ex regente del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal, en 1968, lo cuestionó sobre la supuesta influencia comunista en el Movimiento Estudiantil.

“—Existe un grupo llamado Boinas Rojas de Nezahualcóyotl, que está pintando las puertas de domicilios con una equis roja. En algunas de estas casas se instalaron bombas”—comentó Jardón al funcionario.

“–En mi caso, la bomba se cebó, pero ahí está. La guardo y, si quiere, se la traigo para que vea usted que ésta sí es una labor subversiva. A ver si usted me puede decir algo sobre el particular para que los colegas que están aquí, se enteren—cortó Corona del Rosal.

El periodista también anotó: “Los ‘Boinas Rojas’ fueron el antecedente de ‘Los Halcones’.

Federico Emery Ulloa, exdirigente estudiantil del 68, presentó una denuncia por ‘terrorismo de Estado’ en 2002. La demanda fue en contra del ex secretario de Gobernación y ex director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Manuel Bartlett Díaz, en la agresión que sufrieron los presos políticos en Lecumberri en 1970. 

Pero además, en la “creación del grupo ‘Boinas Rojas de Nezahualcóyotl’, que acosó a mis familiares en la misma época”.

Emery Ulloa solicitó al entonces fiscal especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, Ignacio Carrillo Prieto, que citara a declarar a Bartlett, quien en 1970 fungía como director general de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, así como al entonces secretario Mario Moya Palencia, por considerar que “los dos tienen amplia información de ambos asuntos”.

Para el segundo día de octubre de 1968 la amenaza de Díaz Ordaz se cumplió de la manera más brutal. Sólo había pasado un mes de haberla lanzado desde el Congreso de la Unión. Para ello echó mano de todo el aparato del Estado y de todos los mecanismos de terror, de propaganda y de una desmedida fuerza militar-policiaca-paramilitar.

El “hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos”, representó la declaración de una guerra sin cuartel en contra del Movimiento Estudiantil. Y en esta guerra de un gobierno al borde de la esquizofrenia todo estaba permitido, como la creación y financiamiento de grupos paramilitares. 

Los ‘Boinas Rojas de Nezahualcóyotl’ son un ejemplo de esta desmesura de paranoia de un Estado criminal. Un grupo que tomó su nombre de las boinas rojas que portaban (y siguen portando) los miembros de la Brigada de Fusileros y Paracaidistas (BFP) del Ejército Mexicano, que los entrenaron, y de los terrenos baldíos del municipio mexiquense, donde fueron adiestrados.

@RivelinoRueda

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