Por José María Miranda
Fotos: Rivelino Rueda
Martes 19 de septiembre, la vida de un nini te permite abandonar tu cama después del mediodía, aún y cuando en la Ciudad de México se acababa de realizar un simulacro para recordar a las víctimas de aquel trágico 19 de septiembre de 1985.
Es martes, el día pinta para ser largo, juega el Barcelona y por la noche se dará una edición más del «Clásico Joven», ¿por qué no ir a comprar unos buenos tacos para dicho trajín?
La decisión la pensé por más de 40 minutos hasta que bajé de mi cuarto y tome las llaves del auto para ir, por ahí de la 1 de la tarde y unos cuantos minutos más.
Lo de siempre, cuatro de bistec con sus respectivas papas, tomé mi orden y regresaba a mi casa para, con su debido vaso de Coca Cola degustarlos cómo se merece.
Circulaba por la Colonia Guadalupe Tepeyac hasta que en la radio el afamado ‘Estaca’ informó que se estaba registrando un sismo y tendrían que salir del aire, a la par comenzaba esa horrenda alerta sísmica que, más allá de ponerte «a las vivas», causa un tremendo pánico en la población.
La tierra de aquella vetusta colonia comenzó a moverse como nunca lo había sentido, el circular era imposible, a mi mente llegaron escenas de la película «2012».
La gente salió despavorida de sus casas, el hilar un par de pasos era complicado, comenzaron a escucharse explosiones, quizás provenientes de los transformadores eléctricos.
A unos 25 metros del lugar en el que detuve el paso se encuentra el Instituto Ateniense, una de las escuelas con más tradición de toda la zona; las madres no repararon en ir a toda velocidad para buscar a aquellos pequeñines que no logran dimensionar lo que acaba de suceder.
Una vez que la tierra dejó de moverse yo solo tenía una preocupación, mi mamá, quién trabaja en un viejo edificio del Centro Histórico, hecho que pone la cabeza a dar vueltas sobre si habrá podido aguantar dicho embate.
Por fortuna ella se encontraba bien, no fue fácil establecer comunicación con ella pero una vez lo logré mi alma regresó al cuerpo.
Estos fenómenos tienen un triple efecto en mi, tres grandes sentimientos que saltan desde el primer segundo:
1.- Desesperación al no saber cómo se encuentran mis familiares y amigos.
2.- Incertidumbre por no saber si habrá alguna réplica que tenga repercusiones de mayor escala.
3.- Tristeza de aquellos que en un solo segundo se quedan con las manos vacías, sin hogar e incluso sin algún miembro de su familia.
¿Por qué hoy?
¿Por qué justo a 32 años de la mayor catástrofe en la Ciudad de México?
Dicha coincidencia pareciera el guión de la más trágica de las novelas.






