Por Armando Martínez Leal
Flor de barrio, hermanito
Patria, son tantas cosas bellas
como aquel viejo árbol
que nos habla y renueva
como el cariño que guardas
después de muerta la abuela
Patria son tantas cosas bellas
Rubén Blades
En México, septiembre es el mes de la Patria que se conmemora desde hace más de 200 años. Septiembre fue el punto de quiebre para la Independencia de la Nación, el 16 de septiembre de 1810, el padre de la patria dio el grito que nos constituyó. Miguel Hidalgo y Costilla, el cura ilustrado, que bajo la lectura edulcorada del panismo se humanizó, en las excéntricas y huecas conmemoraciones del 2010; develándolo como mujeriego, bebedor, tocaba el violín y gustaba del teatro.
El rebelde cura es el punto de inflexión de lo que somos, una combinación de guadalupanismo frente a un Estado laico. Una combinación de fiesta fáustica, con un particular culto a la muerte que en la actualidad se vuelve el mecanismo de evasión por excelencia. Una miscelánea de élites ignorantes, clases medias comodinas y unos pobres que ven su devenir como inevitable.
México fue definido como una patria amiga del mundo, recibió al exilio español en junio de 1937. El gobierno del general Lázaro Cárdenas acogió a un numeroso grupo de niños españoles que huían de las garras del franquismo. México también amparó a los cientos de latinoamericanos que se birlaban de las zarpas de Pinochet, Videla, Bordaberry, Stroessner, Trujillo, Somoza, Gutiérrez y Majano, entre tantos milicos que financiados por la CIA impusieron un sangriento orden.
El poeta, Ramón López Velarde en su Suave Patria, describe a la patria como:
…tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.
El niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.
Sobre tu Capital, cada hora vuela ojerosa
y pintada, en carretela: y tu provincia,
del reloj en vela que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.
El México, de López Velarde, parece una extraña patria, el maíz ha muerto, las minas del rey de Oros, se han vuelto la fuente de riqueza de empresas canadienses, que extraen minerales y arrasan con el medio ambiente de la patria. La bendición del niño Dios se convirtió en la maldición neoliberal. De los veneros del petróleo se benefician los Salinas de Gortari. Sí las campanas caen… pero como augurio de nuestra muerte.

La Suave Patria es tan lejana porque México se ha modificado diametralmente, del manso canto del poeta no queda ni la añoranza, tan sólo los versos, como testimonio de un nacionalismo inexistente; o bien, presente en un sentimiento chabacano e incongruente. La patria no la hacen las estrofas del poeta, la desnuda en su verdadera naturaleza un presente desgarrado. México conmemora 207 años de Independencia pero la República se desmorona por donde se le vea. Porque la patria no la hace el canturreo del poeta, ni la añoranza nacionalista sino un presente inundado de barbarie.
Una barbarie que hemos aceptado gratuita e irresponsablemente. Los mexicanos hemos decidido encerrarnos en nuestros microcosmos. Hemos recreado una experiencia casi tribal donde la caterva la compone la familia y una horda de conocidos que nos ensimisman en una dinámica social que nos retrae del otro. Hemos anulado en nuestra conciencia colectiva la posibilidad del otro. Los pobres son una estadística extraña, tan lejana que se vuelve una quimera de nuestra conciencia moral y ética. Más de la mitad de los 120 millones de mexicanos vivimos en la pobreza, por más que el INEGI disfrace las cifras bajo un truco barato que anula la canasta básica. La demagogia de los políticos es el reflejo de nuestra existencia ladina.
Somos incapaces de responsabilizarnos por el presente que hemos recreado vehemente, el credo neoliberal se insertó en nuestra conciencia como Nación. Los pobres lo son por flojos y nuestra precaria existencia se encubre bajo la dinámica individualista. Que el actual proyecto económico neoliberal haya producido la cantidad de mexicanos en la pobreza y esa minoría silenciosa de multimillonarios es una responsabilidad colectiva que como moradores del presente hemos de asumir.
Que de la numeraria fáustica, de la guerra neoliberal sobrevengan en más de 270 mil mujeres, hombres, jóvenes, niños y ancianos aniquilados impunemente. Que en once años de una guerra que limpia socialmente ha México hayan desaparecido más de 30 mil seres. Que treinta mil familias estén rotas… es todo responsabilidad nuestra. Porque decidimos aceptar al primer caído como un saldo negro de esa purga social. Porque decidimos aceptar la purga social. Porque decidimos estigmatizar a los muertos como criminales. Porque decidimos cerrar las ventanas y guarecernos en nuestras casas.
México es una patria que suave y sistemáticamente aniquila a sus niños… a sus jóvenes, los mata de hambre, o bien los asesina a balazos. El exterminio que confrontamos se refleja como emblema de lo que somos, la bandera tricolor, se ha enlutado. La camiseta verde de la selección nacional está impregnada de sangre de sus jóvenes. Así lo refleja la terrible imagen del fotógrafo Bernardino Hernández, de la agencia Cuarto Oscuro.

Tres cuerpos recargados en un muro. Tres cuerpos de jóvenes entre los 15 y veinte años de edad. Tres cuerpos… ejecutados. Uno de ellos llevaba la camiseta de la selección nacional, esa que es comandada por un futbolista que lava dinero del narcotráfico, esa camiseta que de vez en vez, los mexicanos portan con orgullo. El orgullo bañado en sangre. El orgullo de lo que somos. Porque sí, somos sangre, somos barbarie, somos muerte.
Una muerte que nada tiene que ver con los grabados de Posada. Una muerte que nada tiene que ver con nuestra tradición ancestral, nuestro idiosincrásico “culto por la muerte”. Una muerte que es la huella inefable de lo que somos. Los mexicanos hemos vuelto la Suave Patria en el huracán de la eliminación social. ¿Quiénes son los muertos? ¿quiénes las mujeres violadas? ¿Quiénes los desaparecidos?
La imagen de Bernardino Hernández nos muestra a tres jóvenes morenos, como la Guadalupana, a tres mexicanos morenos como los que los neoliberales detestan. A tres jóvenes que el fascista americano ha dicho deben ser eliminados. Tres jóvenes que son la mónada de la guerra letal del Estado mexicano y sus fuerzas armadas. Eliminando a los Bad men, Bad boys, Bad women… Bad mexican.
México es una patria de mierda, lo es porque acepta gratuitamente la eliminación del Otro. México es responsable de la muerte de miles de jóvenes… niños. Y México, no es la suave patria sino el umbral de la muerte, ahí donde son asesinados los inmigrantes centroamericanos, allí donde el exilio se ha vuelto una rémora del pasado. Ahí donde es mejor cerrar las puertas y las ventanas ¡Salvarse!… porque igual te salvas de la mierda, aunque estás empapado de ella.
México es la Suave Patria, donde Rosario Robles roba impunemente millones de pesos a los más pobres. México es la Suave Patria, donde Alfredo del Mazo gana elecciones y no hay oposición que devele el fraude, porque Morena está ocupada en otras artes. México es la Suave Patria, donde docenas de periodistas son asesinados impunemente. México es la Suave Patria, del territorio Telcel. México es la Suave Patria, donde el corrupto Calderón Hinojosa se empeña en regresar al poder. México es la Suave Patria, donde la corrupción de sus élites es la gozada que secretamente admiramos. México es la Suave Patria, que se ha convertido en mi patria de mierda.