De propaganda anti-norcoreana a reclutador de jóvenes para la guerra: el caso de Call of Duty: Modern Warfare

Por Alberto Erazo Castro

No es ninguna novedad que Call of Duty se presta para la propaganda estadounidense. Vaya, qué descubrimiento, ¿no? El agua moja, el fuego quema, y Activision lleva quince años, mínimo, fabricando consentimiento para el Imperio gringo con la excusa de que usted está “jugando”. 

La saga vive en un atasco estilo propaganda de los ochentas, con una propaganda tan burda, tan de manual, tan de película de sábado por la tarde en televisión abierta, que da hasta vergüenza ajena. Pero hablando de los ochentas, ¿recuerdan Amanecer Rojo, Red Dawn? 

Bueno, ¿se saben la historia? Eso era propaganda básicamente. Los anglos se pintan a sí mismos como víctimas, porque claro, ellos nunca invaden, ellos solo se defienden. Y hablando de Red Dawn, ¿sabían que tuvo un remake? No muy popular, pero en el remake Corea del Norte es retratado como el invasor. 

En su momento era China el que retrataban, pero es necesario que China mirase la película y recaudase mucho dinero. La historia detrás del remake es un fracaso total, pero eso no quita la alta demonización hacia Corea del Norte, un país que no ha invadido a nadie. Ese es el problema. Usted puede hablar cualquier barbaridad cloacal sobre Corea del Norte, pero no puede acusarlo de cosas que sí hace Estados Unidos o el actual Israel. 

¿O me van a decir que no? Pues bien, volviendo a lo nuestro: estamos hablando de un videojuego, el actual Call of Duty Modern Warfare que salió este 2026, y es propaganda abyecta. 

Demonizante. Deshumanizante al pueblo coreano a tal grado que retratan una serie de crímenes y vejaciones que, por cierto, solo este año, este año en la guerra de Irán, Estados Unidos ha cometido más crímenes de todo lo que hemos acusado a Corea del Norte en sesenta años. 

¿Se está entendiendo, o necesito hacerles un dibujo con plastilina? El Imperio anglosajón con su maquinaria de propaganda blanda, claro, yo no puedo tragar este estercolero. Para mí es evidente que esto es propaganda. Porque después de ver los crímenes subidos en TikTok por el propio Israel, los norcoreanos se siguen viendo como buenas personas todavía en este juego. 

O sea, lo demoníaco que desató Israel atacando al pueblo palestino y todas las crueldades y monstruosidades que le ha hecho a los pueblos vecinos de Medio Oriente, todavía se está quedando corto. Este juego todavía, sí, los norcoreanos se siguen viendo buenos a la par de los israelíes. Para que vean cómo la realidad supera todavía a las ficciones. 

Pero aun así eso no quita que hay gente en internet con el discernimiento de una piedra hablando de que, uy, pero es que Corea del Norte es un régimen y que no sé qué. Tu democracia liberal no es mejor. Quédate con eso. Sigues viviendo en un atolladero tercermundista. Que te quede claro. Todavía estás ahí. Tus gobiernos te van a dejar morir de hambre a ti y a tu familia y te van a ignorar. Pero claro, tú sigue defendiendo el juego, que te está yendo de maravilla. Como decía Cicerón, “O tempora, o mores” (oh, tiempos, oh, costumbres), y luego el senado romano se fue a cenar y dejó que los bárbaros entraran por la puerta trasera. Lo mismo aquí.

¿Y por qué Corea del Norte cae aquí como el malo maloso? Por dos cuestiones, al igual que la película de Amanecer Rojo, el remake. No pueden poner a China porque necesitan que China también compre este juego. 

Están perdiendo un gran sector del mercado de los videojuegos. Porque al final del día esto también va de dinero, no se vayan a confundir, no es que les importe la libertad o la democracia, les importa tu cartera. Pero la pregunta es ¿cuánto dinero metió Estados Unidos para hacer esto? 

No que Donald Trump y Kim Jong-un eran muy amigos y no sé qué, porque el gobierno estadounidense está metido en este juego. Pero está retratando a Corea del Norte como algo malvado. No ponen a Kim porque eso sería muy evidente, No son tan tontos. Lo que están haciendo aquí es propaganda demonizante, con un poquito de sutileza para que no se note tanto. ¿Por qué viene esto? Solo falta revisar la operación militar especial. 

Corea del Norte entró a las filas de Rusia, apoyó a Rusia, le entregó grandes arsenales. La mayor fábrica de municiones, de artillería del mundo está en Corea del Norte y le ha puesto eso al servicio de Rusia. Y hasta la fecha Rusia no ha parado de darle palizas a la OTAN en Ucrania. Incluso hay soldados norcoreanos, hay logística norcoreana, así que quede claro. Está probando sus misiles en ese escenario. 

Estados Unidos ya hasta habla de una hipotética Segunda Guerra de Corea, que evidentemente ellos van a provocar, los anglos. Sí, te están preparando. Esto es propaganda predictiva, Te están creando un escenario que el enemigo, que los anglos, te van a desarrollar. Y hasta te lo están normalizando. 

Es como en El Padrino, cuando Michael Corleone le dice a Kay “no es personal, son solo negocios”, y luego manda a matar a su hermano. Pues eso. Los señores de Activision te dicen “no es propaganda, es solo entretenimiento”, y luego ponen a Corea del Norte como el villano conveniente mientras el ejército de los Estados Unidos les presta los tanques. 

¿Casualidad? Como la que hizo que el Titanic se hundiera justo después de zarpar. Y hasta la sospecha se me disparan cuando veo canales de YouTube como Armapedia hablando positivamente de este juego. Un canal que se ha dedicado exclusivamente a elogiar constantemente el sector militar industrial estadounidense. Un canal que supuestamente solo habla de hechos históricos, de combates, de conflictos. 

Y hasta ahí no, está haciéndole también propaganda. Si ves que hay un excremento, y viene envuelto como una cosa cromática llena de colores, y luego ves que se acercan las moscas, sospecha que es estiércol definitivamente. 

Si hay canales de YouTube que ya sabemos que están bajo intereses financieros del complejo militar industrial, y ves que están felicitando un juego del complejo militar industrial de entretenimiento de Estados Unidos, hermano, conecta las cosas. No es difícil lo que te estoy pidiendo. ¿O necesitas que te lo explique con plastilina y te lo cante con marionetas? Porque puedo hacerlo. Pero ustedes son adultos. Se supone.

Y no me vengan con cuentos de que esto es solo intuición mía. La evidencia está ahí, documentada, y cualquiera que se tome la molestia de mirar la puede encontrar, aunque claro, mirar requiere esfuerzo, y es más fácil tragarse el juego y decir “es solo un videojuego”. 

El colectivo No Games For Genocide publicó en octubre de 2026 un artículo titulado directamente “Call of Duty’s Propaganda Machine”, donde acusa al juego de ser una herramienta del imperialismo estadounidense, de presentar a Estados Unidos y Corea del Sur como los héroes indiscutibles y a Corea del Norte como el villano conveniente. 

Ese mismo artículo cita a la organización coreana antiimperialista Nodutdol, que señala algo que los fanáticos del juego convenientemente olvidan: que fue Estados Unidos quien destruyo casi todos los edificios del norte durante la Guerra de Corea. 

El tráiler del juego muestra imágenes impactantes de Corea del Norte atacando zonas civiles, pero fue Estados Unidos el que mató a unos tres millones de coreanos, la mayoría civiles, durante esa guerra. El juego forma parte de un proyecto más amplio para oscurecer la realidad de la Guerra de Corea, que fue una guerra librada por la ocupación estadounidense contra coreanos que resistían la división del país. 

Eso no lo digo yo, lo dice Nodutdol, una organización coreana. ¿O también ellos tienen el discernimiento de una piedra? Porque si es así, entonces todos los que critican el juego están confundidos y los que lo defienden son genios. Qué conveniente. Y no es la única voz. 

El diario británico The Guardian calificó la premisa del juego como “sorprendentemente política” en una era en que las editoras evitan temas controvertidos. 

En Corea del Sur, medios como JoongAng Ilbo recogieron las críticas de sectores progresistas que consideran que se demoniza a Corea del Norte y se exagera la represión de su gobierno. Incluso reseñas entusiastas, como la de Grant Taylor-Hill en Insider Gaming, que le dio un 9 de 10, reconocen que por momentos el juego parece propaganda contra Corea del Norte y cuestionan escenas que celebran la matanza de soldados norcoreanos. 

Cuando hasta los que le dan nueve de diez admiten que huele a propaganda, es porque es propaganda, genio. No hace falta un doctorado en ciencias políticas para olerla. Basta con tener nariz. Pues bien, volviendo a lo nuestro: si hasta los que lo alaban le ven el tufo, ¿qué queda para los que lo miramos con lupa? Exacto. Que es un insulto a la inteligencia. Y de la más abyecta.

Pero claro, esto no sale de la nada. Call of Duty no es una franquicia neutral que casualmente coquetea con el ejército estadounidense. Lleva décadas metida hasta el cuello en lo que se llama el complejo militar-industrial de entretenimiento. Y esto está documentado con papeles, no con suposiciones de un tipo en Twitter. 

El periodista Alan MacLeod publicó en MintPress News una investigación basada en documentos obtenidos mediante solicitudes de información pública donde se detalla cómo la Fuerza Aérea de Estados Unidos llevó a un grupo de ejecutivos del entretenimiento, incluida Coco Francini, productora de Call of Duty en Activision Blizzard, a su base de Hurlburt Field en Florida en septiembre de 2018. 

El motivo explícito, según los correos citados, era “mostrar” su hardware y convertir a la industria del entretenimiento en “defensores más creíbles” de la maquinaria de guerra estadounidense. 

Un oficial de la Fuerza Aérea escribió: “¡Tenemos un montón de gente trabajando en futuros taquillazos (piensen en Marvel, Call of Duty, etc.) emocionada por este viaje!”. 

Otro correo señala que el punto de la visita era proporcionar a los productores “de peso pesado” una “inmersión en AFSOC centrada en los Aviadores de Tácticas Especiales y las capacidades aire-tierra”. 

Y el jefe de relaciones comunitarias de AFSOC lo dejó aún más claro: “Esta es una gran oportunidad para educar a esta comunidad y hacerlos defensores más creíbles para nosotros en la producción de cualquier futura película o producción televisiva sobre la Fuerza Aérea y nuestra comunidad de Tácticas Especiales”. 

A Francini y los demás les mostraron helicópteros CV-22 y aviones AC-130 en acción, ambos presentes de forma prominente en los juegos de Call of Duty. ¿Y esto es coincidencia? 

Claro, seguro. Todo es coincidencia. Como que el Cuerpo de Marines de Estados Unidos estuvo involucrado en la producción de Call of Duty: Modern Warfare 3 y Call of Duty 5. 

Los documentos muestran que los productores de esos juegos se acercaron al USMC en la convención E3 de 2010 en Los Ángeles solicitando acceso a hovercrafts, vehículos que luego aparecieron en el juego. Los ejecutivos de Call of Duty 5 también pidieron uso de un hovercraft, un tanque y un avión C-130. 

Y esta colaboración continuó en 2012 con el lanzamiento de Modern Warfare 4, donde los productores solicitaron acceso a todo tipo de vehículos aéreos y terrestres. Pero no, seguro que es casualidad. Seguro que los productores fueron a pedir prestado un tanque para hacer turismo. 

Como el que va a la playa y pide prestado un flotador. Exactamente igual. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos no tiene nada mejor que hacer que pasear a productores de videojuegos por sus bases para que luego hagan juegos donde los malos son los que ellos digan. Qué generosidad. Qué altruismo. Qué ganas de colaborar con la cultura. Pues bien, si eso no es propaganda, entonces yo soy el Papa.

Y no se trata solo de acceso a vehículos o bases militares. Se trata de quién está sentado en las sillas directivas de Activision Blizzard. Frances Townsend, exasesora de Seguridad Nacional y Contraterrorismo de la Casa Blanca de George W. Bush, fue contratada como vicepresidenta ejecutiva de Asuntos Corporativos y consejera principal de Activision Blizzard. 

Townsend es también directora del Atlantic Council, una organización financiada por empresas de armamento, la OTAN y el gobierno estadounidense, y del Council on Foreign Relations, y fideicomisaria del hawkish Center for Strategic and International Studies. 

Durante su tiempo en la administración Bush, Townsend ayudó a popularizar el eufemismo “técnicas mejoradas de interrogatorio” para referirse a la tortura de detenidos.

 El teniente coronel Steven L. Jordan, oficial a cargo de la notoria prisión de Abu Ghraib, alegó que Townsend lo presionó para intensificar el programa de tortura, recordándole “muchas, muchas veces” que necesitaba mejorar la producción de inteligencia de la prisión iraquí. 

Townsend lo ha negado, pero también lamentó públicamente que los “profesionales de carrera” de la CIA hubieran sido sometidos a “humillación y oprobio” después de que se hicieran públicos los detalles de sus acciones. No se refería a los prisioneros, sino a los torturadores. 

Esa es la persona que Activision Blizzard puso en su cúpula directiva. ¿Y todavía me van a decir que el juego es apolítico? Por favor. Es como poner a Dr. Doom de director de recursos humanos y decir que la empresa no tiene nada que ver con el mal. Y no es la única. 

Brian Bulatao, exdirector de Operaciones de la CIA, el tercero en el mando de la cuestión, fue contratado como director de trámites de Activision Blizzard después de dejar el Departamento de Estado, donde, según algunos relatos, se desempeñó como el “perro de ataque” personal de Mike Pompeo, con ex colegas describiéndolo como un “matón” que traía una “nube de intimidación” al lugar de trabajo. Grant Dixton, exconsejero asociado del presidente Bush entre 2003 y 2006, asesorándolo en algunas de las actividades legales más controvertidas de su administración, como la tortura y la expansión del estado de vigilancia, luego trabajó para Boeing como vicepresidente senior y consejero general, y en junio de 2021 se unió a Activision Blizzard como director legal. 

Brett Wahlin, vicepresidente senior y director de seguridad de la información, fue agente de contrainteligencia del Ejército de Estados Unidos. Angela Alvarez, jefa de personal, fue especialista en operaciones químicas del Ejército hasta 2016. 

Que el mismo gobierno que estaba infiltrando juegos hace diez o quince años ahora tenga tantos ex funcionarios controlando las mismas compañías de videojuegos plantea preguntas serias sobre la privacidad y el control estatal sobre los medios. Pero seguro que es casualidad. 

Seguro que todos estos señores de la CIA y del Departamento de Estado se metieron a la industria del videojuego porque les encanta el Fortnite y querían conocer a Mario Bros. Pues bien, volviendo a lo nuestro: cuando la cúpula directiva de una empresa de videojuegos parece la lista de invitados de una cumbre de la OTAN, uno empieza a sospechar que el juego no es solo un juego. Y uno acierta.

Y luego está el asunto del dinero. Porque al final del día, esto también va de dinero, no se vayan a confundir. Motherboard, de Vice, obtuvo mediante la Ley de Libertad de Información documentos internos del Ejército de Estados Unidos que muestran que el Ejército planeaba gastar millones de dólares para patrocinar una amplia gama de torneos de esports, streamers individuales de alto perfil de Call of Duty y eventos de Twitch en 2021 y 2022, específicamente para hacer crecer su audiencia con espectadores de la Generación Z, y especialmente mujeres y personas negras e hispanas. Los documentos dicen textualmente: 

“Audiencia: Prospectos de la Generación Z (A18-24). Enfoque en el crecimiento de mujeres, negros e hispanos”. La tabla incluida en los documentos lista los fondos que el Ejército planeaba gastar: un millón de dólares para patrocinar el Twitch HBCU Showdown, 750.000 dólares para una mezcla de la Call of Duty League, el servicio de streaming Paramount+ y el programa de Halo, 200.000 dólares para patrocinar la versión móvil de Call of Duty, incluyendo un “inventario basado en recompensas” donde se proporcionaría moneda del juego a los jugadores que vieran anuncios de video del Ejército, 150.000 dólares para el streamer Stonemountain64, 300.000 dólares para OpTic Chicago, 675.000 dólares para un patrocinio de WWE y 600.000 dólares con el medio de juegos IGN. 

En total, el plan amplio de publicidad del Ejército entre jugadores proponía 6,9 millones de dólares. Eso es lo que está documentado. El complejo militar-industrial no necesita una conspiración para funcionar. Los contactos, la circulación de personal, la promoción oficial y el acceso a audiencias ya constituyen relaciones materiales. 

No hace falta que el Pentágono escriba un cheque para que el mensaje sea el que es. Basta con que los productores visiten las bases militares, con que los exfuncionarios de inteligencia estén en la junta directiva, con que el Ejército gaste millones en publicidad dirigida a los mismos jóvenes que juegan estos juegos. 

El mensaje se escribe solo. Es como el chiste del tipo que va a un bar y le dice al camarero: “Ponme una cerveza, pero no me la cobres, que ya me la bebo yo solo”. Pues eso. El Pentágono no necesita pagar la producción del juego. Le basta con pagar la publicidad, prestar los tanques y poner a sus exfuncionarios en la junta. 

Lo demás sale gratis. Y usted, querido jugador, pone la cara de tonto y el dedo en el gatillo. Pues bien, si eso no es financiación indirecta, entonces yo soy economista. Y no lo soy.

Pero volvamos a lo que sí está probado. Call of Duty tiene una historia de reescribir la historia para favorecer a Estados Unidos. En Call of Duty: Modern Warfare de 2019, una misión recrea la infame “Carretera de la Muerte”. 

Durante la Primera Guerra del Golfo, las fuerzas lideradas por Estados Unidos atraparon a tropas iraquíes que huían en la Carretera 80. Lo que siguió fue lo que el entonces presidente del Estado Mayor Conjunto, Colin Powell, describió como “matanza por el gusto de matar”, mientras las tropas estadounidenses y sus aliados bombardearon el convoy iraquí durante horas, matando a cientos y destruyendo miles de vehículos. 

Las fuerzas estadounidenses también dispararon presuntamente contra cientos de civiles iraquíes y soldados rendidos bajo su custodia. En el juego, sin embargo, no son las fuerzas lideradas por Estados Unidos las que matan, sino Rusia, blanqueando así un crimen de guerra y culpando a los enemigos oficiales. 

El director narrativo del juego, Tayler Kurosaki, se defendió diciendo: “Creo que probablemente podrías encontrar muchos casos en los que las palabras ‘carretera de la muerte’ se usan en muchos contextos”. Esa es la defensa. Que la frase se usa en muchos contextos. Increíble. Es como si yo le robara la cartera a alguien y me defendiera diciendo “bueno, la palabra cartera se usa en muchos contextos”.

En Call of Duty: Black Ops de 2010, los jugadores deben completar una misión para asesinar al líder cubano Fidel Castro. Si logran dispararle en la cabeza, son recompensados con una escena extra sangrienta en cámara lenta y obtienen un trofeo de bronce llamado “Muerte a los dictadores”. 

Así, los jugadores son obligados a llevar a cabo digitalmente lo que el gobierno estadounidense no logró hacer en más de 600 ocasiones. En Call of Duty: Ghosts, ambientado en Venezuela, los jugadores luchan contra el general Almagro, un líder militar socialista claramente modelado a partir del expresidente Hugo Chávez. 

Como Chávez, Almagro usa una boina roja y utiliza la riqueza petrolera de Venezuela para forjar una alianza de naciones latinoamericanas independientes contra Estados Unidos. Durante la sexta misión del juego, los jugadores deben dispararle y matarlo a quemarropa. 

Y en Modern Warfare II de 2022, la primera misión del juego consiste en llevar a cabo un ataque con drones contra un personaje llamado General Ghorbrani, que es obviamente una recreación del asesinato ilegal del general iraní Qassem Soleimani por parte de la administración Trump en 2020. 

El general del juego se parece sorprendentemente a Soleimani, con su pelo blanco y barba. En el juego, Ghorbrani es presentado como alguien bajo el control de Rusia y que “suministra terroristas” con ayuda. En realidad, Soleimani fue la fuerza clave en la derrota del ISIS en todo Medio Oriente, acciones por las cuales incluso los medios occidentales lo declararon un “héroe”. 

Encuestas realizadas por Estados Unidos encontraron que Soleimani era quizás el líder más popular de Medio Oriente, con más del 80% de los iraníes teniendo una opinión positiva de él. El juego simplifica el asesinato, no da a los jugadores ninguna elección sobre llevarlo a cabo, y no les hace considerar las consecuencias geopolíticas de tal acción. 

Insinúa que el asesinato era necesario por el bien de la seguridad nacional, independientemente de la complicada realidad detrás de tales eventos. Desalienta el pensamiento crítico sobre el papel del jugador y las implicaciones más amplias de las acciones militares, promoviendo una perspectiva simplificada del asesinato de Soleimani bajo la apariencia de una ficción. Y eso no es un accidente. Es un patrón. 

Es la misma cuenta que hace que en Modern Warfare 4 Corea del Norte sea el villano conveniente, mientras se omite la historia detrás que complicaría esa identificación.

Porque para que el jugador pueda identificarse con los “buenos”, tiene que haber “malos” claros. Y si los malos son Corea del Norte, entonces no hay que preguntarse por qué Corea está dividida, ni quién la dividió, ni quién mató a tres millones de coreanos durante la guerra. Esa pregunta no conviene. Esa pregunta incómoda. Esa pregunta haría imposible que el jugador vitoreara por los héroes. 

Y eso, mi amigo, es propaganda. Propaganda de la más abyecta. De la más demonizante. De la más deshumanizante. Como decía Goebbels (y perdónenme la comparación, pero es que se ajusta) “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Pues eso. Repite durante quince años que Estados Unidos es el bueno, que los malos son los otros, y al final hasta tú te lo crees. Aunque los otros no hayan invadido a nadie y tú hayas invadido a medio mundo.

Y por eso el juego es propaganda predictiva. No solo está reescribiendo el pasado, está preparando el futuro. Corea del Norte está metida en la guerra de Ucrania, apoyando a Rusia, entregando arsenales, probando misiles en ese escenario. 

Estados Unidos ya habla de una hipotética Segunda Guerra de Corea. Y este juego te está normalizando ese escenario. Te está creando el enemigo que los anglos van a desarrollar. Te está preparando para aceptar que una guerra contra Corea del Norte es necesaria, justa, heroica. 

Y lo hace con la misma maquinaria de siempre: la identificación con el bando “correcto”, la omisión de la historia detrás, la demonización del enemigo conveniente. No es casualidad que no pongan a China como el invasor. No pueden, porque necesitan que China compre el juego. Necesitan el mercado chino. Necesitan el dinero. 

Pero Corea del Norte es un blanco fácil. Es un país que no ha invadido a nadie, pero que tiene la mala suerte de estar en el lado equivocado de la geopolítica estadounidense. Y mientras tanto, Estados Unidos e Israel cometen crímenes peores en tiempo real, y nadie hace un videojuego sobre eso. 

Nadie te pone a jugar como un niño palestino bajo las bombas. Nadie te pone a jugar como un civil iraquí en la Carretera de la Muerte. Nadie te pone a jugar como un coreano del norte durante el bombardeo estadounidense que destruyo casi todos los edificios del país. 

Porque ese juego no se vende. Ese juego no te hace sentir héroe. Ese juego no sirve al complejo militar-industrial. Ese juego no es propaganda. Es la verdad. Y la verdad no vende. La verdad no entretiene. La verdad no te hace sentir bien mientras matas NPCs con un notable estereotipo étnico y vuelves a la vida en la siguiente ronda, libre de culpa, remordimiento y estrés postraumático, porque la gente que mataste no era real, solo eran NPCs. 

¿Y eso es lo que quieres defender? ¿Eso es tu “sano entretenimiento”? Felicidades. Has encontrado la manera de matar sin mancharte las manos y sin que te importe un comino. Eso sí que es un logro. Pues bien, volviendo a lo nuestro: cuando la realidad supera a la ficción, es porque la ficción está trabajando para la realidad. Y no al revés. Que no se confundan.

La evidencia está ahí. Los documentos están ahí. Los nombres, las fechas, las solicitudes de acceso a vehículos militares, los millones de dólares en publicidad, los exfuncionarios de la CIA y del Departamento de Estado en las juntas directivas, las retractaciones periodísticas, las críticas de organizaciones coreanas, las reseñas que admiten que huele a propaganda. Todo está ahí. 

Lo único que hace falta es querer verlo. Y yo lo veo. Y no pienso tragarme este estercolero. Porque no es solo un videojuego. Es una máquina de fabricar consentimiento. Es una máquina de normalizar la guerra. Es una máquina de reescribir la historia y de establecer propaganda predictiva. 

Y mientras tú estás ahí, con el controlador en la mano, matando norcoreanos digitales y sintiéndote héroe, hay gente real muriendo en guerras reales que este juego está ayudando a justificar. Esa es la propaganda más abyecta. La que no necesitas creer, porque ya la estás jugando. Y encima la defiendes gratis. Porque los que cobran son otros. Tú solo pones la cara de tonto y el dedo en el gatillo. 

Y luego, cuando la guerra de verdad llegue, cuando los anglos decidan que Corea del Norte es el nuevo Irak, cuando los misiles empiecen a caer y los refugiados empiecen a llegar, tú mirarás el juego y dirás: “yo ya lo sabía, lo vi en el Call of Duty”. Y entonces será demasiado tarde. Porque la propaganda predictiva no es solo un juego. Es un ensayo general. 

Y tú, querido jugador, eres el público. El público que aplaude. El público que paga. El público que no pregunta. Como decía el poeta: “lo que no se nombra, no existe”. Pues aquí lo nombraron. Y tú lo aplaudiste. Y encima lo defendiste en los comentarios. Qué cosas. Qué cosas tiene la vida. Y qué poco nos importa.

Fuentes:

  • Call of Duty’s Propaganda Machine — No Games For Genocide
  • Call of Duty is a Government Psyop: These Documents Prove It — MintPress News
  • U.S. Army Planned to Pay Streamers Millions to Reach Gen-Z Through Call of Duty — Motherboard (Vice)
  • Call of Duty Writer and Director Dave Anthony Named Nonresident Fellow at Atlantic Council — Atlantic Council
  • War Games: How America’s Military-Entertainment Complex Spreads Propaganda Through Entertainment — USC Viterbi Conversations in Ethics

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