La izquierda en México se enclaustra sin alternativas

Por Roque Juan Carrasco Aquino

“los movimientos sociales con sus fuerzas organizadas serán capaces de derribar a los traidores conservadores, a esos ejércitos enajenados y el reduccionismo mercantil de conciencia; empero, la organización consecuente, democrática y revolucionaria de los excluidos se convierten en feroces defensores de la dignidad, de las comunidades y de las premisas revolucionarias. Es ahí donde la militancia toma fuerza por la defensa de las libertades y la revolución proletaria”.

¿Qué pasa con la izquierda luchadora por los derechos de la clase obrera, de la autodefensa de las comunidades; en la autogestión de sus recursos; las reivindicaciones democráticas y el control social de los medios de producción? Así la reorganización directa de cara al capitalismo y al fascismo. Emerge también la necesidad de proyectar resolutivos contra el genocidio Palestino, etc. Por supuesto es urgente para los pueblos, hoy sacrificados por el imperialismo y el sionismo fascistas.

En la década de los sesenta era peligroso proclamarse de izquierdas, de democrático o antisistema, anticapitalista, antifascista; rechazar la corrupción y contra la represión oficialista o por la integridad de los movimientos reivindicativos. Era enfrentarse decididamente frente al partido en el poder, concretamente al Prianismo. 

Fue una lucha ardua e incansable para una corriente de la izquierda revolucionaria. Hoy, descalificada debido a sus exigencias de principios éticos y consecuente con el pueblo. Es la sociedad que le costó bajas de sus militantes: asesinatos de simpatizantes y activistas en la militancia.

Donde la represión fue la respuesta del Gobierno represor y autoritario prianista. El miedo y las amenazas como de chantajes a la militancia y a sus familiares a la orden del día: el hostigamiento era constante, las intervenciones domiciliarias sin previa orden de cateos y una serie de irregularidades caracterizaron el sexenio neoliberal prianista.  

Desde luego, significaba estar en contra “institucionalmente” de los derechos humanos y de las libertades, principalmente de expresión y de las organizaciones sociales. Esa era la posición del gobierno autoritario prianista. En estos días intentan volver al poder para imponer el miedo, la represión, las desapariciones, el hostigamiento selectivo; asimismo, contraatacar a los verdaderos defensores de las ideas críticas y revolucionarias. Por supuesto, un tanto distinto a los de la izquierda actual en su nomenclatura Institucional y reformista. 

En este sentido, la izquierda revolucionaria, es decir, la que se distingue de la reformista y parlamentaria mediatizadora pareciera pieza de museo obligada. Olvidándose de aquellas verdaderas luchas y defensoras de la clase obrera y contra la depredación humanitaria capitalista. Esa izquierda ha caducado, extinguida o domesticada por el oportunismo. 

Y cuando un sector, afortunado de la izquierda de gabinete, llega al poder vía electoral, a la versión de una socialdemocracia occidental a la mexicana; las condiciones de campaña se subordinan a las exigencias de quienes dominan el Comité Central del partido. Caso específico en Morena. Es evidente la infiltración de conveniencia por los líderes prianistas.

La infiltración permanente socava la ide de un Movimiento del morenísimo de AMLO. La constante Selección de aspirantes de elección popular a Gobernadores, presidentes municipales como de diputados, senadores, etc., están permeados por los objetivos particulares y componendas entre líderes y la dirección de Morena. 

Desafortunadamente es la realidad expresada por los militantes y aspirantes comprometidos con las luchas del pueblo. Contrario a los prianistas camuflados de “izquierda” o de morenistas arribistas para el control del poder y someter a la militancia de principios y en ocasiones radicales de convicción no por conveniencia oportunista, les expulsan.

La diferencia entre el oportunismo de izquierda de la derecha y el arribismo prianista incrustado en la dirección, de Morena, es enriquecerse y obstruir todo avance concientizador del pueblo; asimismo, buscan repetir lo que el prianismo en décadas sometió al pueblo. 

En el presente, Morena no ha logrado imponer su ideología de democracia parlamentaria, pese a su mayoría en las cámaras; lo que los infiltrados buscan es distanciar y negar las promesas de campaña e imponer las falsedades y la zozobra entre la sociedad mexicana. Haciendo que, las palabras prometidas reducen las solicitudes populares que no se pueden cumplir ni resolver. A sabiendas también que, el prianismo se posiciona en todas las Secretarías de Estado. 

Por ello, cada intento democrático es un revés para la Presidenta Claudia Sheinbaum. Es el desafío de la 4T, de Morena y de la propia administración democrática popular.  

Pues, se declara contrario a las tendencias democráticas y niegan las elecciones populares y; recurren a las descalificaciones, calumnias y amenazas para retornar al pasado oscuro de privilegios, canonjías y al enriquecimiento ilícito entre mentiras y chantajes; aunado a las simulaciones perversas; hasta encontrar a académicos que se escudan detrás de la derecha fascista y con el prianismo al frente y lanzar diatribas y análisis “fustigadores” contra la nomenclatura funcionalista de Morena.

Que lejos llegaron los izquierdistas a modo, sus ideas de autocalificarse como solidarios con la clase trabajadora; empero, nunca se involucraron para defender al proletariado internacional descabezado. Sólo se escuchaban declaraciones tibias, acartonadas, sin comprometer al gobierno prianista y menos contradecir o enfrentarse al capital, mucho menos al imperialismo gringo en sus políticas amenazantes y a discursos injerencistas. Todo bajo una mediatización reduccionistas de discursos diplomáticos y menos la movilización popular garante de la emancipación. 

En este escenario, la izquierda residual de aquellos años se reubica en Morena y son expulsados como los clásicos de la izquierda verdadera; herederos de la organización histórica, comprometida, radical, crítica, democrática, tolerante y revolucionaria. En consecuencia, esto no se aprecia en Morena. No obstante, aún están por resolver estas infiltraciones prianistas. 

En el presente queda por arrebatarles de nuevo lo del pueblo al pueblo: la democracia y la dirección de Morena. Hacia la orientación del triunfo del 2018 el poder. Ahora se compara con un corporativo a la usanza del neoliberalismo imponiéndose el mercado de candidaturas. 

En este caso, los militantes que le dieron forma y contenido a Morena están fuera de la toma de decisiones; de las políticas internas y externas de los movimientos reivindicativos; así como de la autodefensa de la soberanía, de la clase obrera, campesina, estudiantil y de la libertad de organización con independencia ideológica. 

Los resultados son contradictorios del momento y se sugiere mantener la supuesta “unidad”. Alargando la expulsión del Prianismo para continuar su posicionamiento y arremeter contra los militantes revolucionarios impulsando la ideología conservadora neoliberal. 

De modo que en la actualidad hablar de la izquierda, es recurrir a un pasado desfasado, caricaturesco de lo que fue en sus principios; perdido en la ideología de colaboración de clase. Esa jugada está agonizando; pese al intento por revitalizar por los opositores que anteponen los principios de clase y privados, antidemocráticos violentando las premisas revolucionarias. 

Destacan el arribismo electorero y traicionan después las causas que abanderaron; empero, defienden los intereses del capital; como es evidente las alianzas prianista con el crimen organizado. El cáncer del pueblo: secuestro, pago por derecho de piso (sociedad civil, pequeños empresarios, taxistas, comerciantes, artistas, vendedores ambulantes y una lista de etc.), que por más denuncias quedan impunes; hoy exigir justicia solicitadas a las autoridades, solo encuentran la contemplación y el silencio.

En tanto, en estos días se empezó a vislumbrar una luz de esperanza que podría cambiar el rumbo del país; una respuesta valerosa y concisa en la detención del presiente municipal de Juchitán, Oaxaca; acusado de pertenecer al crimen organizado del Cártel de Jalisco Nueva Generación. Aunado a las otras células de los otros carteles que tienen en vilo a la sociedad Juchiteca y en casi todo el Estado oaxaqueño. 

La decisión de la Presidenta Claudia Sheinbaum de intervenir contra este grupo armado en l región es un paso decisivo como respuesta a la demanda nacional para enfrentar directamente a esta herencia prianista mafiosa. Nos dejaron y debemos afrontar. No sólo la Presidenta per se; sino debemos denunciar y organizarnos como lo hiciera la comunidad de Cherán, Michoacán para repeler a delincuentes y el narcotráfico en sus comunidades. El ejemplo está allí, la autodefensa popular y de masas es la alternativa de los pueblos.

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