Por Roque Juan Carrasco Aquino
“Las revoluciones por más delicadas que resulten ser, emergen como consecuencia de las injusticias, el pillaje, violaciones, asesinatos, despojos de recursos, conservar el statu quo y la exclusión social para imponer el miedo, la violencia, el despilfarro Institucional y permitir al fascismo suprimir las libertades de opinión y de transformar las relaciones capitalistas de producción”.
En los años setenta del siglo pasado en gestación revolucionaria; fue el periodo de convulsiones imperantes por las respuestas insatisfechas del movimiento estudiantil de 1968. Convertido por el Estado burgués palabras en falacias.
Por el contrario, obediencia sumisa bajo órdenes del gobierno estadounidense. Además de autoritario delineado por el Pri y alertado bajo el supuesto de la ideología comunista internacional. Confusión incentivada por la ideología conservadora del panismo supremacista incapaz de comprender el proceso histórico y el cansancio de promesas incumplidas del régimen de ese entonces: el Prianismo y su dictadura demagógica, antidemocrática, corrupta, autoritaria, entreguista y subordinada a los interese de Estados Unidos.
El movimiento surgido en Maderas Chihuahua; un grupo de jóvenes estudiantes del marxismo, leninismo, maoísmo y otras corrientes del pensamiento crítico y anticapitalista, antifascista y luchando por el internacionalismo proletario, desbordó las expectativas de aquella izquierda rodeada de argumentos teóricos sin llevar a la praxis las ideas materialistas para transformar realidades. Así como transformar el statu quo del momento y transformar desde las raíces las contradicciones heredadas del régimen autoritario, violento y agresivo del Gobierno mexicano.
Jóvenes preparados teóricamente en busca de la práctica revolucionaria y lejos de regresar a la organización de masas o de participación en las luchas electorales que siempre se les negó; en tanto, estrategia de izquierda en un escenario donde prevalecía el orden y sumisión hacia el imperialismo gringo.
En ese entonces, la izquierda en proceso de organización para la formación de cuadros comprometidos con las luchas del pueblo trabajador; evidente, chocaba con la nomenclatura del reformismo electorero.
Pues, surgía un movimiento más que de inserción hacia la sociedad, optó por la clandestinidad; no fue posible por el temor del Estado a ser cuestionado, evidenciado, denunciado por las políticas antidemocráticas en el contexto de una tendencia en ascenso de aglutinar las fuerzas a repeler contra la represión, el autoritarismo y el contraataque del ejército bajo órdenes del régimen en el poder.
No fue posible organizar un movimiento de carácter ordinario con tendencia a la democratización del país por la vía pacífica. No se lograba consolidar una estrategia subjetiva para interrelacionar la teoría y la práctica en aras de conquistar y construir el partido de izquierda revolucionaria hacia la toma del poder.
En ese entonces, la lógica era responder a la represión, el encarcelamiento, reivindicar la libertad de expresión. Emergía la dirección sobre preocupada por la vida intelectual, moral y ética revolucionarias.
Aunado a esa incertidumbre se buscaba la manera organizativa responder a la represión de la policía y militares como respuestas de un Estado represor, burgués y obediente a los intereses del imperialismo gringo. Esa era la expresión disciplinada de un Estado defensora de los intereses del capital gringo y contra la economía incipiente de México.
Esa manifestación de la imposición de un Estado burgués alienado al capital trasnacional y defensa de las relaciones sociales de producción capitalista, se convertía en el espejo intergeneracional a no cuestionar ni socavar la ideología, las relaciones económicas, la sociedad cautiva y consumidora de la cultura impartida por los medios vendidos al Gobierno; así la educación formadora para obedecer y defender el sistema.
Era la expresión de aparente libertad, pero, con la imposición de un contexto surgido de las entrañas del imperialismo para dominar el Estado Nación burgués. Era la respuesta de un Gobierno sumiso, es decir, obedecer las disposiciones de políticas injerencistas, militaristas, con ideología de desposesión de territorios, recursos naturales y la explotación de la fuerza de trabajo. Representaba el apogeo del capital en expansión en toda América Latina y el Caribe.
El movimiento de la Liga Comunista, se inscribe en el marco de un desarrollo estabilizador capitalista y de un crecimiento de la economía para estructurar un capitalismo que, bajo el supuesto de florecer en México en contraparte de la Revolución Cubana; además para no generar o reproducir más socialismos a la cubana e integrar a Gobiernos sumisos a las égidas del capital imperialista gringo.
En esa perspectiva de dominio geopolítico, las revoluciones emergentes empezaron a detenerse; exterminar cada célula clandestina y todo movimiento guerrillero en ascenso. La idea central fue someter toda organización social y partidos electoreros a las visiones conservadoras del imperio a escala internacional y en busca de sometimiento a los pueblos para no retomar las armas ni la toma del poder por el proletariado o la clase trabajadora tanto del campo como de la ciudad.
En esa dirección, los jóvenes con ideas revolucionarias preparados en la teoría revolucionaria y con base en el materialismo histórico e influenciado por las corrientes críticas del marxismo, se consolidó una corriente anti reformista, anticapitalista, antiparlamentaria, antielectoral, anticlasista, antiburgués y anti colaboracionista de clase.
Por supuesto, la ideología dominante veía el avance organizativo de jóvenes revolucionarios que no les apostaron a las migajas del prianismo reformista: participar en elecciones y negociar a espaldas de la clase trabajadora. Pues, significaba claudicar frente a la teoría revolucionaria que, simplifican mudar sin transformar las políticas de clase como de no permitir ni justificar la alianzas de clase para domesticar al proletariado.
Por supuesto, el Estado burgués no le era concebible un ejemplo cubano en manos de una ideología socialista que reivindica la toma del poder por el pueblo, o por las escasas expresiones de un proletario masivo y organizado hacia la destrucción del régimen violento, antidemocrático y explotador.
En este sentido, pensar en la violencia como herramienta per se, es el juego de la otra izquierda de gabinete y de cubículo adorando la vía electoral para negociar las leyes y normas de sumisión del capital y del Gobierno de turno defensor de los intereses del capital.
No obstante, la alternativa de ese entonces como respuesta antidemocrática de las verdaderas luchas por un Gobierno de y para el pueblo. Por supuesto no era fácil ni podría replantearse la necesidad de llegar por las elecciones pacíficas a arrebatarle a la burguesía.
En tanto, estaba en manos de los ricos y del séquito de agachados, vendidos y obedientes a las instituciones del Gobierno. He ahí la actitud libertaria, hoy los verdaderos héroes del país: jóvenes de la Liga Comunista 23 de Septiembre por una sociedad posible. Ellos ofreciendo sus vidas y la de sus familias para transformar verdaderamente el país a otro mundo en manos de las grandes mayorías y no para lucrar y pillarse los recursos de todos.
A esa tendencia es la que debemos destruir y no colaborar y menos votar para regresar los que sustancialmente provocaron el origen de la otra alternativa revolucionaria la Liga Comunista 23 de septiembre.