La cúspide

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz

Foto: Edgar López (q.e.p.d)

“De domingo a domingo, te vengo a ver,

¿Cuándo será domingo, cielito lindo, para volver?”

Eduardo creció en un pueblo muy arraigado y, por la falta de recursos, se tuvo que hacer cargo de sus dos hermanas menores. Trabajar, y trabajar desde pequeño que empezó a lavar carros y hacer mandados a sus vecinos. Una tarde se sentó en una banqueta mientras se tomaba un Frutsi y pensó que la vida iba en serio.

Por cuestiones de la vida entró a un trabajo de gobierno y, por su vida pasada, él ayudaba a la gente. Les conseguía lugares para que vendieran elotes, ropa usada, o como ahora, que le llaman “second hand”.

Eduardo tenía que hacer mucho dinero para su hijo, que era su principal objetivo, y darle todo lo que él no tuvo. Se cultivaba leyendo y platicando con sus amigos entre cervezas y cigarros. Era un escuchante de anécdotas y de sinopsis de libros que le platicaban sus amigos. Se iba hinchando poco a poco de conocimiento y de anécdotas que le servirían para llegar a la cúspide, ya que sabía que una persona culta puede matar con el conocimiento.

Su amor a la acuariofilia, la cerveza artesanal y su nuevo amor le dieron una idea…

La Lupis era una chica de esas que se llaman “chicas bien”. En casa de sus padres tenía todo, una vida perfecta y un wey que la dejó con dos hijos. A veces pensaba que su vida ideal era andar de “shopping” todo el día con sus amigas al lado y viajar cada fin de semana, una buena universidad y el consentimiento de sus padres. Todo era casi perfecto para ella…

“Ese lunar que tienes cielito lindo, junto a la tu boca,

no se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca…”

–La voy a invitar a salir.

Eduardo conocía a La Lupis desde que eran niños. Gracias a sus hermanas consiguió su teléfono y le llamó…

“Hola. Espero me recuerdes. Soy Lalo. El chico de cabello chino. Han pasado muchos años y bueno… quiero preguntarte si quieres ir a comer conmigo…”

–¿Lalo? Seguramente ella pensó “¿Quién chingados es Lalo?”

Bueno, adiós…

La mamá de La Lupis, cuando la vio bajar de su recamara moviendo su cabello en cámara lenta le dijo: “Amor, te mandó saludos Lalo”, a lo cual supongo ella volvió a pensar “¿Quién vergas es el pinche Lalo?”

–¿Te acuerdas del chico regordete de cabello chino que vivía a unas cuadras de aquí?

“Pues resulta que tiene un hijo y está divorciado. Lo dejó la mujer y anda revoloteando como mosca por aquí. “Ay mira, yo no sé, solamente te voy a pedir que te cuides y que seas feliz”.

La Lupis se quedó pensando y esperó unos días en su cama, como esas chicas que están inquietas por recibir una llamada, acostada en sus sábanas rosas y moviendo las piernas de emoción. Hasta que llegó esa llamada…

–Hola, perdón, me equivoqué de número, disculpa.

–No, no cuelgues. Ya te recuerdo”.

“De la sierra morena, cielito lindo vienen bajando,

un par de ojitos negros,

cielito lindo de contrabando”

Eduardo pasó por ella en un auto color rojo cereza. Se perfumó, se recortó la barba, se puso una camisa “Hugo Boss” que un amigo le había regalado, se sentaron en un restaurante, pasaron diez horas y como por arte de magia ellos ya eran cinco.

Él le platicaba de sus sueños. Sabía su amor por la acuarofilia y la cerveza artesanal. Chocaron las manos y abrieron un depósito de cerveza, donde ella decidió vender papitas y galletas. No era lo que él esperaba, pero era su Lupis. Muy enamorados decidieron casarse y compartir sus sueños.

No es realmente un acuario, pero el lugar donde están juntos todo el día se llama Acuario, donde venden cervezas y todo lo necesario para tener una fiesta en tu casa.

La banda conoce ese lugar. Sabe que a las tres de la mañana está abierto y se respira mucho amor. Se sientan dentro de esa tienda juntos mientras escuchan música y ven películas. Los lunes que descansan van de shopping, como a ella le gusta, y van a pasear con sus tres hijos, que no son de sangre, pero los une Lalo y La Lupis.

Al paso del tiempo tienen una casa muy hermosa y acogedora, con una pecera llena de peces, obviamente agua y amor. Como todos, con altas y bajas, pero las mejores mentiras son las verdades.

“Cuando llegue a la cúspide de mi vida, prefiero darme un balazo y que me recuerden por lo que hice. No quiero causar lástima ni nada de eso. El buen mentiroso tiene que tener buena memoria. Yo me quiero marchar entre aplausos”.

“Ay, ay, ay, ay, canta y no llores,

porque cantando se alegran,

cielito lindo, los corazones”

 Ayer pase por ese depósito de cervezas. Mi amigo Lalo me invitó a pasar y a tomarme unas cervezas con él y La Lupis. Después de varias horas de conocer su historia fuimos a su casa. Conocí a sus peces, un cuyo y su hábitat. Cuando salí de ahí respiré profundamente y me di cuenta de que el amor está en el aire, como dijera John Paul Young. 

Siempre que te enamores,

mira primero,

mira primero donde pones los ojos,

cielito lindo, no llores luego.

 A veces no nos damos cuenta de la gente que nos rodea, somos unos desapercibidos, pero es muy interesante sus vidas y sobre todo que las coincidencias existen y que el mundo es una caja de sorpresas maravillosas.

 Para mis amigos Lalo y Lupita

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