Por Víctor del Real Muñoz
Este es el México que tenemos, el de la violencia permanente, el de la sumisión ante la debacle nacional, el que permite cuan normal progresa que el lenguaje y los códigos inmorales de la barbarie se apoderen de sus instintos más vitales como sociedad.
México está tan agazapado que si tres estudiantes de licenciatura aparecen muertos y diluidos en ácido no se cuestiona a dirigentes en turno ni se llama a la memoria nacional. Es el tipo de país que tenemos.
La degeneración de su tejido social se vuelve latente en la medida en que la violencia se torna común, normal y hasta aceptable dentro de un contexto miserable de perdición social.
La respuesta no está ni debe estar en la coerción policiaca, mucho menos en apagar el fuego con mismo fuego. La respuesta está en la cada vez más urgente recomposición y puesta en marcha de una estrategia que renazca muchas aristas podridas de lo más profundo de la crisis socioeconómica que ataca este país.
La muerte y reaparición de estos tres estudiantes de la Universidad de Guadalajara, más la de hace 43 meses aquellos 43estudiantes de Ayotzinapa en aquel tétrico 26 de septiembre del ya lejano 2014, son llamados y muestras cabales de un escenario social grotesco que resalta a nivel internacional por su código y significancia altamente antisocial, degenerativa y sobre todo bárbara. Este es el entorno miserable que tenemos.
En México tenemos una nación con los sectores obrero-patronales debilitados; mentira quien diga que los empresarios de las franjas medias y altas conviven con entornos de sano desenvolvimiento. En México las garantías son mínimas, escazas y hasta inexistentes y/o agotadas ante los escenarios volátiles, miserables, limitados y minúsculos con que sus habitantes y connacionales estamos condenados a vivir.
En México se ha vuelto común asimilar hasta con normalidad las altas probabilidades de salir de casa y no volver nunca más con vida; el riesgo de morir acribillado, saqueado, con una muestra grisácea de desenvolvimiento de vida es el pan diario. Ese es el alimento espiritual con el que estamos.
Fueron muy irresponsables al permitir que nos pusiéramos en estas condiciones. No calcularon que un país pobre se desata en condiciones adversas. En realidad demostraron que no conocen la esencia de su pueblo. Esta es la naturaleza mediocre e irresponsable de quienes nos han dirigido y quienes lo seguirán haciendo. Ojalá calculen el pulso de esta sociedad y sepan que las temperaturas, aún sin conducción política, de estas masas pérdidas y desbordadas están cada vez más caliente.
Crisis tras crisis que el Estado mexicano enfrenta sin ninguna reconsideración al respecto; nadie llama a rendir cuentas, nadie cuestiona, la memoria histórica está lacerada, la amnesia social y política es común. Los muchachos, los periodistas y la gente asesinada son sólo las imágenes, las formas, pero los fondos se esconden entre las cada vez más alicaídas maneras de vivir, de sobrevivir, de buscar el pan y la leche, de enfrentarse a una realidad que desde lo económico y lo político se muestra cada vez más derrotada y en capa caída. En todo caso la sangre y el hierro caliente de las pistolas son los dibujos gráficos de una pudrición generalizada.
https://youtu.be/cf9iJTM_E1I