Por Alberto Erazo Castro
Ustedes saben, y si no lo saben se los digo yo, que en América Latina no hay democracias; hay simulacros de democracia, esos parques temáticos donde la montaña rusa sube y baja, pero siempre termina en la misma tienda de recuerdos.
Y el recuerdo, queridos, siempre es un gorila con corbata.
Pues bien, entra en escena Fernando Cerimedo, que no es un personaje de Gabriel García Márquez, aunque lo parezca, sino un tipo que saltó del peronismo a la ultraderecha como quien cambia de camiseta en un clásico de futbol, sin lavarla siquiera.
¿Acaso alguien cree que un hombre que dice haber entrenado con los Navy SEALs, haber obtenido un doctorado en la Universidad de Phoenix, esa institución que vende títulos como un quiosco de periódicos, y haber trabajado para Barack Obama en una oficina de la Casa Blanca que, sorpresa, no existe, es un simple consultor electoral?
No, señores. Ese currículum es un guion de película de acción directo a VHS, protagonizado por un tipo que antes vendía seguros y daba clases de secundaria en Buenos Aires. Pero en el mercado de las almas de la política latinoamericana, el que más miente, más sube. La inflación es esa señora que se come la nevera, pero la desinformación es el primo golfo que se come el país entero y encima te cobra el servicio.
Volviendo a lo nuestro. Este señor, que los kirchneristas de La Matanza recuerdan como el “loco lindo” que les enseñó a tuitear, de pronto se despertó de la siesta y dijo: “Mi mujer es fanática de Milei”. Y como en las telenovelas donde el amor todo lo puede, excepto pagar impuestos, cruzó de vereda.
De la mano de Javier Milei, el león melenudo que ruge contra la casta mientras se baña en la misma piscina, Cerimedo montó La Derecha Diario, una máquina de mentiras tan eficiente que hasta él la llamaba “travesuras”. Travesuras, ustedes me entienden, como llamaría el Joker a un atentado con bombas.
Porque publicar que las vacunas tienen grafeno o que Cristina Kirchner sabía de su propio atentado no es una travesura; es un delito con apellido y dirección. Pero claro, en la América Latina de hoy, el delito solo es delito si lo comete un piquetero; si lo comete un tipo con saco italiano, es “estrategia de comunicación”.
Y aquí viene la parte donde me río para no llorar. ¿Acaso alguien cree que Cerimedo actuaba solo cuando organizó el live #BrasilFueRobado? Cuatrocientas mil personas mirando a un argentino decir que las urnas brasileñas eran un fraude, usando datos falsos creados por hackers, mientras afuera los bolsonaristas acampaban en cuarteles como si fueran fanáticos esperando a BTS.
Ese live no fue un error; fue el mechero que encendió la mecha del 8 de enero. Y cuando el Tribunal Superior Electoral le cerró las cuentas, ¿qué hizo nuestro héroe? Dijo que no era responsable, que eran cuentas de homónimos, que él solo pedía “investigar”. Claro, y yo soy Spider-Man los fines de semana.
La desinformación es como el simbionte de Venom: necesita un huésped tonto para sobrevivir, y en Brasil, en Chile, en Argentina, Honduras siempre hay una fila de voluntarios.
En Chile, por ejemplo, armó una encuesta para el plebiscito constitucional que daba por muerto al ‘Apruebo’, cuando el ‘Apruebo’ ganó con el 78%. Una encuesta pagada por empresarios del ‘Rechazo’, con metodología de adivino de feria.
Y cuando perdieron, La Derecha Diario publicó que Gabriel Boric tuvo un colapso nervioso. Fake news, claro, pero la mentira ya había dado la vuelta al mundo mientras la verdad se ataba los zapatos. Como decía el otro, *mundus vult decipi, ergo decipiatur*, el mundo quiere ser engañado, así que engañémoslo, aunque en este caso el mundo es un grupo de WhatsApp de tías que reenvía todo.
Pero no se queden en la anécdota. Cerimedo no es un loco suelto; es un nodo. Un enchufe. El cable que conecta el tomacorriente de Washington con el ventilador de la ultraderecha latinoamericana.
Desde que Trump volvió a la Casa Blanca en 2024, nuestro amigo estuvo en Ecuador, Chile, Honduras y Colombia. En todas partes la misma receta: titulares falsos, perfiles zombis, granjas de trolls como si fueran plantíos de marihuana y una cadena de medios convertidos en fábricas de miedo.
Se asoció con Javier Negre, ese español dueño de EdaTV y UHN Plus, y con Ricardo Salinas Pliego en México. En octubre de 2025, La Derecha Diario compró UHN Plus Media para formar un bloque conservador con 30 millones de lectores. Treinta millones. ¿Se imaginan? Es como si el Club de la Pelea tuviera un canal de noticias y la primera regla fuera que no se habla de la verdad.
Y ahora, queridos amigos, llegamos a Bolivia. Allí estaba Cerimedo, asesor principal del presidente Rodrigo Paz, exportando su “guerra cultural” que divide a las naciones en razas y regiones como si fueran porciones de pizza. Pero el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, soltó una perla en julio: que a Cerimedo no le pagaba el Estado boliviano, sino que sus honorarios venían de “recursos externos”.
¿Recursos externos? Esa frase, en el vocabulario de la política latinoamericana, suena a cheques sin firma, a maletas con dólares, a fondos que no pasan por el banco sino por el baúl de un automóvil.
Y Nadia Beller, su expareja, la mujer a la que mandó asesinar, porque eso es lo que es un sicario vestido de repartidor, no un desacuerdo de pareja, declaró desde el hospital que Cerimedo era agente de la CIA, que facturaba 800 mil dólares mensuales, que guardaba dinero en cajones y maletas como si fuera un capo de El Padrino, pero sin la elegancia de Brando.
¿Acaso alguien cree que es casualidad que este hombre, que conecta a Milei con Bolsonaro, a Bolsonaro con Trump, a Trump con los candidatos de Washington en toda la región, termine en Bolivia con “recursos externos” y una novia que lo acusa de agente de la CIA?
La CIA, claro, ese fantasma que en América Latina no es un fantasma; es el vecino que entra por la puerta de atrás, se sirve un café y reorganiza tu sala.
Desde Guatemala de 1954 hasta Chile de 1973, desde la Escuela de las Américas hasta los audios filtrados del Hondurasgate, donde, dicen, el gobierno de Netanyahu puso dinero para campañas contra gobiernos progresistas, la historia es la misma: cuando la izquierda gana en las urnas, la derecha gana en la sombra. Y en esa sombra vive gente como Cerimedo, que no es estratega ni empresario; es un contratista del miedo.
Y hablando de miedo, ustedes recuerdan que en Honduras, Cerimedo y el republicano Dick Morris lograron que Donald Trump tuiteara a favor de Nasry Asfura y contra Salvador Nasralla. Esa no es magia; es precisión. Es como cuando Tony Stark diseña un traje: cada pieza tiene un proveedor.
El proveedor de la palabra de Trump fue Morris, pero el ensamblador fue Cerimedo. Y cuando Asfura ganó, ¿quién se benefició? No el pueblo hondureño, desde luego. El mismo pueblo que ahora ve cómo el expresidente Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico, fue indultado. Pero claro, Cerimedo niega haber influido en eso. Y yo niego haber comido la última galleta, aunque las migajas están en mi barba.
La democracia latinoamericana, si es que alguna vez existió, es hoy un escaparate de cera. Los candidatos son figuras que se mueven con hilos que van desde Miami hasta Tel Aviv, pasando por Madrid.
Cerimedo es solo el peón que se creyó reina, el troll que salió del sótano y se instaló en el palacio. Pero el verdadero escándalo no es él; es el sistema que lo fabrica, lo paga, lo protege y lo recicla. Porque si mañana cae Cerimedo, ya tienen listo a Cerimedo II, con el mismo manual de instrucciones y la misma sonrisa de vendedor de autos usados.
En este terreno tan turbio y lleno de trampas. Por eso, cuando salga en las noticias que han detenido a un tal «asesor electoral», no se lo crean a primera vista. Ese nombre no es lo que realmente es: es solo una señal de lo que está podrido por dentro.
Y los males de raíz no se arreglan encerrando a quien los muestra; se solucionan dando a la gente respeto, derechos y valor real. Alea iacta est, como dijera César al cruzar el Rubicón: el destino ya no tiene vuelta atrás. Aunque en nuestra América Latina, las reglas han estado amañadas desde hace siglos, y siempre gana quien manda, no quien juega.
Ese poder, por supuesto, no es el nuestro. Ese centro de mando está en Washington, y sus dueños hablan en otras lenguas, nunca la nuestra, salvo cuando nos dan instrucciones.
Y por eso mismo, así debemos tratarlos: con claridad, sin engaños, sabiendo quién es quién.
Fuente:
- “La policía boliviana detuvo a Fernando Cerimedo” — La Nación (Argentina)
- “Detuvieron a Fernando Cerimedo en Bolivia” — Infobae
- “Fernando Cerimedo: el prontuario del operador de Milei detenido en Bolivia” — Página 12
- “Ni estrategas ni empresarios” — Diario Red (19/08/2026)
- “La opaca historia de Cerimedo, el consejero de la derecha trumpista sudamericana” — Alianza periodística: CLIP, Chequeado, LaBot, Agência Pública, Interpreta, UOL Noticias (julio 2023)
- “El hombre MAGA en América Latina” — The Economist
- Entrevista a Fernando Cerimedo — Revista Noticias (octubre 2022)
- “Forbes México: medios de comunicación digital más populares” — Forbes México (noviembre 2025)
- “El argentino que desinforma en Chile y su vínculo con uno de los árbitros de la constitución” — Alianza Mercenarios Digitales (CLIP, Chequeado, etc.)
- “Eduardo Bolsonaro viajó en misión oficial para reunirse con argentino que mintió sobre urnas” — Alianza Mercenarios Digitales (CLIP, Chequeado, etc.)