Por Leonardo Tenorio
Al grito de “America first”, los Estados Unidos se llevaron a casa, para disfrute en vivo y con unas pocas semanas de diferencia, primero el Mundial de Clubes, estupendo torneo, en donde el Chelsea se levantó con el título luego de dar un partidazo contra el Paris Saint Germain.
Y después la Leagues Cup, todavía en curso, que enfrenta a los equipos mexicanos con los norteamericanos en una especie de tet a tet entre ligas, de consecuencias que amagan ser desastrosas para la Liga MX, orgullo de nuestro neoliberalismo.
El arrogante y presuntuoso América, las Chivas, el Cruz Azul, los Tigres y el flamante Monterrey, y los Pumas (que perdieron contra el Inter Miami ¡sin Messi!), quedaron fuera en primera ronda, entre las quejas de su entrenadores que, falsamente indignados, argumentaron no estar “acostumbrados a este formato de torneo”…
Durante la jornada de ayer, dos equipos centenarios del futbol mexicano, el Necaxa y el Atlas, fueron goleados por el Orlando City (con doce años de tradición) y el Atlanta United (¡con once!), por marcadores de 5-1 y 4-1, respectivamente.
En tanto que el Real Salt Lake se impuso 1-0 al Querétaro y el Seattle Sounders 2-1 al Tijuana…
Da la impresión de que cuando por fin obligaron a los futbolistas “mexicanos” a trabajar como deportistas profesionales, no dieron el ancho.
Las televisoras –Televisa para el caso del Mundial de Clubes y TV Azteca para el caso de la Leagues Cup— también han quedado a deber de manera ostensible.
Los juegos a cuenta gotas, y las transmisiones (en directo pero no desde el lugar de los hechos) le dejan todo a los sanbombazos del coro de muletilleros compulsivos.
Se quedaron en la escuela del tirititito.
Minutos antes del último partido de los Tigres, advertían, por ejemplo, que el multimillonario club regiomontano ‘salía con todo. Cuadro de lujo: Correa, Gignac, Aquino’…
Un venezolano de 19 años los dejó fuera con dos golazos a todo pulmón.
Pero es el 7-0 del Seattle Sounders a Cruz Azul (tan sólo en el segundo tiempo y con un gol legítimo anulado a los estadounidenses) lo que aparece como la más espeluznante de las realidades arrojadas al rostro de una liga esencialmente especulativa, hiper mediatizada, cuya principal misión ha sido y es aún la generación de dinero.
Seguramente han triunfado, pero ese dinero –y esto es algo que quizá no tenían calculado– pagó la mano del verdugo que asesinó, por fin, ya sin ninguna duda, al llamado “Gigante de la CONCACAF”.