La guerrilla, en “alerta máxima”

Por Rivelino Rueda

Fotos: Eladio Ortiz

“¡Aquí no queda más que agarrar los fierros y echar bala!” El muchacho echa a correr por el centro de Oaxaca y no se le ve más que un paliacate mal acomodado en el rostro, una playera azul, pantalón caqui y tenis negros. En las manos lleva un cartel referente al asesinato de los nueve mexicanos el 19 de junio en Nochixtlán.

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En este mismo punto, en 2006, durante la campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador, hombres y mujeres se acercaban al candidato presidencial a decirle que “ya no iban a aguantar una chingadera más”, que “tenían armas” y que estaban dispuestos a utilizarlas si había un fraude en la próxima elección.

El trayecto fue largo desde la capital oaxaqueña hasta San Pedro Pochula, con una parada en Santa Cruz Xoxocotlán. Habrán sido unas ocho horas de camino por la Sierra. Alguien comentó en la camioneta, medio en serio, medio en broma, que esa era una zona del Ejército Popular Revolucionario (EPR).

–Imaginen que nos metan unos troncos a mitad de la carretera—comentó un compañero reportero de radio.

–Pues a sacar fotos y a hacer entrevistas—respondí entre carcajadas.

Por ahí de las nueve de la noche llegamos al último punto de la gira de campaña de López Obrador de ese día. Nos tardamos más de la cuenta porque el convoy fue detenido, en seis ocasiones, por pobladores de las comunidades serranas para darle su apoyo y, para reiterarle, que “no iban a permitir otra chingadera como la de 1988” a Cuauhtémoc Cárdenas.

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El trayecto fue alucinante. La sierra oaxaqueña es una especie de paisaje de otro planeta. Las cañadas, los acantilados, la interminable vegetación, las comunidades enclavadas en los cerros y montañas, la neblina impenetrable, la lluvia repentina, el sol buscando una salida entre la cerrada naturaleza, un arcoíris ahora y ahora no. Hay noches en que todavía sueño ese trayecto.

Con tres horas de retraso llegó la caravana a San Pedro Pochutla, localidad situada a 40 minutos de Huatulco. A un kilómetro de arribar a ese pueblo se notaba una nube anaranjada en medio de la cerrada noche de marzo. Hubo inquietud entre los compañeros que íbamos en la camioneta. Un profundo silencio se apoderó de todos.

–Nos van a linchar por colgados, pero es que el pinche Peje se pasa deveras— comentó un fotorreportero y se rompió un poco la intranquilidad.

Unos doscientos metros antes de la garita de entrada a San Pedro Pochutla comenzaron a observarse decenas de personas enarbolando antorchas. Las camionetas frenaron repentinamente y el excandidato presidencial descendió del vehículo en que viajaba. Un alarido de apoyo se escuchó en la noche cerrada, en medio de ese espectáculo estremecedor con las cientos de antorchas iluminando la negrura del cielo y de la sierra.

Así avanzó la comitiva unos cuatrocientos metros, flanqueado por cientos de lugareños agitando palos de fuego anaranjado. Lo que llamó la atención es que algunos de ellos iban embozados y no acompañaron la caravana hasta la calle principal de San Pedro Pochutla, donde se desarrolló el mitin. Más bien dieron media vuelta y se perdieron en la oscuridad de las montañas.

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El 28 de agosto de 1996, a un mes de su aparición en el Vado de Aguas Blancas, Guerrero, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) concreta una de sus acciones militares más sonadas, en donde tomó por casi una hora el municipio de Tlaxiaco, Oaxaca, así como el poblado de La Crucecita, en Santa María Huatulco.

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La acción político-militar de esa organización guerrillera se extendió hasta el 31 de agosto, en donde sostuvo enfrentamientos con elementos del Ejército, la Marina y la Policía Judicial Federal, que dieron como resultado 11 rebeldes muertos y el mismo número de bajas por parte de miembros de las fuerzas federales.

En esa ocasión, el grupo guerrillero difundió propaganda en donde expresaba que actuaba “por los desaparecidos políticos y en memoria de los asesinados, de los masacrados y caídos en combate en la nueva revolución popular, y como respuesta a la escalada represiva y a la militarización desplegada por el gobierno antipopular de Ernesto Zedillo contra el pueblo y el movimiento armado revolucionario”.

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Al día siguiente del enfrentamiento entre maestros y pobladores de Nochixtlán con fuerzas de seguridad federal y estatal (20 de junio), el Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario (PDPR-EPR) lanzó un comunicado en el que señala que “al terrorismo de Estado y a un gobierno represivo sólo se le puede enfrentar desarrollando con mayor ahínco las acciones políticas de masas en su expresión generalizada como la autodefensa armada del pueblo”.

En el documento del grupo guerrillero –firmado por el Comité Estatal del PDPR y por la Comandancia Militar de Zona del EPR– se afirma que “sólo el que está de lado de los explotadores teme a la fuerza, organización y defensa de éste, desde la paz burguesa no habrá ni hay justicia para él, los oprimidos sólo nos podemos amparar a la justicia popular”.

El EPR también asegura que “los cuerpos policiaco-militares que actuaron en Oaxaca contra el pueblo llevaban la orden expresa de tirar a matar para ejecutar la exigencia empresarial, la ‘restauración’ del orden queda expresada en su verdadera esencia: el terrorismo de Estado”.

Y añade: “La lucha que libra el magisterio democrático no es unisectorial, la reforma educativa de carácter neoliberal afecta profundamente los intereses del pueblo, por consecuencia la lucha contra ella lleva implícita la lucha por la defensa de la educación, el derecho al trabajo, el derecho a la vida. Es una lucha multisectorial, es decir, una lucha de todo el pueblo en tanto que los trabajadores de la educación son parte de éste”.

En otro comunicado, con fecha del 1 de julio, el grupo armado señala que “no son tiempos de desmovilización, de doblar banderas por temor a la represión, tampoco de rendiciones indignas ante el manotazo autoritario”.

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Además, llama al pueblo a “estar alerta y preparados para responder combativamente a la nueva escalada de represión; cada cual en su respectiva trinchera prepárese para nuevos combates populares. La consigna es, que la voluntad de combatir se exprese en la inagotable creatividad de nuestro pueblo en la lucha contra sus opresores”.

En la misma tónica se expresó el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), escisión del EPR. El 21 de julio publicó un comunicado en el que manifiesta que “hoy la guerra contra el pueblo se ha agudizado y estos últimos días está en una ofensiva policiaco-militar”.

“Compañeros del movimiento magisterial-popular de Oaxaca, les pedimos que resistan, no están solos, su lucha es la lucha de todo el pueblo mexicano; si las fuerzas de este gobierno mafioso doblega su resistencia, los planes neoliberales se impondrán, entonces nuestros hijos y nietos no tendrán futuro, solo serán esclavos del capital, de las empresas transnacionales y del imperio”, añade el documento.

El 20 de junio, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Congreso Nacional Indígena (CNI) también lanzaron un comunicado conjunto en el que invitan a “todos los pueblos del campo y las ciudades a estar atentos y solidarios con la lucha magisterial, a organizarnos de forma autónoma para estar informados y alertas ante esta tormenta que cae sobre todas y todos, sabiendo que una tormenta, además de tempestad y caos, también hace fértil la tierra de donde nace siempre un nuevo mundo”.

Para el 6 de julio, en un comunicado firmado por el subcomandante insurgente Moisés y elsubcomandante insurgente Galeano (antes subcomandante Marcos), el EZLN anunció que apoyaría con 10 toneladas de alimentos (290 mil pesos en víveres) para la CNTE.

“¿De dónde salió la paga?  ¿Del registro en el INE?  ¿Del programa PROSPERA? ¿Del crimen organizado o desorganizado – o sea el mal gobierno-? ¿De alguna ONG?  ¿De una potencia extranjera interesada en fomentar las Artes para desestabilizar la ‘tranquilidad’ en México? No, compas, la paga salió del trabajo de colectivos de producción en los pueblos, regiones y zonas, así como de los MAREZ y Juntas de Buen Gobierno.  O sea que es paga limpia, obtenida como la que obtiene la inmensa mayoría del pueblo de México y del mundo: del trabajo”, puntualizaron los zapatistas.

Pero más allá de estas donaciones, cabe recordar que la guerrilla zapatista en ningún momento ha depuesto las armas con las que le declaró la guerra al gobierno federal el 1 de enero de 1994, además de que participa activamente en movimientos sociales que se dan en distintos puntos del territorio nacional. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional está en una fase, digamos, de “paz armada”.

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Rodrigo preguntó que si nos bajábamos ahí o si nos íbamos con él en la camioneta hasta las calles que estaban atrás del templete donde López Obrador encabezaría el mitin de campaña, pero advirtió que teníamos que darle toda la vuelta al pueblo (de San Pedro Pochutla). Cuatro reporteros determinamos acompañarlo.

Eran algo así como 500 metros los que tenía que recorrer el candidato presidencial desde donde se bajó del automóvil en que viajaba hasta el templete. Medio kilómetro tupido de personas que esperaron un retraso de tres horas.

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Las camionetas avanzaron por las calles de Pochutla en medio de la noche. Todavía no terminábamos de asimilar el recibimiento con las antorchas cuando otras imágenes nos dejaron sin palabras. Todas las casas que vimos en el trayecto, todas, estaban vacías, con las luces apagadas. Una tras otra, una tras otra y así todo el trayecto. Todo el pueblo estaba en el centro, en el mitin.

A estirar las piernas y a encender un cigarro. El candidato todavía no llegaba al templete. Habían pasado 20 o 30 minutos desde que lo habíamos visto por última vez bajándose de la camioneta y todavía no había terminado de recorrer esos 500 metros con remolinos de gente.

Compré un refresco de cola en una farmacia y fui a recargarme en un automóvil. Casi en los hombros recibí una pregunta a bocajarro. Voltee y era un muchacho como de 25 años, moreno, de ojos negros, muy abiertos.

–¿Cómo?—pregunté destanteado.

–¿Qué si vienen con Obrador?

–Sí, pero de prensa.

–Ahhh… ¿Del deefe?

–Sí, de allá.

–¿Se vinieron por la Sierra?

–Sí. Todavía vengo impactado de los paisajes.

–Jajajajaja… Y eso no es nada.

–No hay nadie en sus casas, ¿verdad? ¿Todos andan por acá?—pregunté al joven todavía sin creerlo.

–Así es, todos andamos por acá.

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En la mayor parte de las crisis sociales en México de las últimas décadas siempre aparece el factor de la guerrilla. No directamente con células o milicianos participando en las acciones de protesta o resistencia, sino a través de enlaces que se manejan en la semiclandestinidad.

Así ocurrió en el conflicto magisterial de Oaxaca en 2006; en San Salvador Atenco, Estado de México; en la prolongada huelga del Consejo General de Huelga (CGH) en la UNAM, entre 1999 y 2000, o últimamente en el Movimiento Popular Guerrerense (MPG), que aglutina, entre otros, a la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, a un sector de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de Educación de Guerrero (CETEG) y a los familiares de los 43 normalista desaparecidos en Iguala.

En su columna “Estrictamente Personal” del 4 de julio, publicada en El Financiero, el periodista y experto en movimientos armados, Raymundo Riva Palacio, señala que en el conflicto magisterial en Oaxaca y Chiapas primero hay que aclarar si está la guerrilla detrás de este movimiento.

Sin embargo, el periodista anota que “por la frecuencia de sus comunicados, y los vasos comunicantes, sí participa. La pregunta es qué tanto influye. La multiplicación de la protesta social en Oaxaca y otros estados permite asegurar que la guerrilla no tiene control sobre lo que está pasando. No tiene el implante territorial para realizar las movilizaciones, ni tampoco la penetración en las decenas de comunidades en pie de lucha.

“Para que un movimiento de ese tipo tenga apoyo de las bases, requiere de cuando menos una década de trabajo de adoctrinamiento, que no la ha tenido el EPR, la guerrilla dominante, fuera de la zona de Los Loxchicas. Los maestros, a quienes las comunidades oaxaqueñas están presionando en este momento para que terminen el ciclo escolar y entreguen las papeletas, pese a estar en las barricadas con ellos, tampoco”.

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En el libro La guerrilla recurrente, el escritor, lingüista y experto en movimientos armados, Carlos Montemayor (1947-2010), apunta que “fue tema de dominio público la participación del EPR en el proceso de confrontación social protagonizado por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Pero es necesario destacar que, en caso de que verdaderamente hubiera intervenido el EPR en las barricadas de la APPO, no intervino como fuerza armada, como organización con capacidad de fuego, como grupo insurgente que amenazara, atacara o se dispusiera a actuar con armas o con su capacidad de manejo de explosivos demostrada en julio de 2007 (en Querétaro y Guanajuato, donde hicieron estallar ductos de Pemex).

En todo caso, continúa Montemayor, “la presunta intervención del EPR en el conflicto oaxaqueño de 2006 se circunscribió a la aportación de cuadros civiles o de bases sociales, no de comandos armados. Fue, si esta participación se comprobara, una especie de diplomado, de curso intensivo de organización política y de acción de masas para los cuadros posibles eperristas y para organizaciones independientes indígenas, femeniles o magisteriales”.

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El conflicto postelectoral de 2006 no estuvo exento de voces que pedían la vía armada. Andrés Manuel López Obrador no cayó en la tentación de llamar a un levantamiento generalizado en todo el país a la población inconforme con los polémicos resultados electorales.

Destrozado mediáticamente por el plantón en el corredor Zócalo-Paseo de la Reforma, exactamente como lo vivió en carne propia Cuauhtémoc Cárdenas tras los controvertidos comicios de 1988, el candidato presidencial de los partidos de izquierda optó por una acción de resistencia civil en lugar de un irresponsable derramamiento de sangre.

A Cuauhtémoc Cárdenas le pedía la gente “tomar Palacio Nacional” y el michoacano optó por canalizar el descontento con la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 1989.

A López Obrador le exigían “no dejarse y llamar a un levantamiento” luego de las elecciones de 2006, pero el tabasqueño optó por un plantón en una de las principales vías de la Ciudad de México, después por participar por segunda ocasión por la presidencia y en 2012 por la formación de un partido político, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

En ambos casos la vía democrática se impuso, pero en otros frentes el cosquilleo guerrillero continuaba y continúa ganando adeptos.

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De acuerdo a un informe de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales de Guerrero –elaborado la semana previa a los comicios del 7 de junio de 2015–, el ala radical de la CETEG, con vínculos con el EPR, logró que los padres de familia y familiares de los 43 estudiantes desaparecidos se sumaran a su causa, a la que además se integraron la mayoría de las organizaciones que integran el Movimiento Popular Guerrerense (MPG), así como los líderes del comité estudiantil de la Normal de Ayotzinapa.

El comité estudiantil de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” forma parte de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), de la cual en su momento formaron parte los profesores Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos.

En el documento se destaca que los principales líderes del grupo disidente de esta organización son los maestros Antonia Morales Vélez, dirigente de la CETEG en la Región Centro de Guerrero; Minervino Morán Hernández, exvocero de esa organización; Manuel Salvador Rosas Zúñiga, Arturo Nava Torres, Pastor Mojica, Emmanuel Añorve y Efraín Torres Fierro, quien además “es uno de los principales cabecillas del Frente de Defensa Popular, organización vinculada con el EPR”.

Además, el informe detalla que ambos grupos armados operan al interior de la Asamblea Nacional Popular (ANP) y el Movimiento Popular Guerrerense (MPG), que agrupan a la mayoría de organizaciones sociales de esta entidad.

Algunas organizaciones de corte radical al interior de esos bloques, abunda el documento, “han aprovechado el movimiento de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala para afianzar sus acciones en distintas regiones de Guerrero”.

Entre las organizaciones y líderes del MPG y de la ANP identificados de tener lazos con los grupos armados de la entidad está el Frente de Defensa Popular (FDP), cuyos principales líderes son Efraín Torres Fierro y Clemencia Guevara Tejedor, quienes están vinculados con el EPR.

También, la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), cuyos dirigentes principales son Ernesto Gallardo, Gonzalo Torres y Crisóforo García, a quienes se ha vinculado con el ERPI, así como el Frente Popular Revolucionario (FPR), dirigido por Omar Garibay Guerra, organización que es el brazo político del EPR.

En la misma situación está el Frente Unido de Normales Públicas del Estado de Guerrero (FUNPEG) y el Frente de Organizaciones Democráticas de Guerrero (FODEG), cuyo líder principal es Bertoldo Martínez Cruz, vinculado igualmente con el ERPI.

De acuerdo a un informe del Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen), a parte del EZLN, el EPR y el ERPI, otras guerrillas activas en México son el Comité Clandestino Revolucionario de los Pobres Comando Justiciero 28 de Junio (CCRP-CJ28J), el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVRP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), Tendencia Revolucionaria Democrática (TRD), el Comando Jaramillista Morelense 23 de Junio (CJM-23J), Comando Revolucionario del Trabajo “México Bárbaro” y al Comando Magonista de Liberación, los últimos tres como parte de la estructura del ERPI.

Pero en medio de este río revuelto de organizaciones guerrilleras, de sus zonas de influencia y de su capacidad de acción ante una crisis magisterial en contra de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, como la que se vive en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero, ya nadie se acuerda de un grupo denominado “Ex Misteriosos Desaparecedores” o “Red por la Transformación Global”, que se adjudicó el secuestro de Diego Fernández de Cevallos del 14 de mayo al 20 de diciembre de 2010.

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Aunque su actitud fue y parecía la de un auténtico desafío al Estado mexicano, el grupo denominado “Ex Misteriosos Desaparecedores” o “Red por la Transformación Global”, que se adjudicó el secuestro de Diego Fernández de Cevallos, no parece ser una nueva organización armada, sino una escisión “culta” de las guerrillas ya existentes en México, principalmente del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pero “con un pie” en Oaxaca, asegura el especialista en movimientos armados, Gustavo Hirales Morán.

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Señala que desde el primer comunicado que lanzaron –luego del plagio del ex candidato presidencial del PAN en 1994, el pasado 14 de mayo—se notó una marcada “cuerda ideológica” con “características revolucionarias” de este grupo, principalmente “por la manera en la que se expresaban la ironía y la forma de caracterizar a Diego”.

El exmilitante de la Liga Comunista 23 de Septiembre apunta que, comparado con los secuestros de “alto impacto” que se dieron en la década de los setenta por grupos guerrilleros, “todo acto de secuestro donde esté involucrada ideología y un personaje público como Fernández de Cevallos, inevitablemente recuerda aquellos acontecimientos”.

El también analista político destaca, además, que “lo importante en este plagio, pero que ya se perdió de vista, era conocer en qué invirtieron el dinero que obtuvieron por este secuestro (se habla de 20 millones de dólares), porque en el secuestro del empresario Alfredo Harp Helú, en 1994, lo que dejó fue una fortuna para que el Ejército Popular Revolucionario (EPR) comprara armas, uniformes y para reclutar gente, pero no cambió cualitativamente nada”.

–¿Considera que el gobierno federal sí sabía que se trataba de un grupo armado, pero que lo ha querido ocultar, principalmente por el año tan simbólico que representaba el 2010?

–Lo que creo es que el gobierno sabía, como todos sospechábamos, que era un grupo armado de matriz ideológica, pero lo que no sabía era qué tan nuevo es o no, es decir: podía ser uno nuevo o podría ser uno viejo, o incluso podría ser una escisión de uno de los viejos.

–¿De dónde cree que pueden ser?

–No lo sé, pero escriben demasiado bien para ser del EPR, quienes son muy toscos, muy bruscos e incluso con faltas de ortografía; en cambio éstos se ven muy pulcros, e incluso los ligaría más a una vertiente, digamos, “más culta”, pero no me atrevería a decir que es del EZLN.

–¿Una ramificación nueva de una guerrilla vieja?

–Sí, es que no hay nuevos grupos armados, todos son viejos. El EZLN surgió de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) y el EPR surgió del Partido Revolucionario Obrero Campesino Unión del Pueblo (PROCUP), entonces no hay nuevos, todos son viejos, pero con modalidades más acordes con los tiempos.

Gustavo Hirales destaca que lo que sí llama la atención de esta organización es que “hay un dato que sí suena más a Oaxaca y a escisión del EPR”, específicamente porque “en la segunda parte de su extenso comunicado, tras liberar a Fernández de Cevallos, mencionan a los exgobernadores de esa entidad Diódoro Carrasco y a Ulises Ruiz como ‘parte de la mafia aliada con el narcotráfico’, y curiosamente es una de las fijaciones del EPR”.

“Yo siento que tienen una ‘patita’ en Oaxaca, pero no sé de qué tamaño”, opina.

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Faltan unos veinte minutos para que el reloj marque las once de la noche y López Obrador está en la parte final de su discurso. Los pochutlenses escuchan atentos las palabras del candidato pero una y otra vez lo interrumpen con aplausos, arengas y gritos. Enciendo otro cigarro, será el cuarto o quinto desde que nos bajamos de las camionetas.

Tomo notas en un cuadernillo de hojas frágiles por la humedad de la costa oaxaqueña y por las gotas de sudor que le han caído en las últimas semanas.

No dejo de pensar en el recibimiento con antorchas, en las imágenes de la sierra y en las casas vacías… En las palabras que la gente le ha dicho a López Obrador en Guerrero, Michoacán, Chiapas, Tabasco, Sinaloa, Veracruz, Michoacán, Hidalgo y, por la mañana, en Santa Cruz Xoxocotlán: “¡Ya no vamos a aguantar una chingadera más de fraude!” “¡Nos levantamos en armas si hacen otra chingadera!”

El muchacho sigue a mi lado. No aceptó ni un cigarro que le ofrecí ni un refresco. Observa atento hacia el estrado.

–¿Y sí hay guerrilla por acá?—le pregunto a bocajarro.

–¿Cómo?—responde y delata una sonrisa que indica que entendió perfectamente la pregunta.

–¿Que si hay guerrilla por acá?

–¿Los recibieron con antorchas ahí en la entrada?—revira con tono pausado y con los ojos bien abiertos. No suda, a pesar de la espesa humedad.

–Si—respondo mientras intento contener con un paliacate las gruesas gotas de sudor que escurren por el rostro.

–Pues varios de los que estaban ahí son guerrilleros.

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