El Nueve, el bar gay de culto en la CDMX hace 40 años

Por Daniela Valdés Cravioto

“No estoy tratando de legitimarlo, pero pienso que hay minorías que no pueden ser ignoradas”, declaraba Henri Donnadieu al escritor José Luis Martínez una noche en El Nueve a finales de los años 70.

El Nueve era el bar gay más prestigioso de la Ciudad de México a finales de los años 70 e inicios de los años 80. Para muchos era un lugar de mala muerte donde prácticas inaceptables tenían espacio entre sus paredes. Un bar que daba de que hablar y era merecedor de periodicazos o críticas destructivas amarillistas.

Pero para muchos otros era un espacio para la diversión, la música, para ser tú mismo o, como Luis Martínez escribe en su libro El día que cambió la noche,  para “aprender de una realidad que me era ajena”.

En la calle de Londres, en la colonia Juárez, antes llamada Americana, dentro de una de esas viejas casonas que distinguen a la Zona Rosa del resto de la Ciudad de México se encontraba este emblemático bar.

Fundado por Henrie Donnadieu, un francés que llegó a México huyendo del colonialismo francés, y su socio Manolo Fernández, dueño de un restaurante francés que llevaba tres años cerrado, “Le Neuf” (nueve en francés). Su idea inicial era abrir una disco gay.

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El Nueve comenzó como un bar del gueto que, aunque funcionaba con éxito, era concurrido por gays de closet  y con frecuencia clausurado. Esto cambió tras el arresto de su socio y la clausura de El Nueve en Acapulco debido a un escándalo por drogas que Henri aclaró en entrevista con el periódico Milenio “fue fabricado para quebrar al socio que teníamos en Acapulco”.

Se presentó una nueva faceta de El Nueve y sus puertas se abrieron a todo el mundo a través de la cultura. “Todo el mundo respetaba a todo el mundo, ya no importaba la clase social, ya no importaba la conducta sexual, no importaba el sexo”, declaró Henri.

El bar abrió sus puertas a músicos de todo tipo, a intelectuales como Pita Amor. Se creó la compañía teatral El Nueve, caracterizada por sus integrantes drags, quienes presentaban sátiras de lo que pasaba en el país y de las nociones tradicionales de los roles de género y sus clientes mantuvieron esa fascinación por la moda que, noche tras noche, se presenciaba en una interminable pasarela que se podía observar desde la barra poligonal del bar.

El Nueve cerró el 6 de diciembre de 1989 volviéndose una leyenda de la ya proclamada Zona Rosa.

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La Zona Rosa, en donde los cafés, bares y vida nocturna se mezclan con un ambiente de libertad y aceptación, sobre todo para la comunidadLGBTTTIQA, ha cambiado mucho desde su auge a inicios de los años 80. Ahora se le ve relacionada con barrios como Tepito, donde a pesar de toda la grandeza e historia que albergan ambos lugares de la ciudad, lo que interesa a las autoridades y afecta al turismo es la inseguridad que ha llegado a la zona y que en Tepito se hace presente cada determinado tiempo.

El constante desacuerdo entre comerciantes y autoridades ha retrasado proyectos de hasta 400 millones de pesos de inversión federal para renovar calles, corredores peatonales y para promoción turística de la zona.

El olvido de las autoridades ha deteriorado lo que alguna vez fue una de las zonas turísticas más importantes de la ciudad y que se ha convertido actualmente en sinónimo de inseguridad.

De cierta manera esta zona que en otros años era considerada bohemia, espléndida y cuna de la vida nocturna, ha sido afectada por el estigma de insegura y descuidada, siendo hogar de grupos delictivos gracias a los cuales en los últimos años se han registrado actos criminales, como el sucedido en 2013 cuando 12 jóvenes de Tepito fueron secuestrados en el Bar Heaven, ubicado en la zona, y asesinados por el grupo delictivo denominado La Unión, quienes son conocidos por liderar parte del narcomenudeo en zonas nocturnas de la Ciudad de México.

La inseguridad ha obligado a que establecimientos y el turismo se haya trasladado a otras zonas de la ciudad como Roma, Condesa, Polanco y grupos urbanos hayan trasladado sus lugares de interés y expresión a lugares como Garibaldi.

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Garibaldi, reconocido en la Ciudad por los grupos mariachis, norteños, tríos románticos y grupos de música veracruzana que ahí se reúnen, vestidos con su atuendo típico y equipados listos para ser contratados por algún visitante para cualquier tipo de eventos especiales, se encuentra en la parte centro norte del Centro Histórico de la Ciudad de México. La plaza Garibaldi está situada en el barrio de la Lagunilla, sobre del Eje Central Lázaro Cárdenas, y las calles de Allende, República de Perú y República de Ecuador en la Colonia Guerrero, colindando con el barrio de Tepito.

A un lado de la plaza Garibaldi se encuentran lugares como el Salón Tropicana, El Erra, Bar “69” y el Bar Teatro Garibaldi, que alberga en su interior DIVINA, que surge cuando el bar PERRA es clausurado a finales de 2016. DIVINA forma parte de esos lugares que abre sus puertas a la comunidad LGBTTTIQA, pero no niega el acceso a cualquiera que busque pasarla una noche de fin de semana.

A comparación del legendario bar El Nueve, DIVINA ofrece un ambiente diferente con música diferente, pero tiene en común dos cosas, representa un espacio libre donde “no me juzgarán”, agrega Rodrigo Álvarez, cliente frecuente del establecimiento e integrante de la comunidad LGBTTTIQA.

“Representa una cultura mexicana llena de libertad de expresión, arte y diversión. Me gusta que la gente se exprese a través del súper yo” añade Rodrigo, y es que a pesar de que lugares como lo fueron El Nueve, DIVINA y la Zona Rosa se han visto siempre afectados, más allá de la delincuencia, por el estigma de representar a una comunidad tan cuestionada como es esta. Como Henri Donnadieu declaró en su momento, “hay minorías que no pueden ser ignoradas”  y tampoco olvidadas.

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Un ejemplo claro del renacimiento de esta cultura, que a pesar de que, como dice Donnadieu, “cada uno regresó a su gueto”, se mantiene viva, es La Carrera Drag de la CDMX que se lleva a cabo desde 2014.

A cargo de Paris Bang Bang, es una reinterpretación de la famosa Ru Paul’s Drag Race, pero en Garibaldi. Los participantes van más allá de interpretar sátiras de lo cotidiano y de burlarse de los roles de género.

Se compite en diferentes pruebas para mostrar su talento confeccionando vestuarios, presentando shows en vivo y mostrando su capacidad para transformarse. Las competidoras de esta carrera que celebran la inclusión y el arte del drag.

A pesar de que estas zonas de inclusión están en riesgo gracias a la inseguridad y el estigma que representa, la Ciudad de México es una de las ciudades más “libres” en la República por lo que debiera representar una importante tarea para las autoridades que las libertades y la seguridad de esta comunidad sean respetadas, más allá del estigma social que para muchos representa en México.

“Estos lugares son un tabú porque la sociedad mexicana aún no ve tan común y aceptable ese tipo de expresiones en la comunidad LGBTTTIQA y a veces creen que solo son “disfraces” y no una forma de ser quien eres realmente”, defiende Rodrigo.

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No hay datos demográficos públicos disponibles acerca de la cifra poblacional de la comunidad LGBTTTIQA, ni a nivel nacional ni en la Ciudad de México, ya que se trata de información protegida por la Ley de Protección de Datos Personales para el Distrito Federal y la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, y cuya divulgación depende exclusivamente de la voluntad de cada persona.

Se cuenta únicamente con estimaciones no oficiales sobre el tamaño de esta comunidad. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) estima que en el 2007, el porcentaje de personas no heterosexuales oscilaba entre 5 y 6 por ciento del total de la población mexicana, y para ese mismo año, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) calculaba que alrededor de 875 mil personas son homosexuales en la Ciudad de México.

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